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La concepción del absurdo según Albert Camus

 

Normalmente se tiene la concepción de que la filosofía es una disciplina consagrada a contestar preguntas y cuestiones como “qué es la vida”, “qué sentido tiene” y “por qué estamos aquí”. Pero Albert Camus tenia clara la respuesta: la vida es un absurdo, no tiene absolutamente ningún significado y el universo es totalmente indiferente a nuestras preguntas existenciales.

Camus va a llamar absurdo a la distancia que media entre la búsqueda de un sentido por parte de los seres humanos y la absoluta indiferencia del universo ante esta cuestión. El absurdo es la búsqueda de significado a algo que, simplemente, no lo tiene. Dicho de otra manera: la vida humana es intrascendente para el universo enorme que la rodea.

De hecho, si nos ponemos a pensar, el ser humano solo ha estado en el universo una pequeñísima fracción de tiempo: 300.000 años de los 13.700 millones de año que tiene el universo.

Todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un razonamiento irrisorio. Las grandes obras nacen a menudo a la vuelta de una esquina o en la puerta de un restaurante. Y lo mismo la absurdidad. El mundo absurdo extrae su nobleza, más que ningún otro, de este nacimiento miserable.

Hombre pensando en el vacío existencial

El mito de Sísifo

El mito de Sísifo cuenta que el mismo Sísifo (Prometeo para la mitología griega) fue castigado por Zeus por robar el fuego de los dioses y dárselo a los hombres. Su gran astucia le procuró un castigo eterno consistente en que Sísifo debería cargar una enorme piedra colina arriba hasta la cima de una montaña. Una vez que la piedra llegaba a lo alto, volvía a caer y Sísifo comenzaba de nuevo a subirla, una y otra y otra vez con idéntico resultado; así toda la eternidad.

Con este mito, Camus quiere mostrar lo fútil y vacua que es la vida humana, basaba en repetir ciclos (comer, dormir, trabajar)… En realidad, todos somos Sísifo.

El absurdo y el suicidio

Según Camus, hay diversas formas de reaccionar ante el absurdo de la vida. La primera es aquella que se ve rebasada por este absurdo vital que siente como una cárcel: la vía del suicidio.

La pérdida del supuesto sentido individual de la vida, que para unos es su trabajo, para otros un ser querido o la salud es motivo suficiente para poner fin a la vida. Si aquello que es nuestra razón de vivir se va, se convierte en nuestra razón de morir.

El absurdo y la existencia de las religiones

Otra forma de reaccionar ante el absurdo de la existencia es lo que Camus llama “el suicidio filosófico”. Del suicidio filosófico surge la idea de que existen otros mundos metafísicos, mundos como el cielo de los cristianos, mundos en los que nos reencarnamos, etc. Que, en cierto modo, nos liberan de pensar que esta vida presente es en vano y sin significado. Mata la tensión que vivimos en la vida presente.

 

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