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Laureano Pérez Izquierdo: La “vacuna” de los colectivos chavistas

 

El régimen cruje al tiempo que crecen sus grupos parapoliciales para contener el poder. Más sanciones de Estados Unidos y el dilema de Zamuro. La “vacuna” de los colectivos chavistas, la sobreactuación de Vladimir Padrino y el purgatorio de Maduro

Julio S. repasa su lista de prioridades antes de partir. Sobre todo una sin la cual no podrá concretar ninguna otra. “Separar dinero para la vacuna”, dice para sí y parte. El costo de ella es de 10 mil bolívares, unos dos dólares. Vacuna es cómo los venezolanos bautizaron al impuesto que los colectivos chavistas exigen a cada uno que pretenda cruzar la frontera para comprar medicamentos o comida. La fuerza de choque de Nicolás Maduro trata de suavizar el término y lo llama “colaboración”. Eso sí, se muestran flexibles: aceptan pesos colombianos.

Alimentados por el régimen de Caracas, la fuerza de estas bandas irregulares se ha multiplicado en los últimos meses. En el Puente Simón Bolívar es donde mejor se manifiesta. Es aquel cruce internacional que fuera símbolo del bloqueo de la ayuda humanitaria el pasado 24 de febrero y que debería unir San Cristóbal y sus adyacencias con Cúcuta y las propias, en Colombia. Agazapados, detrás de los contenedores que interrumpen el paso están ellos cumpliendo funciones migratorias y sometiendo a sus propios vecinos.

El germen de este brazo parapolicial fue regado luego del temor que se apoderó de Hugo Chávez tras el alzamiento militar de abril de 2002. Tuvo un experimentado consejero. Fidel Castro le susurró a su ahijado que lo mejor sería recrear sus Comités de Defensa de la Revolución, nacidos en 1960, una Gestapo para auditar el pensamiento de una población atemorizada. Fue canto de sirena para el caudillo de Barinas, quien lo aplicó de inmediato.

Los llamó Círculos Bolivarianos y en un comienzo tenían sólo funciones de adoctrinamiento y vigilancia sobre las barriadas del país. Eran épocas de abundante dinero en Venezuela, no por mérito de una economía ordenada y moderna, sino gracias a los precios internacionales del petróleo. Consiguió para la formación de estos grupos a un hombre de su confianza: Diosdado Cabello a quien le cedió 140 millones de dólares. Se echaron a andar y ganaron poco a poco en autonomía.

Esa autonomía, con Maduro, se convirtió en descontrol. Atomizados y sin un mandamás nacional, cada una de ellas comenzaron a conquistar territorios y a reemplazar -con el visto bueno de la dictadura- las fuerzas y los resortes oficiales.

Así ocurre en el Puente Simón Bolívar y sus alrededores, uno de los sitios más sensibles en la actualidad. Pero además en suburbios de la capital, como en el Sector 23 de Enero donde opera La Piedrita, uno de los colectivos más peligrosos de Venezuela. Su patrón, Valentín Santana, agrupa todo. Bajo su mando cometieron todo tipo de crímenes, sin condena. Tiene órdenes de captura, aunque nadie se le animará por el momento.

Es sin duda en la frontera con Colombia donde se viven escenas de descalabro institucional. Además de decidir sobre política migratoria estos criminales crearon un negocio que les permite no únicamente subsistir, sino abastecerse para cuando el régimen caiga. De acuerdo a cálculos hechos por la oposición venezolana refugiada en Cúcuta, podrían llegar a recaudar 120 mil dólares cada jornada en los puestos limítrofes.

Es que la ciudad colombiana se ha convertido no sólo en una vía de exilio para muchos, sino que sus comercios poseen precios muchísimo más económicos que del lado devastado de la línea internacional. El ir y venir es incesante. El trayecto sólo puede hacerse a pie y cuando los delincuentes en el irregular puesto de inspección ven que alguno de sus compatriotas retorna con más alimento o medicinas que el usual modifican el precio de la vacuna, aumentándola. Julio S. sabe que sería difícil retobarse: los “agentes” de migraciones portan armas lo suficientemente disuasorias. Por el momento no regresará a su país.

Para peor: milicias colombianas activas y desempleadas están encontrando refugio en estas fuerzas irregulares. Son aquellos estertores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o del siempre amenazante Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los parapoliciales chavistas incluso ganaron la simpatía de narcos vecinos y propios. Todos ellos abocados en ganar su confianza y formarlos más orgánicamente. No pasará tiempo hasta que se declare a estas bandas de la dictadura como grupos terroristas.

Incluso, podrían ser la materia prima ideal para que los miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán los formen en caso de una incursión militar extranjera si ésta es pedida por la oposición. Son expertos en este tipo de lucha terrorista: Irak y Siria son sus más recientes ejemplos.

Zamuro, el converso que no es

En tanto, generales y coroneles del Ejército que alguna vez juraron defender a su pueblo con el norte en Simón Bolívar continúan con sus debates por señas. Hablan poco. Los militares le temen a sus propias sombras, pero sobre todo a las delaciones propias y cubanas. Y a las interferencias telefónicas, claro está.

