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Enrique Meléndez: Marcos Pérez Jiménez

 

Este jueves 25 se cumplieron 105 años del nacimiento de Marcos Pérez Jiménez; un hecho que no dejó de suscitar controversias en las redes sociales; que fue donde se trajo a colación; pues a falta de medios de comunicación, las redes sociales están encendidas, a propósito de cualquier tema, que se asome en la opinión pública, y que es lo que no existía, precisamente, bajo el régimen de este señor, y quien asumió la jefatura del Estado de facto desde finales del año 1952; cuando, en lugar de convocar a las elecciones presidenciales, que corrían ese año; tomando en cuenta que ahí concluía el mandato presidencial de Rómulo Gallegos, elegido presidente de la República en el año 1947; de acuerdo a la nueva Constitución, aprobada ese mismo año, precisamente, y derrocado en 1948 por una junta militar, encabezada por Pérez Jiménez; sólo que este señor adoptará la costumbre de gobernar por mampostería; escudándose, primero, en Carlos Delgado Chalbaud, quien sale de escena a raíz de su asesinato en 1950; luego, en Germán Suárez Flamerich, un oscuro abogado y diplomático, cuyo único mérito consistía en haber pertenecido a la Generación de 1928, y de donde saldrían los nuevos líderes, que conformarían la elite política de la Venezuela post-gomecista, y que perfilaría más nuestros procesos de democratización; hasta el año de 1952, repito, cuando en lugar de convocar a los comicios presidenciales, que correspondían a ese año, prefiere una Constituyente, que se la ganará URD, el partido de Jóvito Villalba; sólo que este señor pregonaba la filosofía de Jalisco, que cuando no gana arrebata, y así se dejará de mamposterías, y asumirá solo las funciones de dictador; aunque apoyado en un operador político, que gozaba para el momento de un gran prestigio intelectual, como lo era Laureano Vallenilla Planchart, conocido en esos años como Laureanito; hijo del eminente escritor Laureano Vallenilla Lanz, y con un aparato de terror policial, a cargo de un señor de nombre Pedro Estrada.

No sin razón Rómulo Betancourt refería que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un tenedor de libros de la provincia venezolana; que cuando hablaba demostraba un gran nerviosismo, delatándolo el hecho de la discordancia entre los movimientos de sus manos y pies, con lo que decía, al momento de tomar la palabra; de modo que más que tímido, la impresión que daba era la de un pusilánime; partiendo, por lo demás, de la circunstancia de que en quien primero se mampuesta será con el propio Betancourt; a quien llama a gobernar, una vez que lleva a cabo su asonada militar victoriosa; habiéndolo percibido Betancourt, a medida que se fue gestando dicha asonada, y se fueron llevado a cabo una serie de reuniones entre la dirigencia de AD y una logia de militares, que comandaba Pérez Jiménez, y en donde andaba también un Llovera Páez, el propio Delgado Chalbaud; además de civiles de la talla de Laureanito. A la salida de una de esas reuniones, Betancourt y que le había comentado a su compañero Prieto Figueroa, quien había sido el intermediario para ponerlo en contacto con esta logia, que Pérez Jiménez lo que quería era aprovecharse de la popularidad de AD; un partido que en esos instantes comenzaba a enquistarse en la conciencia del venezolano como signo de los nuevos tiempos que corrían, a objeto de imprimirle también un carácter cívico a dicha asonada, y, finalmente, Betancourt pasó a gobernar.

Es lo que dice Marx, con respecto a todo aprendiz de dictador; que lo primero que hace es buscarse un ropaje, con que cubrir sus ocultas intenciones, para sacarlas a relucir en el momento en que se siente seguro en el trono, y que fue para lo que sirvió la doctrina de Marx en nuestra modernidad, y que más que un fantasma, como él consideraba al comunismo, esto es, dicha doctrina, resultó un demonio con un látigo implacable; habiendo dejado él una herramienta ideológica, que se prestaba para esa lógica de poder, como era el concepto de dictadura del proletariado, y en un momento en que los procesos de democratización, iniciados con la revolución de Independencia de los EEUU y la Revolución Francesa, constituían la nueva orientación ideológica del Estado moderno, y que dio lugar en el mundo entero a la serie de revoluciones burguesas, entre ellas, la de Simón Bolívar; habiéndose convertido la revolución, como tal, en una categoría histórica; como la conocía Hegel. Aunque las ambiciones de Pérez Jiménez no lo llevaban por el camino del comunismo; que fue la gran bandera de Fidel Castro, y por eso tuvo repercusión a nivel mundial, sino por el camino del militarismo; sin dejar de profesar, de hecho, como buen uniformado criollo, el culto a Bolívar.

Que militarismo y comunismo tal como los vimos en nuestros tiempos venía a ser lo mismo. No hay que olvidar aquí la famosa frase del escritor peruano Ricardo Palma, quien decía que en nuestros países el último grado de un militar es el de presidente de la República, y en lo que no lo desmentía la historia, pues a la jefatura de Estado de su país llegó un militar de nombre Manuel Odría, y quien había sido, casualidades de la historia, maestro de Pérez Jiménez, cuando éste viajó a Lima a especializar sus estudios de armas, y quien fue el que le acendró la idea del militarismo, siendo profesor de la academia militar de Perú; un tanto, precisamente, a la manera de Vallenilla Lanz, quien hablaba en su teoría de un gendarme necesario; lo que en lenguaje coloquial el padre de Vallenilla Planchart conocía como “loquero”. Cuando murió Gómez y que acuñó: “Murió el loquero de Venezuela”: nuestros pueblos son como niños, no se los puede dejar solos, porque enseguida se matan entre sus hermanos. En el caso de Pérez Jiménez, este loquero imbuido de cultura imperial, y de allí sus grandes obras de infraestructura. No le importaba para nada la educación de su pueblo. Por el contrario, se caracterizó porque cerró universidades.

Melendezo.enrique@gmail.com

 

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