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El sexto sentido: miedo, angustia y superación

 

En 1999, el cineasta indio M. Night Shyamalan no era muy conocido, por lo que el filme El sexto sentido fue toda una sorpresaHablamos de una película en clave de suspense sobrenatural que, a día de hoy, sigue ocupando un lugar privilegiado dentro del género. El sexto sentido contó con el reconocimiento de la crítica especializada y el aplauso del público; una buena acogida que se tradujo en 6 nominaciones a los Óscar.

Shyamalan sorprendió con una historia que podía ser leída dentro del género del terror, pero también de otros marcos emocionales raros en el género, como el miedo a la muerte o el dolor ante la pérdida de un ser querido. Así, la película da forma a una historia que mantiene la expectación y la tensión, para terminar con un mensaje o moraleja que apela a los sentimientos.

La película fue muy celebrada por su sorprendente giro final; Shyamalan nos había dejado muchas pistas del mismo y solo era cuestión de jugar con las piezas del rompecabezas para que todo encajara.

Para los que estén familiarizados con la filmografía del cineasta, no será una sorpresa encontrarse con este hilo conductor; que ha seguido experimentando en otros filmes, como El Bosque (2004) o El Protegido(2000). Esos finales se han convertido casi en una seña de identidad del director y suponen un interesante juego para el espectador.

El sexto sentido es uno de esos filmes fácilmente reconocibles y populares que, como consecuencia, han sido infinitamente parodiados. Un ejemplo sería la inolvidable frase de Cole (Haley Joel Osment) «en ocasiones, veo muertos», que ya forma parte del imaginario colectivo, demostrando que el cine es una pieza fundamental de nuestra cultura popular.

En este artículo, no vamos a detenernos tanto en estas cuestiones, sino que trataremos de profundizar en el mensaje latente del filme. ¿Por qué el cine sobrenatural tiene tantos seguidores? 

El sexto sentido: una historia muy real

El sexto sentido nos cuenta una historia paranormal, destacando el hecho de que se sitúa en la propia contemporaneidad. Quizás en la actualidad el bullying o el divorcio sean dos fenómenos reconocidos, pero no era así en los años 90.

No hay que olvidar que muchos países, hasta bien entrado el siglo XX, no contemplaban el divorcio en su legislación. De este modo, muchos de los niños que crecimos en los años 90 comenzamos a acostumbrarnos a tener amigos (o incluso nosotros mismos) con padres divorciados.

El número de divorcios se ha ido incrementando con el tiempo; lo que en un momento eran casos aislados, ahora forma parte del paisaje cotidiano.

Así, cuando se estrenó El sexto sentido, el divorcio, aunque era ya bastante común, no lo era de la misma manera en todos los rincones del mundo. Al tratarse de algo relativamente reciente, todavía no sabíamos qué consecuencias acarreaba el divorcio para los hijos ni disponíamos de muchos retratos de este nuevo modelo familiar.

En el filme, la idea del divorcio se manifiesta, a su vez, en una de sus vertientes más actuales: conciliar la vida laboral con la familiar. Así le ocurre al Dr. Malcom Crowe, que teme haber perdido a su esposa por dedicarle tanto tiempo al trabajo. Sin embargo, su miedo no es otro que la muerte, a la que niega para defenderse.

Mujer hablando con un niño

El sexto sentido nos muestra el día a día de Cole y su madre tras la separación de su padre, los problemas y dificultades que encuentran y cómo esto afecta a su vida escolar. La madre de Cole debe luchar sola por sacar adelante a un hijo, que parece enfrentar infinidad de problemas.

En la escuela, Cole sufre bullying, no logra encajar entre sus compañeros y es el objeto de todas las burlas. Exploramos la relación con el resto de compañeros, de su madre con las madres de los otros niños; todo parece apuntar a sus problemas familiares, aunque la realidad es muy distinta.

El tratamiento que se le da al bullying en la actualidad tampoco es el mismo que en los años 90. A día de hoy, tanto las escuelas como las familias parecen más concienciadas de su incidencia y consecuencias. El sexto sentido, más allá de su trama paranormal, nos aproximó a una realidad ignorada. Igualmente, buena parte de la sociedad ya no identifica con la locura a las personas que acuden al psicólogo.

