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El viacrucis de Petare: No sólo de pan vive el hombre; Por Jesús Piñero

 

Según testimonio de los presentes, en algún momento fue considerado el segundo viacrucis más grande del mundo. Hoy sigue reuniendo a la comunidad, aunque con menos convocatoria, miles de feligreses que reviven los misterios de Jesús de Nazareth sin importar colores políticos, los une la fe divina.

Por segunda vez consecutiva, y a diferencia de cualquier otro joven de su edad, a Charly Quintana de 24 años no le interesa irse de parranda en Semana Santa. No son días comunes, son los más difíciles del año, son los momentos en los que se reencuentra con Dios. ¡Y sí que lo hace! Desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección, Charly entra en el papel principal del viacrucis que organiza el barrio El Nazareno, en Petare, desde 1985. Un papel que nunca esperó y que llegó a última hora, cuando la persona que interpretaba a la figura central del cristianismo, tuvo que dejar el país por la situación: “No había nadie que lo hiciera y yo le dije al director, ‘puedo hacerlo si usted quiere’, y con el favor de Dios se me dio la oportunidad de representarle”. Dedicación, amor y esfuerzo son los pilares de su labor.

“Mi vida espiritual ha cambiado. Han cambiado muchas cosas. Y desde que interpreto el papel de Jesús, he recibido muchas bendiciones, creo que Dios ha derramado mucha misericordia en mí”, cuenta Quintana, estudiante de sexto semestre de Administración en la Universidad Antonio José de Sucre.

¿Lo más difícil? La preparación espiritual que necesita para poder llevar los evangelios al barrio donde vive, todos los años. “Es entrar en una vida de oración, de meditaciones, de horas santas, para alimentar nuestro espíritu. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Y para poder transmitir eso, uno tiene que llenarse de Cristo”.

Fotografía de Kathiana Cardona | RMTF

La fe sustituye a la política

Los sonidos de una marcha militar sorprenden a la multitud y de inmediato ponen la piel de gallina a quien los escucha. Soldados con penachos rojos de la Roma del emperador Tiberio, comienzan a ocupar una calle del barrio El Nazareno. Más de 20 mujeres y hombres cubiertos con mantas, encarnando al pueblo judío, se unen a una concentración que, pese a no contar con tantos espectadores como en ocasiones anteriores, reúne a toda la comunidad sin distinción en la fe. Es la tarde del Viernes Santo, el día más importante de la Semana Mayor. A punto de terminar el asueto, los petareños reviven la fundación del cristianismo.

En tiempos donde la política marca la pauta, el viacrucis es ajeno a Nicolás Maduro y a Juan Guaidó. Es un momento en el que se olvidan las diferencias políticas, en el que la situación deja de ser el tema de conversación y donde la falta de agua y de luz son desplazadas por una única razón: la fe, lo único con lo que hoy cuentan los habitantes de las zonas populares frente a los muchos problemas que enfrentan a diario.

Fotografía de Kathiana Cardona | RMTF

Un solo pueblo, sin partidismos ni toldas, sale unido a apoyar el viacrucis que se prepara anualmente con tres meses de anticipación y en el que participan alrededor de 60 actores y más de un centenar de personas en la producción, todos de la comunidad, sorteando los obstáculos desde el principio hasta el fin.

Con su mejor pinta, la gente no para de llegar a la calle y busca el lugar indicado para presenciar la historia que minutos más tarde cobrará vida sobre la tarima. Los fotógrafos son los primeros en pelearse por los sitios. A falta de un coliseo o de un auditorio, los balcones y platabandas de las casas de bloque terracota sirven de gradas para el espectáculo. Los niños se cuelan por entre las piernas de los adultos, la gente que vive su propio viacrucis, busca respuestas y distracción en el de Jesús de Nazareth.

Las expectativas crecen y un silencio sepulcral invade al barrio, sólo interrumpido por la voz del párroco que empieza el evento con un Padre Nuestro. Entre cadenas de hierro y tirado por sus propios compañeros del Grupo de Teatro Pasión de Cristo y Amigos de la Cruz, Charly entra a la primera de las 20 escenas.

