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Vladimir Villegas: 1 de Mayo; los trabajadores van de mal en peor

 

Recuerdo como si fuera ayer mi asistencia desde niño a las movilizaciones del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores.

Junto a mis padres y casi todos mis hermanos, marchábamos año tras año acompañando a los sindicatos afiliados a la Central Unitaria de Trabajadores (CUTV), nacida de una división de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) por allá a inicios de los años sesenta.

La CUTV, presidida por mi padre, Cruz Villegas, era una pequeña central, dirigida básicamente por cuadros del PCV y unos pocos del MIR e independientes.

Durante largos años el reclamo fundamental era el aumento de salario y la congelación de los precios de los artículos de primera necesidad. No imaginábamos por aquellos tiempos que la hiper inflación entraría en nuestras vidas como río en conuco.

Un poco más adelante las potestas incluían la defensa de las prestaciones sociales, amenazadas por políticas impuestas desde el Fondo Monetario Internacional.

Tampoco imaginamos que las prestaciones, luego de treinta años de servicios, no alcanzarían en estos tiempos de los “hijos de Chávez” ni para un par de zapatos.

También existían otras dos centrales de orientación socialcristiana, CODESA y la CGT. Sin embargo, la CTV, controlada abiertamente  por Acción Democrática, fue durante largas décadas la central sindical con mayor número de afiliados.

Hasta el triunfo de Hugo Chávez en 1998, el panorama sindical pintaba de blanco.

A pesar de que AD y sus aliados ganaron la única elección abierta de la directiva cetevista, a inicios del primer gobierno de Chávez, esa central, que se nutría fundamentalmente de los trabajadores de la administración pública, comenzó su drástico declive, que se profundizó luego del “carmonazo”.

Poco a poco, el chavismo fue controlando el ámbito sindical del sector público. Y hoy la central que  ejerce  la antigua hegemonía cetevista es la Central Socialista y Bolivariana de Trabajadores (CSBT).

En el pasado se señalaba  a la vieja CTV de ser una central domesticada y condescendiente con los gobiernos del puntofijismo, particularmente con los gobiernos adecos.

Sin embargo ello no impedía  conflictos sindicales, incluso promovidos por sindicatos y federaciones filiales de la CTV.

Hoy la CSBT es la organización sindical más  complaciente con gobierno alguno que haya existido en el país. De eso no cabe la menor duda.

Y ello se hace más notorio por el grave deterioro de las condiciones de vida y de trabajo durante el mandato de Nicolás Maduro.

Ya desde los tiempos de Hugo Chávez se puso en evidencia el objetivo de suprimir todo vestigio de independencia del movimiento sindical venezolano, para lo cual no hubo pruritos a la hora de desconocer elecciones sindicales, inhabilitar líderes escogidos por los trabajadores y darle visos de legalidad a sindicatos y federaciones paralelas.

Todo con ello bajo el paraguas del Ministerio de Trabajo, y en el caso de las elecciones, con la “ayudaíta” del CNE, que interfiere indebidamente en la vida de sindicatos, federaciones y gremios profesionales, muchos de los cuales no han podido renovar sus directivas por caprichos del órgano electoral, o del PSUV que lo teledirige.

En Venezuela solo quedan caricaturas de contratación colectiva con el Estado. El gobierno las “discute” con su incondicional dirigencia sindical.

O, sin pararse en artículos, las posterga, las anula o las desconoce olímpicamente. Y ya se ha hecho costumbre la criminalización de dirigentes sindicales.

Decenas de ellos han sido sometidos a prisión, a medidas judiciales que les restringen sus derechos políticos y a despidos.

Un caso emblemático es el del secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera, Rubén González, a quien se le mantiene detenido en una cárcel militar.

Yo recuerdo a Juan José Delpino, dirigente adeco y presidente de la CTV,  encabezar y organizar un paro nacional contra un gobierno de su propio partido, si mal no recuerdo durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez.

Y en ese momento, si bien la situación de los trabajadores era precaria, nada que ver con la tragedia de hoy, en la que un trabajador no puede ni soñar con que el salario le llegue siquiera a media quincena.

¿Se atrevería, por ejemplo, el actual presidente de esa central, o cualquiera de sus dirigentes, a alzar siquiera la voz para reclamar, tal y como lo hizo en días recientes una educadora en pleno acto con Nicolás Maduro, lo cual provocó una desmesurada respuesta del ” presidente obrero”?  Permítanme dudarlo.

Sin duda alguna este Primero de Mayo de 2019 encuentra a los trabajadores de todos los niveles en la peor situación que se pueda recordar.

Los aumentos salariales dejaron de ser una consigna para convertirse en una pesadilla, porque la hiper inflación se los traga antes de que sean anunciados. La otrora consigna de congelación de precios es un mal chiste.

El gobierno tiene como coartada para escurrir responsabilidades las sanciones internacionales, pero el origen de tanto deterioro salarial y del empobrecimiento y el éxodo de millones de venezolanos es una política económica catastrófica, frente a la cual hubo advertencias, incluso de economistas identificados con el chavismo, sobre sus perniciosos efectos.

Pero el “presidente obrero” y su gabinete económico siguieron con la misma melodía, como los músicos del Titanic.

Si en algún lugar del planeta hay razones para que los trabajadores protesten es en la Venezuela de hoy. No creo que haya precedentes de un país en el cual se haya producido un empobrecimiento tan rápido y furioso  como el que aquí se vive.

 

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