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Manuel Malaver: El Padre de todos los Primeros de Mayo

 

El Presidente Encargado de la República, Juan Guaidó, convocó para el próximo miércoles el que me atrevo a etiquetar como “el padre de todos los primeros de mayo”, según fue el énfasis que colocó en su propuesta de que todo el país debía volcarse a las calles y que no debía quedar un solo rincón de Venezuela que no estuviera un ciudadano clamando por hacer realidad el fin a la usurpación.

Es verdad que en ningún párrafo del discurso de Guaidó se explicitó que tal manifestación debía tener como fin último el derrocamiento del dictador Maduro, después que tamaña marea que, bien podía empezar en el Bajo Apure, la Gran Sábana o la Península de la Goajira, terminara colmando, cubriendo a Miraflores y convirtiendo sus vetustos espacios en un coro de voces del cual solo se oyera la palabra: “libertad”.

Pero pienso que la generalidad de la gente que oyó el discurso de Guaidó el pasado 19 de Abril, o siguió los comentarios sobre el mismo, o leyó fragmentos, lo entendió así y me apresuro a asegurar que en lo más entrañable de sus almas espera que dentro 24 horas el madurismo agonice.

Y es aquí donde creo que- como eso no fue lo que quiso decir Guiadó- él, o su partido “Voluntad Popular”, o la Asamblea Popular de la cual también es presidente, han debido dirigirse al país para aclararle que lo que aspira el “Presidente Encargado”, no es que la marejada o tsunami del Primero de Mayo próximo se extienda con tal fuerza, torrente y furia que llegue a Miraflores y barra lo que encuentre a su paso, sino que, solo propone activar una gran manifestación más, una de las tantas que se han realizado hasta ahora y continuarán sucediéndose hasta que Maduro y su pandilla se convenzan que no hay nada que hacer y abandonen el poder.

A menos que Guaidó y quienes lo acompañan en la presidencia encargada, estén jugando a la ruleta rusa política, tirando paradas a ver si las pegan y así, no por los efectos de una estrategia calculada, medida y planificada se produzca la derrota de la máquina de destrucción más letal que ha conocido el país, sino por esos milagros del destino que, sin mucho buscarlos, ocurren.

La famosa chispa que incendie la pradera, que hizo tanta historia en el curso de las agitaciones y revoluciones armadas marxistas del siglo pasado y que, si no podía tomarse como un dogma del inicio de la toma del poder, si luce como una linda metáfora que muchas veces es tentador recordar y jamás repetir.

El problema en el caso venezolano, es que no hay praderas que incendiar, pues de tal magnitud y calibre es la catástrofe que han provocado 20 años de socialismo que, toda la retórica creada durante un siglo de luchas del socialismo contra el capitalismo y del capitalismo contra el socialismo, puede decirse que ha sido barrida de los diccionarios para una y otra situación.

Debe, entonces, Guaidó -y a quienes le toca llevar adelante la lucha del pueblo venezolano contra un régimen socialista en el poder que ya curte 20 años- pensar que quizá haga falta algo más -o mucho más-que convocar a la gente a desfilar, a marchar y manifestar, si con tales multitudes y actividades no se le produce un daño “en lo físico” a la dictadura madurista.

Por tal, conceptuamos golpes que vayan más allá de las sanciones que en lo económico, financiero, comercial y político le hacen grave daño al régimen, pero sin que los mismos se traduzcan en obstaculizarle e impedirle su capacidad para continuar reprimiendo y sojuzgando el territorio venezolano.

En otras palabras, que la lucha tiene que llegar a los cuarteles, a las instalaciones policiales, de inteligencia o cualquier otra desde donde se ejerza la represión, pues solo de esa manera empezará la dictadura a resquebrajarse y el pueblo a ganar más y más confianza para insistir en la lucha.

A este respecto, nada más importante que convencer a los países democráticos que tantos esfuerzos hacen para que la libertad y la democracia regresen al país que encabezó las luchas por la independencia de América del Sur del colonialismo español y contra el cual se ha cebado una entente de mafias nacionales que sirven a imperialismos extranjeros para que arrasen con su libertad y su riqueza.

Y hablamos sobre todo de los Estados Unidos de Norteamérica, país con el que cultivamos durante 200 años una relación de amistad, solidaridad y fraternidad y por declaración de sus líderes, el presidente Donald Trump, el vicepresidente Mike Pence y el Secretario de Estado, Mike Pompeo, ha dejado claro que hará todo lo necesario para que Venezuela vuelva a ser libre.

Pero países hermanos y democráticos de América del Sur, como Colombia, Brasil, Argentina y Chile también secundarían a Venezuela en una agudización de su crisis política y contra el empeño de Maduro en mantenerse en el poder y se haga imprescindible la toma de una actitud más dura y agresiva frente al dictador de la comunidad internacional, la cual pasaría por una intervención militar en el país.

En realidad, no sabemos si tales consideraciones son parte, o un resultado de las consideraciones de Guaidó al convocar continuamente al país a manifestarse en las calles, pero de lo que si estamos seguros es que marejadas con capacidad de derrocar gobiernos son raras en la historia, casi impredecibles y en el caso de confrontarse con dictaduras totalitarias siempre necesitarán algo más que más ciudadanos encolerizados que lleven su furia hasta darle el empellón definitivo al dictador.

No es nuestra idea dudar de las buenas intenciones de Guaidó al reducir su acción antimadurista a manifestaciones populares crecientes cuyo nivel pueda en algún momento despedazar la dictadura, pero de lo que si estamos convencidos es que, en el caso de las dictaduras marxistas, a la fuerza de la calle debe unirse la fuerza de las armas, pues la una sin la otra difícilmente lleguen a otro puerto que no sea el de la amargura y la desesperación.

De todas manera, ¡Viva el Primero de Mayo!, ¡Vivan los Trabajadores! y confiemos en que la aparición de un líder que hasta ahora no ha retrocedido en su empeño de derrocar la dictadura, siga adelante y sea el primero en izar la bandera de la libertad en Venezuela después de 20 años de esclavitud.

@MMalaver

 

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