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Maracaibo: Quedará como la ciudad de los Mayas desolada y abandonada

 

Familias zulianas enteras “huyen” del país en busca de calidad de vida

“El estallido de la crisis eléctrica es un ‘pico’ que acelera la migración”, dijo la directora adjunta para Las Américas de Amnistía Internacional, Carolina Jiménez. Ciudadanos desesperados se montan en viajes ‘exprés’.

La crisis económica, la violencia y la falta de seguridad encabezan las motivaciones del éxodo venezolano, considerado como uno de los más agresivos de la historia. Pero, en el caso particular del Zulia, los ciudadanos apuran sus maletas por una razón de peso extremo que terminó de esfumar la calidad de vida que ya mostraba señales de agonía: el caos eléctrico.

“Teníamos raíces firmes aquí, jamás pensamos irnos. Pero todo cambió cuando empeoraron los cortes de luz. Mi bebé de seis meses sufre mucho con el calor y los zancudos. Además, quedamos paralizados por no poder trabajar. El segundo apagón fue el detonante; tomamos la decisión y, cinco días después, mi esposo se fue a Santiago de Chile”, cuenta Andrea Ávila, una cirujana de 30 años que interrumpirá su especialización en neurocirugía para reunir a su pequeña familia en esa nación que acoge a más de 288 mil criollos. La fecha aún no se define

En Milagro Norte, donde reside en Maracaibo, el esquema de racionamiento “es muy inestable y variable”, puede padecer hasta 15 horas diarias en una penumbra que debe superar sola con su pequeño.

Hasta marzo pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contabilizó 3,7 millones de refugiados y migrantes de Venezuela en el mundo, 4 millones más que en el cierre de 2018. De esa suma, “el 80% está en América Latina”: 1,2 millones en Colombia, 728 mil en Perú, 221 mil en Ecuador, 130 mil en Argentina, 96 mil en Brasil y 94 mil en Panamá, precisó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) del continente.

La directora adjunta para Las Américas de Amnistía Internacional, Carolina Jiménez, explica en una entrevista con PANORAMA: “Venezuela vive  una crisis prolongada que incluye la hiperinflación, muchos problemas de acceso a medicamentos y tratamientos médicos, malnutrición (…) por lo tanto, es normal que día a día salgan muchas personas. En esta realidad, algunos eventos específicos aceleran los movimientos migratorios y el estallido de la crisis eléctrica es, probablemente, uno de esos ‘picos”.

En la entidad, las interrupciones del servicio “crónicas y acentuadas generan incapacidad e inviabilidad de lograr el proyecto de vida básico: comer, tener salud, proteger la integridad física, darle protección a los hijos… Las cosas mínimas a las que aspira un ser humano ya no pueden ser realizadas en su comunidad”, agrega la internacionalista venezolana radicada en México.

A su juicio, “la migración forzada es una consecuencia de la grave crisis de derechos humanos que vive el país” que, de ser receptor, se convirtió en “expulsor” de sus nativos. “Es un fenómeno poco visto en nuestra región y en el mundo”, alerta Jiménez.

 

Tan es así que, al finalizar el 2019, el éxodo podría alcanzar los 5,3 millones, de acuerdo con estimaciones de la ONU. En ese grupo entrará la marabina Adriana Pérez, de 24 años, quien planificaba mudarse desde el año pasado. Esta coyuntura adelantó su partida y, encima, su destino porque ya en su vida no hay cabida ni siquiera para dormir.

Comenta: “Esto no se aguanta, el calor es terrible y no puedo hacer nada. Yo quería esperar unos meses para reunir el pasaje para Chile, pero no pienso soportar eso. Ahora me voy a Cartagena, Colombia, porque seguir aquí es una locura. Hay días en los que solo me dan tres horas de energía”.

Familias enteras han “huido” de la desconexión que enfrenta este estado, caracterizado por temperaturas inclementes de hasta 40 grados centígrados. Yolanda Montiel, habitante de Haticos, señala que en su calle “no hay más de 20 familias; cuatro se fueron en menos de un mes y otras dos, completas, están vendiendo todo para hacer lo mismo”.

El sociólogo Adnovio Suárez afirma que el flujo migratorio continúa porque no hay condiciones para que la gente se quede. “No se puede alcanzar algún nivel de desarrollo en este caos. Venezuela se está convirtiendo en un país de viejos, pero, desde principios, de 2019 ellos también se están moviendo”.

Refiere que el paso de personas a pie por la frontera colombovenezolana es masivo. “Las expectativas de cambio de los zulianos están por debajo de las del resto”, apunta.

Sobre esta arista, Acnur destaca que el cierre oficial de los pasos fronterizos con Colombia y Brasil, por parte del Gobierno nacional, no frena la diáspora; más bien, la hace más peligrosa.

“La gente desesperada por cruzar encuentra la forma de hacerlo y, desafortunadamente, es a menudo presa de redes de traficantes, contrabandistas o grupos armados”, asevera un portavoz de la organización, Andrej Mahecic.

Aunque los cálculos de los tránsitos  irregulares son menos precisos, se calcula que se dan 5 mil salidas diarias hacia el exterior.

Entretanto, una porción de la población zuliana que sufre los estragos de una cadena de servicios ineficientes y ausentes opta por cambiar de residencia, pero dentro del territorio nacional.

Un ejemplo es el de Rosana Suárez: “Salí corriendo para Mérida porque la  Maracaibo ‘apagada’ me estaba consumiendo. Llegué con mi cara de zombie porque desde el primer mega apagón no descansaba lo necesario, ni siquiera me hidrataba bien. Encontré otra Venezuela (…) con agua, electricidad y más tranquilidad”.

Junto a su hija de 4 años, esta administradora de 30 se instalará, definitivamente, en el poblado andino dentro de unas semanas.

A la par, cientos de personas reconstruyen sus proyectos a la velocidad de una luz que poco llega. Por tierra, aire o mar, emprenden nuevos recorridos, animados en la esperanza de disfrutar sus derechos fundamentales.

Panorama

 

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