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Jesús Alberto Rondón: El silencio de la clase obrera

 

El pasado 1º de mayo nuestros sindicatos guardaron silencio sobre las realidades que vivimos los trabajadores y trabajadoras, así como las demandas urgentes e importantes, también nuestras cajas de ahorro o los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras. Escasas y tímidas son las voces que surgen por estos días, con el peligro de ser etiquetados como contrarrevolucionarios y en consecuencia perder la gracia de los burócratas y con ello la poca esperanza de lograr algo que le de crédito antes sus afiliados.

Contamos con un sector mayoritario de organizaciones sindicales, que se subordinan al discurso y al accionar de la burocracia oficial y el partido. Otras voces abiertamente enfilan su discurso contra “el régimen” según ellos y se subordinan al discurso y a la acción de la derecha venezolana y conviven con los enemigos de clase, léase: Fedecámaras.

En la calle quienes trabajamos no callamos. Las voces son múltiples y dispersas. Los relatos son de la precariedad: la del salario, la del agua, la de la electricidad, la del transporte, la de alto costo de la comida, entre otras. Es el relato de la queja y la súplica de un milagro celestial, “porque, ya no se aguanta más”. Para algunos el milagro consiste en que Maduro se vaya, para otros que el imperio cese sus ataques.

Este “estado del movimiento” nos presenta una dualidad: el silencio de nuestras organizaciones y las voces cotidianas y dispersas de quienes cada día laboramos.

Y la pregunta obligada: ¿qué hacer? Para respondernos necesariamente debemos mirar a nuestra historia y esta nos indica permanentemente que solo hemos podido avanzar cuando estamos organizados en función de los intereses de clase.

Y eso comienza desde lo pequeño, desde lo cotidiano. Así pues, que quejemos lo que queramos quejarnos, pero no dejemos de participar organizadamente. Eso es lo que cambia la correlación de fuerzas que sostiene el estado de cosas que nos afecta, aquí lo milagros no existen. ¡Así que no hay opción entre esperar o participar, imperativo es participar!

 

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