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Maryclen Stelling: El día del absurdo

 

Promover e intentar un golpe de Estado “democrático”, al igual que plantear una guerra o una invasión con fines “democráticos”, resulta un absoluto contrasentido.

Aquella madrugada del 30A, la ciudadanía asombrada asistía al teatro del absurdo que tuvo lugar en el elevado de Altamira, con actores principales, supuestos héroes desangelados y un elenco esperando algo que jamás ocurrió. En una sucesión de escenas sin sentido, circularon políticos y asambleístas gozosos, congratulándose con los cabecillas y felicitándose por un triunfo que nunca se dio. Suerte de isla política de la fantasía a la espera de un avión que tampoco llegó.

A lo largo de la interminable mañana se sucedieron una serie de escenas disparatadas e ilógicas. Personajes presos del absurdo y de la incoherencia, en un escenario que se les fue haciendo extraño y, en cierto sentido, violento. Personajes vacíos y poseídos por un sin sentido político, abandonan el “Elevado” trasladando su tragicomedia a la Plaza Altamira, reducto de violentas guarimbas. Personajes descolocados y dominados por el miedo, que -ante el fracaso y para no “cocinarse en su propia salsa”- corren a cobijarse en embajadas en calidad de huéspedes ¿indeseados? Personajes “cuesta abajo en su rodada”, transformados en perseguidos políticos. Penosa desolación de quienes se creyeron héroes. Suerte de absurdo autosuicidio político donde se entremezclan la derrota, la angustia, la tragedia, y lo grotesco.

Escenario aliñado con un guacal de plátano verde, una base militar no tomada y unos soldados- supuestamente engañados- clamando su inocencia. Imperio de la irracionalidad política, de lo disparatado, lo ilógico y del sin sentido que terminó en una suerte de desolada tragedia burlesca.

Despropósito o disparate de la historia reciente del país, en la que jugaron papel primordial las redes sociales. El 30A tuvo lugar una surrealista aventura golpista 2.0 con especial participación del activismo social, expresado en dos versiones, el ciberterrorismo vs la ciberciudadanía.

Se suelen ofrecer tres soluciones al absurdo: la religión, el suicidio, o la simple aceptación del absurdo. Con esta aventura extravagante se consagra en Venezuela la política del absurdo.

@maryclens

 

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