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Las claves del nuevo sistema de compra y venta de divisas a través de la banca

 

El Banco Central de Venezuela (BCV) autorizó mediante una resolución publicada este lunes, a la compra y venta de divisas por parte de la banca pública y privada y sus clientes a través de las denominadas mesas de dinero. La información, que originalente revelamos en exclusiva en El Cooperante el 26 de abril, forma parte de una seria medidas que de manera  paulatina ha adoptado el régimen de Nicolás Maduro desde el año pasado y que apuntan hacia el desmontaje del vetusto control de cambio instaurado por Hugo Chávez hace 16 años. Pero la oferta de divisas, escasa desde hace varios años, amenaza la eficacia del método de las mesas de cambio.

Voceros de la cúpula del Palacio de Miraflores lo prometieron: es hora de acabar con el dólar paralelo, un monstruo que Maduro no ha podido derrotar. Para esto, implementaron las casas de cambio en 2018 y reformularon el sistema de administración de divisas, un esfuerzo claramente inútil.

Más tarde, ya en 2019, y ya con la promesa de “una sorpresita” para el dólar paralelo, el Gobierno devaluaba el tipo de cambio oficial de manera progresiva hasta ubicarlo en un rango igual -o incluso superior por algunos días- al dólar paralelo. Centenares de venezolanos acudieron a casas de cambio para liquidar sus divisas a la aparente atractiva tasa. Pero todo resultó un fiasco, pues el mecanismo de transferencia de bolívares a las cuentas bancarias no era el más expedito. En ese entonces, fue lanzada la plataforma Interbanex -propiedad, entre otros, de Dionisio Sifontes- para estimular la compra y venta de divisas entre actores privados. Poco se sabe realmente qué ocurrió con Interbanex y cuáles han sido los volúmenes de sus operaciones.

El dólar paralelo seguía su curso. En Miraflores tomaron una decisión que venían ejecutando en 2018: aumentar el encaje legal y el encaje legal sobre reservas marginales de la banca, bajo el pretexto de que la oferta crediticia era utilizada para impulsar el precio del dólar paralelo. El encaje legal quedó fijado en 57%, y el encaje marginal en 100%, algo que hasta ahora, ha terminado con varios bancos con serios problemas de liquidez, quedando fuera de la cámara de compensación. La tasa overnight cerró abril con un promedio de 64%, otro claro indicio de la crisis de liquidez que afronta la banca para cumplir sus compromisos.

El dólar paralelo se mantuvo estable. Pero el efecto del encaje legal se acabó y en las últimas semanas, inició la corrección del paralelo al alza. La respuesta del Gobierno fue devaluar el tipo de cambio oficial hasta 5.200 bolívares, todavía por debajo del paralelo. Tras las sanciones de Estados Unidos al BCV, el directorio del ente emisor se comprometió en una reunión con representantes de la banca, a permitir la libre compra y venta de divisas a través de mesas de cambio.

Los bancos estarán obligados a reportar volúmenes de compra y venta de sus mesas de cambio y la tasa resultante al final de cada jornada, algo que hace presumir que habrá libre fluctuación del precio de la divisa, un asunto que vienen reclamando los sectores políticos, académicos y empresariales desde tiempos remotos. Que el mecanismo sea manejado de manera independiente por cada uno de los bancos públicos y privados, le podría imprimir mayor confianza al método.

Sin dudas, el Gobierno ha iniciado una rectificación del modelo cambiario, pero quizás ya demasiado tarde para evitar el problema. 

No obstante, el mercado negro seguirá siendo atractivo para los venezolanos, que en los últimos años, utilizan el dólar en cantidades pequeñas (el “menudeo”) para obtener bolívares, pues la hiperinflación ha hecho insostenible cualquier ingreso en moneda nacional. No hay a la vista en el corto o mediano plazo una desaparición del mercado cambiario informal en Venezuela.

Pero el gran desafío de Maduro, en medio de la brutal crisis política y económica, es la oferta de divisas. La economía venezolana, luego de la caída de la industria petrolera, presenta serios problemas de abastecimiento de divisas, dejando las reservas internacionales en niveles mínimos históricos de apenas 8,5 millardos de dólares, insuficientes para satisfacer la demanda local de importaciones.

Sin abastecimiento de divisas, cualquier mecanismo -aunque sea libre- de compra y venta de divisas, no solucionará el problema de fondo de la economía venezolana, que arrancó con un festín de divisas, controles, corrupción y burocratización, y que terminó con la inflación más alta del planeta, hambruna, diáspora y crisis en abastecimiento de medicinas y alimentos.

ElCooperante

 

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