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¿Te adaptarías bien a vivir en el extranjero?

 

Parece que, ahora más que nunca, el mundo es cada vez más pequeño. Las largas distancias dejaron de ser un problema y cada día conectamos con personas de otros países, de otras culturas, que nos parecen cada vez más cercanas y accesibles. Son muchas las personas que deciden irse a vivir al extranjero.

Algunos lo hacen por necesidad, otros por mejorar su calidad de vida, por estudios, por trabajo e incluso por relaciones sentimentales. Lo cierto es que no es lo mismo hacer un viaje y conocer mundo que asentarse en otro lugar e integrarse y adaptarse a su forma de vida.

La psicología se ha interesado también por este tipo de adaptación a otros entornos. Durante las últimas décadas, varias investigaciones se centraron principalmente en el estrés a lo desconocido y la capacidad de cada uno para enfrentarse a otra cultura. También sobre su relación con la creatividad de los individuos.

Pero hasta hace muy poco no se había investigado sobre el impacto de las normas sociales de otras culturas en el bienestar de las personas que se intentan adaptar a ellas cuando dan el paso de vivir en el extranjero. Un equipo de investigación de la Universidad de Essex, liderado por Nicolas Geeraert, ha hecho público en marzo de este año un informe sobre el impacto de las normas sociales y los rasgos de personalidad que influyen en la adaptación del inmigrante.

Persona con maleta

La rigidez de las normas sociales

A pesar de vivir en un mundo globalizado en muchos aspectos, las normas sociales todavía dividen el mundo y en muchos casos puede dar la sensación de que son estas las que más nos distancian. También son los factores que hacen más o menos difícil la adaptación de un nuevo residente.

Básicamente este estudio nos cuenta que existen países “difíciles” por la rigidez de sus normas sociales y la poca tolerancia ante la desviación de tales normas. Por otro lado, existen países más “flexibles”, cuyas normas sociales son menos rígidas y cuentan con un nivel bastante alto de tolerancia frente a otras costumbres.

En este panorama, sin duda, la adaptación de las personas que han nacido y crecido en países o culturas “difíciles” son las que mejor se adaptan a vivir en el extranjero. Estas personas han desarrollado un sentido muy estricto de las normas sociales y tienen mucha facilidad para reconocerlas e integrarlas.

Tanto si se pertenece por nacimiento a un tipo de país u otro, lo que nos confirma este estudio es que la estrechez cultural tiene un impacto negativo en la facilidad de adaptación a otras culturas y que los factores que aminoran considerablemente este impacto pasan por querer ser aceptado, poner de su parte, cooperar con los demás, no tener expectativas de ser tratadas de manera diferente y rechazar la tentación de romper las reglas.

El experimento

El equipo de Geeraert trabajó con 889 voluntarios que participaban en un programa de intercambio internacional. Eran estudiantes de secundaria que vivieron durante 18 meses con una familia anfitriona en el país de destino y asistieron a la escuela local.

Trabajaron sobre cuestionarios que medían la adaptación sociocultural, que se refiere a hacer las cosas correctamente. También evaluaban la adaptación psicológica, es decir, si se sentían bien. Y finalmente los cuestionarios medían seis rasgos de personalidad: apertura a la experiencia, humildad-honestidad, amabilidad, emotividad, conciencia y extroversión.

En total fueron 23 países que enviaron y recibieron a los estudiantes. Algunos de estos países están considerados como especialmente “difíciles”. Es el caso de la India y Malasia, Japón o China. En el otro lado del espectro se incluyeron países más “flexibles” como Brasil y Hungría, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

Hombre con mochila

Los resultados del análisis

Tras analizar los datos recopilados, las conclusiones del equipo de Geeraert confirmaron los resultados esperados. Los individuos que viajaron y residieron en países flexibles fueron los que tuvieron menos problemas de adaptación a las normas sociales. En especial aquellos que provenían de países normativamente difíciles; mucho más que los pertenecientes a culturas más flexibles o informales.

La mejor adaptación de los residentes foráneos también fue mejor para aquellos que se comportaron de manera más humilde y agradable. En definitiva, parece que los dos factores más importantes a valorar en la predicción de mejor o peor adaptación a vivir en el extranjero serían el tipo de personalidad y la distancia entre los factores culturales propios y los del destino elegido.

 

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