Sin embargo y como anticipara Infobae hace más de una semana, las purgas en las fuerzas de seguridad y en los servicios de inteligencia comenzaron. Es la quinta vez que Maduro ordena una limpieza ideológica y de lealtad en los cuarteles. Desconfía de todos después del alzamiento -por ahora detenido- del 30 de abril que liberó al líder opositor Leopoldo López y colocó al presidente interino Juan Guaidó al frente de la Operación Libertad.

El general Manuel Cristopher Figuera fue el primero en ser exfoliado del temible Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), el mismo organismo oficial que utiliza las llamadas “casas” u “hogares de seguridad” para cazar, secuestrar y torturar opositores. Llamativo: ningún organismo, por el momento, tomó nota o levantó la voz sobre estos centros clandestinos de detención. La violación a los derechos humanos no encuentra techo en la Venezuela actual. Otros 55 uniformados del Ejército fueron trasladados al purgatorio propuesto por el dictador.

El paradero del ex jefe de los espías es desconocido. Se esfumó tras la fallida recuperación del Palacio de Miraflores y de que reconociera a Guaidó como presidente. El jueves último grabó un video en el que denuncia a camaradas y la cúpula del poder. “Lo sacrifiqué todo”, afirma. La puesta en escena -con música tradicional de fondo- fue montada luego de recibir una buena noticia. Los Estados Unidos, por intermedio del Departamento del Tesoro, resolvió dar marcha atrás con las sanciones que le había impuesto. Ocurrió inmediatamente a que se conociera el papel que desempeñó en las horas cruciales del último alzamiento, se diera a la fuga y fuera degradado.

La medida -una de las tantas que tiene Washington para estas semanas- agitó las temerosas comunicaciones de los generales. Muchos de ellos son conscientes de que están atados a un sistema en decadencia pero, por el momento, implacable y con los cubanos penetrados en cada espacio. Asimismo saben que sin el empujón esencial de Padrino López deberían ensayar otras artes. El malestar en los mandos subalternos es cada vez más irrefrenable. A lo que se sumó una nueva tentación: muchos amonestados por la Casa Blanca creen que podrían recibir el indulto que bendijo a Figuera y así rearmar su vida con cierta normalidad y comodidad.

Aunque también podría ser al revés si no aceleran el paso. El viernes el Tesoro norteamericano advirtió a militares y agentes de inteligencia que de persistir en la asistencia a la dictadura enfrentarán “serias consecuencias”. Tic-tac. Fue por el secuestro del vicepresidente de la Asamblea Nacional, Edgar Zambrano. Las sanciones alcanzaron a empresas que triangulan con Caracas. Pero por sobre todo, lanzó un aviso sobre la isla aliada a la dictadura: “Los Estados Unidos tomarán más medidas si Cuba continúa recibiendo petróleo venezolano a cambio de apoyo militar”. Otra vez: tic-tac.

El ministro del Poder Popular para la Defensa de Venezuela, mientras tanto, se esfuerza por exhibirse leal e incorruptible ante las ofertas “imperialistas”. Experimenta una conversión al revés: un martirio interior que lo empuja a sobreactuar su fe a Maduro luego de que su complot de reconocer a Guaidó saliera a la luz. Además, y como si fuera poco, trata de contener a los mandos altos y medios del ejército que lidera. Por el momento lo consigue.

También, exuda carisma. Al menos lo intenta. Demuestra por estos días una faceta novedosa: hizo públicos videos en los que se lo puede ver haciendo ejercicios físicos y montado en bicicleta junto a camaradas en las armas y soldados. Nadie cree que Zamuro -el alias que le asignaron durante la última conjura- esté poniéndose en forma para un escape a pie o nado. ¿Busca reforzar la cohesión en la fuerza? ¿Exagera lealtad a Miraflores? ¿O se expone como una alternativa con ascendencia sobre sus tropas para una posible transición? Sólo el académico militar tiene la respuesta. La concentración de poder absoluto lo seduce. Su ambición podría cegarlo y dejarlo sin beneficios futuros.

Al tiempo que todo esto pasa, los colectivos chavistas siguen allí, al acecho. Los únicos ojos que se posan -con pánico- sobre ellos son los de sus víctimas: cada uno de los venezolanos que se anima a levantar la voz o a emitir una queja. Ellos los buscan y los cazan. Ahora, para sumar males, les exigen una “colaboración”. Pero no son los únicos. También son víctimas los políticos opositores que viven al desamparo de la seguridad. Los diputados María Beatriz Martínez, Luis Florido, José Manuel Olivares, William Dávila y Milagros Eulate amanecieron cada uno de ellos, el viernes último, con sus viviendas ultrajadas con grafitis con sus nombres, apellidos y una amenaza. “Vamos por ti”. Firmado: “Colectivo”.

El concejal Thomas Dangel es una joven promesa de la renovación política de su país, vive -de momento- exiliado en Colombia. Es uno de los que denuncia el accionar de estas bandas armadas y que pide continuar con las medidas contra Maduro. “Los venezolanos tenemos que ser la vanguardia de la lucha en Venezuela”, dice. Es lo que repiten cada vez más voces. Es que Guaidó no puede enfrentar al monumental aparato represivo del régimen en soledad. Necesita de sus pares y de más militares que día a día abandonan el chavismo. Necesita que Zamuro no tenga miedo y no vuelva a arrepentirse.

Infobae / Twitter: @TotiPI

 

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