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Manuel Isidro Molina: Eleazar Díaz Rangel, luchador incansable (Qepd)

 

Recibo en mi casa una llamada de Julio Balza, colega periodista y amigo gremialista. Otra de Adelso Sandoval, también amigo de toda la vida y periodista de trayectoria plural, equilibrada y culta. Después fue la de Félix Ramón Fernández…

El motivo compartido por ellos, el fallecimiento hoy en Caracas, de Eleazar Díaz Rangel, director del diario Últimas Noticias. Lo lamento con la admiración,  el respeto, la cordialidad y la amistad que durante tantos años tuvimos, desde que yo joven veintiañero y estudiante de periodismo en la UCV, me incorporé en 1974 al equipo de nóveles reporteros ucevistas del diario Punto, editado por el MAS con el infatigable empeño de nuestro querido Pompeyo Márquez, secretario general del partido y periodista de combate. EDR era el director, tan exigente como orientador y perspicaz periodista profesional. Desiree Santos Amaral y Nélida Arrechedera fueron reporteras de batalla, entre muchos otros futuros profesionales que compartimos desde entonces una amistad franca, sincera, en la diversidad. Nunca ha sido quebrantada por motivos políticos.

A Eleazar lo conocí en 1965, creo, durante un encuentro colombo-venezolano de periodistas, al que mi padre me llevó con mamá. EDR había estado privado de libertad en el Cuartel San Carlos de Caracas, por su militancia en el Partido Comunista de Venezuela (PCV) junto a Pompeyo, quien en 1962 fue hecho preso en casa de Eleazar, quien corrió la misma suerte. Fue un gran trofeo político de Carlos Andrés Pérez, entonces ministro de Relaciones Interiores del presidente Rómulo Betancourt.

Mi viejo, Manuel Isidro Molina Gavidia (1915/1998), también periodista y de más larga trayectoria, había activado en la campaña por la libertad de Eleazar que mantuvo la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), de la cual nuestro amigo iba a ser su último presidente, hasta 1976, cuando nació el Colegio Nacional de Periodistas (CNP). Yo, de 15 años de edad, los veía compartiendo y conversando mutuamente agradados. A los años, se enemistaron políticamente: en diciembre de 1970 se dividió el PCV, papá continuó su militancia comunista, y Eleazar fue uno de los destacados fundadores del Movimiento al Socialismo (MAS). Nunca conversé con alguno de los dos sobre sus disensos, ni ellos tampoco me tocaron el punto, jamás, y se los agradezco a ambos.

La militancia en el MAS nos hizo cercanos, amigos, relación que fue creciendo en el Movimiento Prensa Libre (MPL) que integraba periodistas de diversas generaciones y tendencias, incluso estudiantes, en la vida gremial.

Al Eleazar profesor, lo tuvimos en la Escuela de Comunicación Social de la UCV: cursé con él un seminario excelente sobre el Correo del Orinoco.

En la vida gremial, desde el MPL, compartimos y nos formamos en la visión ética del ejercicio profesional, junto a eminentes colegas de diversas generaciones: Gustavo Aguirre, Gilberto Alcalá y tanto otros, cuyos ejemplos y afectos conservo intactos. Igual me ocurre con Eleazar, hombre de honor intachable y con posiciones políticas firmes, equivocado o no, dependiendo de quien las haya compartido o criticado.

En mi ejercicio como presidente de la comisión permanente de Medios de Comunicación Social de la Cámara de Diputados (1994-1996), recibimos sus orientaciones como exitoso ex presidente de la AVP, junto a las de Gilberto Alcalá, ex presidente del CNP, y Eduardo Orozco, presidente en ejercicio del máximo ente gremial. Entre marzo y diciembre de 1994, logramos colectivamente la aprobación de la nueva Ley de Ejercicio del Periodismo (hasta hoy vigente), después de diez años de engavetamiento del proyecto de reforma de la primera Ley (1972).

En diciembre de 1995, Eleazar estuvo entre los dirigentes gremiales que me propusieron unánimemente optar por la presidencia del CNP en las próximas elecciones de junio de 1996. Acepté cordialmente, sin haber pensado en ello, porque estaba dedicado por entero a la actividad política como dirigente nacional y parlamentario del MAS. De hecho, en enero de 1996 me fue ofrecida la dirección de la fracción parlamentaria del MAS y, agradecido, no acepté porque había comprometido mi palabra con nuestro gremio, para el periodo 1996-1998.

Siempre tuvimos una relación cordial y respetuosa. Algunas veces coincidimos en el “Guernica” de La Candelaria, adonde acostumbraba ir con Aída, su cálida y bella esposa, amiga de mi madre Maura Peñaloza de Molina (98). Otras, en actividades gremiales o políticas, siempre con la misma cordialidad, no obstante nuestras diferencias, que siempre supimos procesar con amplitud y mutua comprensión.

Tuve la fortuna, junto con nuestro colega y buen amigo Roberto Malaver, ser llamados por Eleazar para realizar las entrevistas dominicales de Últimas Noticias. Almorzábamos los tres en el periódico, cuando nos dijo:

-Mi idea es que tú, Roberto, entrevistes a los antichavistas; y tú, Chiro, a los chavistas.

Roberto y yo nos miramos sorprendidos, y recuerdo que le pregunté al anfitrión:

¿Y quién entrevista a quienes no son chavistas o antichavistas?

Nos reímos los tres, pero quedó en el ambiente la necesidad de saltar de lo bipolar a la pluralidad. Fue una buena experiencia, a pesar de que Roberto se confrontó con el sectarismo antichavista; y yo, con el sectarismo chavista.

EDR fue un periodista eminente, de los mejores, gran gremialista y militante político de izquierda, toda la vida, a su manera y con dignidad. Así lo recuerdo hoy, día de su partida.

A su familia, mi afecto y sentimientos de solidaridad. A nuestro gremio, un abrazo por el gran compañero, luchador y dirigente que fue Eleazar, tanto en Venezuela como en América Latina y el Caribe, lo que le valió ser el primer presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

A nuestros camaradas del PCV y el MAS, el orgullo compartido por haberlo tenido entre nosotros. Y más acá, tiempos turbulentos, también nuestros afectos compartidos, para tantos amigos y amigas comunes.

 

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