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Enrique Contreras Ramírez: En capitalismo y socialismo, el que nace pobre, muere pobre

 

No es una condición estancada que se origine en un momento axiomático; es consecuencia de procesos desventajosos  acumulados en el hogar en que se nace, se crece, el ambiente donde se vive, la educación que se recibe, la relación con la salud y el  trabajo que se obtiene. En otras palabras es ese ESTADO y sus clases políticas y económicas que gobiernan las que la ocasionan.

Hay múltiples sectores de la sociedad que creen que el ser pobre es producto y responsabilidad individual, cuando realmente la pobreza no es una dificultad particular, y no debe concebirse al margen de la desigualdad, de la riqueza y privilegios. Se corresponde con el hogar de origen; los servicios provistos por el Estado y la importancia que da el Estado para sacar de la miseria a los que se encuentran en ella.

Cuando  el Estado de manera directa o indirecta es el que denigra de esa pobreza, considerando que en nuestros barrios  se encuentra la gente peligrosa, además de criminalizarla, es evadir su responsabilidad, pues tal situación es el propio Estado  quien motoriza esa cultura de la violencia, pues la necesita y la recrea convirtiéndola en una violencia horizontal. Creo particularmente que sobre esta temática Venezuela es el ejemplo de mayor expresión de esta situación, cuando organiza el propio gobierno desde los barrios los llamados colectivos –valiéndose de la ignorancia y de la pobreza que poseen- a cambio de una caja de comida (llamada CLAP) donde la harina es la que destaca para que arremetan contra los que adversan  las políticas económicas y sociales que Nicolás Maduro ha implementado, en el marco de ese neoliberalismo económico que impulsa la globalización.

La manipulación por parte del Estado ha llegado a tal extremo para justificarse, que le hace creer al desempleado, que si no tiene trabajo es responsabilidad de él y nadie más, por aquello de que no es un emprendedor  como una manera de culpabilizarlos de hallarse sin empleo. El recado es claro: si no tienes trabajo es porque no eres emprendedor, por falta de talante o capacidad, y por tanto, si es falta tuya, no son las políticas del régimen o de los modelos socio-económicos existentes los responsables. Esta matriz neurolingüística perversa se ha sembrado en los grandes contingentes humanos para cambiarles el mapa mental, mientras vivimos una crisis económica –en el caso venezolano- jamás  conocida en nuestra historia y más cuando tenemos los recursos que nos colocan como uno de los países más ricos del planeta.

La pobreza multidimensional no es una condición estancada que se origine en un momento axiomático; es consecuencia de procesos de pérdidas acumuladas en el hogar en que se nace y se crece, el ambiente donde se vive, la educación que se recibe, la relación con la salud y el  trabajo que se obtiene. En otras palabras es el ESTADO y sus clases políticas y económicas las que la ocasionan, en medio de dos modelos socio-económicos (socialismo y capitalismo) que sacrifican a toda una población donde sólo les interesa –a los que gobiernan- su bienestar individual y todo su entorno.

Una realidad inocultable

Para los estudiosos de la sociología de la pobreza los ambientes de vida de los más empobrecidos de la sociedad es un tema esencial. En los posteriores años se han perfeccionado desde el punto de vista metodológico una multiplicidad de trabajos sobre pobreza, marginalidad y exclusión social, lo cual pauta, no sólo el fondo de la problemática sino también de los trances para ubicarla en su justa dimensión. Tanto la pobreza como la marginación y la exclusión social son procesos multidimensionales provocados cuyo análisis y medición es una tarea complicada, debido a los incomparables marcos analíticos y criterios esgrimidos para su estudio. No hay un solo perfil ni acuerdo en cuanto a las técnicas y el tipo de variables que deban esgrimirse para medir su dimensión. Unos analizan y se enfocan con gran profundidad en las variables económicas de la exclusión social, mientras que otros dan más escala a los aspectos socio-económicos y el modelo de sociedad en que se desarrolla.

Lo cierto de todo esto, es que la pobreza es una realidad inocultable en el planeta y particularmente en América Latina, donde hay que destacar el suministro de servicios públicos de baja calidad consignados a los pobres del campo y la ciudad. Cuestión que marca en gran proporción y profundidad las diferencias notables con los grupos privilegiados que acaparan los mejores colegios, clínicas, los mejores trabajos y espacios urbanizados con excelentes servicios públicos. Los mismos son parte y están ligados a grupos económicos, políticos y militares de muy alta jerarquía.

En el caso de Venezuela, la situación de pobreza se está agudizando de manera acelerada, hasta el punto que la clase media está entrando en un proceso de proletarización que nunca se había imaginado, tal situación responde a una inflación que sacude las entrañas de cualquier venezolano ubicado en éste sector social, pues los salarios que se perciben no alcanzan en ningún momento para generar calidad de vida y ni siquiera para adquirir la cesta básica alimentaria.

Sabemos que el venezolano al igual que toda la clase obrera en América Latina es laboriosa, trabajadora y su condición de pobreza no es porque no trabajen, sino inexcusablemente porque lo hacen en muy malas condiciones, no están fuera del mercado laboral sino dentro, pero en una circunstancia contraproducente y muchas veces se aprovechan de su marginalidad para explotarles en condiciones de esclavitud.

Esta situación está provocando un movimiento migratorio de la gente más joven y donde el analfabetismo vital, le hace perder su pertenencia de patria, su pertenencia de familia y su proyecto de vida. En conclusión en el capitalismo y el socialismo, el que nace pobre, muere pobre, lo que requiere la búsqueda de un “tercer camino”.

 

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