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Alfredo Michelena: Lo que falta para enfrentar al pranato

 

No basta enfrentar la dictadura venezolana en lo diplomático, o imponer sanciones a sus funcionarios, o al negocio internacional petrolero, o limitar sus manejos financieros en dólares. Hay que ir más allá y atacar su sustento delincuencial.

Se han presentado varios modelos para definir el tipo de gobierno que hay en Venezuela: Neodictadura, autoritarismo electoral, Estado fallido, narco-Estado o Estado mafioso, entre muchos otros.  Prefiero llamarlo pranato, pues en la composición del bloque en el poder confluyen diferentes intereses delincuenciales y políticos antidemocráticos. La palabra “Pranato” viene del mundo carcelario. Viene del término “Pran”, que identifica al jefe o a uno de los jefes criminales de la cárcel, quien además extiende sus tentáculos fuera del plantel penitenciario.

“Pranato” significa la articulación o alianza de un Estado altamente centralizado -cuyos poderes han sido colonizados desde el ejecutivo- con fuerzas delictivas organizadas. “En este no solo participan venezolanos filocubanos chavistas, militares corruptos, Cuba y los boliburgueses sino grupos guerrilleros como las FARC y el ELN, potencias extraregionales como Rusia, China e Irán y movimientos radicales islamistas, además de bandas criminales locales e internacionales y los miembros del Foro de San Pablo”.  ¡Qué grupete!

Al centro está, sin duda, la cúpula que “gobierna” (en la cual está Maduro y su corte) y en ella los militares juegan un papel clave para mantener, junto a la corrupción y las complicidades, la cohesión del Pranato. Claro, sin excluir la acción del G2 cubano que supervisa lealtades. A esto hay que agregar el aparato paramilitar y el de sometimiento por hambre y mengua que mantiene a raya a la población, junto al factor ideológico-político de un partido (PSUV) que sirve como correaje de poder y reparto de la renta al nivel popular, junto a la burocracia “estatal”, a través (en muchos casos) de las comunas populares y otros grupos y comités locales.

El reparto de la renta tiene bastante sentido cuando ella es abundante, dirían muchos; pero este ya no es el caso. Sin embargo, es en la miseria cuando el reparto de productos subsidiados y el acceso a una cierta cuota de poder para “el rebusque” se vuelve de vida o muerte.

Ahora cuando el ingreso petrolero se ha desplomado por la caída de la producción -hoy por hoy, apenas sobrepasa los 500.000 b/d (Argus)- otros componentes del Pranato entran a jugar un papel importante. Entonces su carácter hamponil se hace más evidente. Actualmente, una buena parte de la consecución de las divisas se hace por medios ilícitos. Y en ello están involucrados, entre otros, los militares corruptos, los bolichicos, las guerrillas colombianas, en especial el ELN, Irán, Turquía, los grupos extremistas islámicos y por supuesto los carteles de la droga, incluyendo el de “los soles”, entre otros.

Es bien sabido que hay una participación en diversos grados de la FAN en el contrabando y tráfico de drogas. Al revisar la lista “kingpin” de los EE.UU. se aprecia cómo está plagada de militares criollos y funcionarios chavistas. Baste referirse a Nestor Reverol, actual Ministro de Justicia o al inefable Diosdado Cabello, señalado como el jefe del cartel de los soles.  El “Washington Post”  recientemente señalaba que “Los vuelos de drogas desde Venezuela pasaron de dos por semana en 2017 a uno por día en 2018 y a cinco vuelos por noche este año. En 2018, se traficaron a través de Venezuela un estimado de 265 toneladas de cocaína colombiana, con un valor en la calle de $ 39 mil millones”.  La lista de actividades ilícitas en que están inmersos es muy larga. El mismo diario señala, entre ellas, la “minería ilícita de oro y hierro; las  ventas fraudulentas de petróleo; los beneficios de las importaciones de alimentos y medicinas; y el comercio corrupto de divisas”.

En cuanto al manejo y exportación ilegal de oro se estima que el 90 % del oro sale por contrabando para Colombia y  el Caribe. Curazao, que no produce oro, exportó más de € 440 millones del metal en 2015. Formalmente no hay exportación de diamantes desde 2011, pero ellos son cotizados en las bolsas de Israel y Bélgica. En esto están los militares que “apagan” los radares  para que fluya el contrabando, o permiten el paso por las trochas o caminos verdes hacia Colombia y viceversa, para no mencionar los que participan directamente en el tráfico de estos productos ilícitos. Lo del oro es tan evidente que ya los EE.UU. pusieron sanciones a quienes comercien con oro venezolano.  A esto hay que agregar las denuncias de la extracción de uranio y coltán por extremistas islámicos e Irán.

Poco o nada se ha hecho para golpear esta fuente de ingreso del Pranato cuando se puede promover, con el apoyo de los EE.UU. y otros países, la interdicción de estas mercancías ilícitas, que salen por Colombia y hacia algunas islas del Caribe. Con el primero bastaría aplicar el Plan Colombia. En el mar Caribe sería la utilización de los guardacostas estadounidenses en coordinación con la armada de ese país y el Comando Sur. Y en esto la DEA y otras agencias norteamericanas jugarían un papel estelar. Por cierto que, hace poco, hubo una incursión de una nave de los mencionados  guardacostas, la USCG James.  ¿Casualidad?

Para los EE.UU. el tema Venezuela no es solo un asunto de democracia y derechos humanos sino también de geopolítica global; porque además está el peligro del crimen organizado internacional que los afecta. Para Colombia no es solo el efecto de la estampida migratoria sino acabar por fin con las guerrillas.

Están bien las acciones diplomáticas del Grupo de Lima y las sanciones personales o económicas de los EE.UU. y otros países; pero hace falta también entender que hay que golpear el carácter delincuencial inherente al Pranato y para eso es de vital importancia una estrategia que enfrente el crimen organizado nacional e internacionalmente, sobre el cual cada vez más se sostiene esta dictadura.

 

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