Así, nuestra mirada desde la actualidad nos hace creer todavía más en lo que estamos viendo, en ese suspense y en la relación que mantiene el pequeño Cole con la muerte. Una relación que hará aprender a todos los personajes del filme el verdadero valor de su vida, la importancia de recordar a los seres queridos y, a su vez, de dejarlos marchar.

Sobre unos personajes perfectamente construidos y apoyados por un sólido guion, Shyamalan configuró una historia cuyo contexto se nutre de la propia realidad y el suspense mantiene la expectación hasta el último minuto.

Lo paranormal como elemento esperanzador

La creencia en la vida más allá de la muerte, por aterradora que parezca, en realidad, responde a cierto deseo. Si pensamos, por ejemplo, en las religiones, nos daremos cuenta de que la idea de la vida eterna está presente de diversas formas; ya sea como la existencia de ‘otro lugar’, la reencarnación, etc. Esta idea parece que nos hace más llevadera la propia vida, dificulta menos las despedidas y mantiene esa esperanza de que, tras la muerte, nos reencontraremos con nuestros seres queridos.

El cine y también otras manifestaciones artísticas como la literatura han tratado de jugar con el terror en torno al ‘más allá’. De alguna manera, nos aterran más los muertos que los vivos porque la muerte es ‘lo desconocido’, y lo desconocido siempre asusta.

Sin embargo, todas estas películas que alimentan este miedo suponen, a su vez, una especie de encuentro con la esperanza: sí, existen espíritus malignos que nos pueden atormentar, pero esa existencia significa que nunca moriremos del todo.

Como ocurre en otros filmes de terror como El Exorcista, el juego de contrastes alivia nuestro miedo. La idea del mal implica la del bien; la idea del más allá se traduce en esperanza.

El sexto sentido se nutre de ese miedo y juega a la vez con la esperanza, no todos los fantasmas que se le aparecen a Cole son temibles, también se le aparece su abuela, aunque nunca la vemos en escena. El mal, a veces, tan solo es una apariencia.

Cole enfrentará su miedo y descubrirá cuál es su verdadera misión en el mundo: aprovechar su don y ayudar al prójimo. Ayudar a esos fantasmas a encontrar la paz, a seguir su camino en el más allá. La huella de la tradición espiritual hindú se apodera de Shyamalan en este retrato sobre el miedo, la angustia y el dolor, pero también sobre la esperanza.

El discurso juega con nuestras emociones, nos lleva por un sendero de dolor y tensión para conectar con nuestros sentimientos más profundos. Todos tememos a la muerte, todos lloramos una pérdida y todos tenemos miedo, sea de la naturaleza que sea. Pero nuestra vida no es más que un camino lleno de obstáculos que debemos enfrentar y superar igual que los personajes del filme.

La puesta en escena de Shyamalan es pausada, salvo por los pequeños sustos que aparecen en pantalla. Sustos que, posteriormente, descubriremos que no son tan aterradores como podían parecer.

Cole sintiendo miedo

El sexto sentido: más allá del suspense

La tensión se palpa desde los primeros minutos de metraje, los males del mundo contemporáneo se adueñan de los personajes.

Se habla de suicidio, de pérdida, de culpa, de acoso y, en definitiva, de angustia. Pero más allá de todo eso, más allá del suspense, El sexto sentidoes una historia de amistad, de amor al prójimo y a todos los individuos. Sin olvidar tampoco a aquellos que formaron parte de nuestra vida, pero que ya no están con nosotros; aceptando su muerte, dejándolos marchar y manteniéndolos vivos en nuestro recuerdo.

Cole y su psicólogo se ayudarán el uno al otro; los dos aprenderán diversas lecciones y terminarán desarrollando una gran amistad. El doctor Crowe encontrará su camino en la muerte y Cole en la vida.

El final nos sorprende y nos deja una puerta abierta al futuro; a un futuro más esperanzador para ambos, aunque en mundos distintos. Los personajes vencen el dolor y los obstáculos, y lo hacen verbalizando sus conflictos, reconciliándose con sus seres queridos y con ellos mismos.

Recuerdo que la primera vez que vi el filme me dejé llevar por el suspense, me concentré en la historia aterradora que perseguía al pequeño Cole. Años después, tras volverla a ver y conociendo su final, volví a disfrutar en un sentido muy distinto, más alejado del terror y la angustia.

El paso del tiempo no ha hecho mella en el filme y su visionado se disfruta enormemente, conozcamos o no el final. Shyamalan nos brindó un despertar, una historia de terror que, al mismo tiempo, es bella.

 

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