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Ana Noguera: En política, nada está escrito

 

Al igual que en la vida, en política, nada está escrito. Y, en ese sentido, los resultados ocurridos en el 28-A eran impensables hace tan solo unos meses. A punto de cumplirse un año de la moción de censura del PSOE contra Mariano Rajoy, ni un solo pronóstico hubiera imaginado el escenario actual. Ni tampoco sus consecuencias.

El ganador, sin duda alguna, ha sido el PSOE, y concretamente, Pedro Sánchez. Aquel secretario general que le plantó cara a la organización de su partido, que dimitió de diputado, y que cogió su coche para realizar una campaña de primarias en solitario por la geografía española. Quien entonces era la favorita del “aparato” del PSOE, es hoy la perdedora en Andalucía, porque, pese a ser el partido más votado, ha perdido por primera vez el gobierno autonómico.

En cambio, la figura de Pedro Sánchez sí ha conquistado los “cielos”, como algún líder (de otro partido) pronosticó una vez. Su resistencia, su soledad de caballero andante, su posterior valentía, pero también su serenidad para ejercer el gobierno, sus nervios templados, su caminar político pausado pero sin detenerse, le ha otorgado la valía de ser el “Presidente del Gobierno”, y así lo ha revalidado la ciudadanía, con un espectacular aumento de escaños.

La cara amarga en la izquierda la representa Unidas Podemos. Han descubierto, con amargura, que no es lo mismo un movimiento social que un partido político. En 1988, hace más de 30 años, el sociólogo Claus Offe escribió “Los partidos políticos y los nuevos movimientos sociales”. Un interesante trabajo que abordaba el conflicto entre la burocratización de los partidos, su falta de sintonía con una nueva ciudadanía, los nuevos movimientos sociales y el cambio de paradigma, los límites de la democracia parlamentaria, la necesaria convergencia entre la sociedad civil y los partidos, y también la “adolescencia” de los nuevos partidos provenientes del movimientos social. En definitiva, la crisis entre las estructuras sociopolíticas en una economía de mercado capitalista y una democracia de competición entre partidos.

Unidas Podemos se han hecho mayores, han perdido la frescura y el dinamismo de la adolescencia, y la actual rebeldía que pretenden mostrar parece más bien un eterno enfado. Lo cierto es que han dejado de ser transversales para ocupar el espacio que, en su momento, representó IU. Su caída ha sido importantísima, sobre todo, por el desconcierto que abre en sus propias filas.

El espacio de la derecha está resultando hasta cómico, en algunas ocasiones, como ocurre después de los resultados electorales.

Han pasado de ser un tripartido dispuesto a gobernar, pensando que Andalucía era el primer escalón, a no soportarse juntos. PP, Ciudadanos y Vox han realizado una campaña conjunta para demostrar que podían gobernar unidos, aunque eso supusiera ponerse pinzas en la nariz. Pero ahora, ubicados los tres en la oposición, el espacio entre ellos resulta asfixiante.

Casado y Ribera se disputan el papel de líderes de la oposición. Casado ha sufrido el mayor batacazo de la historia de su partido, y ahora quiere, de forma precipitada y poco creíble, corregir ese “extremismo” manifestado durante la campaña, olvidar los consejos de Aznar, recordar que Rajoy fue presidente,  y echar pestes de Abascal. Pese a su pésimo resultado, tiene razón Casado de que sigue siendo el primer partido de la oposición, aunque tenga la mitad de diputados que el PSOE.

Pero eso es algo que no soporta Ciudadanos, que sí ha tenido un importante ascenso electoral. Pero insuficiente para realizar un sorpasso al PP en el momento más bajo de su historia. Vale que Ciudadanos ha ascendido, pero sigue quedándose como tercera fuerza, y eso no lo hace merecedor de ostentar el liderazgo de la oposición. Y queda una incógnita que nunca entendí: ¿por qué dio el salto Arrimadas a la política nacional desatendiendo Cataluña, que era la única plaza segura en su discurso? Imagino que porque ambos soñaban en los bancos azules.

Por último Vox. Que ha pasado de ser el “yerno” que toda madre quiere, a ver en Abascal a un aprovechado, que ha vivido de “chiringuito y mamandurrias”, por cierto, todas proporcionadas por el propio PP.

Las próximas elecciones municipales no serán como se habían previsto. El escenario, sorprendentemente, se ha modificado por completo.

Ya no hay socios en la derecha, sino una frontal y abierta competencia entre ellos, los veremos insultarse y renegar entre ellos.

Por cierto, es hora de reconocer el buen trabajo del CIS y especialmente de su director Tezanos, quien ha sido injustamente vapuleado. Ay, cuántas bocas se han callado ahora después del 28-A.

 

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