Fotografía de Nel Espina | RMTF

El sol no se tapa con un dedo

La señora Santa Martínez, de 69 años, quien forma parte de la agrupación Adoradores del Santísimo, de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, lleva 23 años trabajando como voluntaria en las actividades religiosas organizadas en torno al viacrucis. Cuenta que, en oportunidades anteriores, el barrio recibía la visita de figuras importantes, casi todas vinculadas a la política, como Irene Sáez y Carlos Ocariz. Con el deterioro de la situación venezolana, esos encuentros empezaron a disiparse.

Enrique Mendoza, gobernador del estado Miranda entre 1995 y 2004, era un asiduo asistente de la misa y de la popular representación, pero ayer se convirtió en el gran ausente. “Hasta el año pasado vino, pero esta vez parece que no, ya era para que estuviera por aquí”, dice Martínez, minutos antes de la eucaristía. No hubo señales de Héctor Rodríguez, gobernador de Miranda, ni de José Vicente Rangel Ávalos, alcalde de la localidad.

En el empinado camino que lleva hasta lo más alto de El Morro de Petare, los negocios están cerrados. La gente asomada a los balcones espera con ansias el paso del viacrucis. Aunque tampoco deja de ser un día sin rebusque: un señor vende algodón de azúcar, otro lleva a cuestas una cava con helados y son varios los que, con mucha improvisación, han diseñado sus propios Judas. No comen cuento en pedir colaboración a los carros que suben y bajan por la inclinada colina. La quema de Judas, otra tradición venezolana que pareció quedarse en el olvido de muchos, sigue arraigada en las zonas populares. Es una forma fácil de conseguir dinero con el pretexto de organizar actividades recreativas en nombre de la comunidad.

Fotografía de Nel Espina | RMTF

Tampoco es puro teatro

Mientras muchos extranjeros han optado por regresar a sus países, otros han preferido quedarse en el que, en su mejor época, les abrió sus puertas. Ese es el caso de Jorge Bravo Pereira, párroco de la Iglesia Nuestra Señora Fátima y narrador de las escenas del viacrucis viviente. Nacido en Chile y formado en España, en 1995 encontró en Venezuela la realización de su vocación sacerdotal. Con su sotana blanca, teñida por el tiempo, corre de un lado a otro mientras se pulen los detalles antes de la representación. El montaje debe quedar impecable. “A pesar de todo lo que estamos viviendo, todavía viene mucha gente, unas 15.000 personas llenan ese cerro”. Admite que en la organización les ha tocado valerse de sus propios recursos, desde el mes de enero cuando comienzan los preparativos para los actos.

“Buscamos acrecentar la fe del pueblo, revivir los misterios de la pasión. No es solamente un acto teatral, es representar aquello que para nosotros es fundamental: el hombre que vino al mundo a hacer el bien, quien por ser el hijo de Dios fue condenado a muerte y que, a través de eso, nos llegó la salvación”, comenta monseñor Enrique Parravano, obispo auxiliar de Caracas y encargado de la zona pastoral del este capitalino.

Fotografía de Nel Espina | RMTF

Entre dos filas de actores y feligreses, justo a las puertas del templo, el padre salesiano entró bendiciendo y saludando a los presentes. Era su primera vez en el acto que lleva 34 años. “Con esto esperamos que venga de nuevo la salvación, sobre todo para este pueblo venezolano, para los que más sufren, por los que están enfermos y están pasando mayores dificultades. El señor se presenta en nuestra vida como fuerza, él nos da sentido, nos llena de esperanzas para continuar y seguir adelante”.

La crucifixión es la escena más esperada. Hay quienes se pierden todo el trayecto y se van directo al Parque Viacrucis, en la cima de El Morro, para presenciar en primera fila el término de la misión del mesías, que estuvo entre nosotros hace 2 milenios. “Esto no es una película de Hollywood, es una tradición nuestra, así que les agradezco hacer espacio para que la gente pueda ver la pasión”, le indica el párroco a la prensa.

Fotografía de Kathiana Cardona | RMTF

La calima parece desaparecer y los vientos se acrecientan, el tiempo del Viernes Santo dista de los otros días: un cielo nublado que anuncia lluvia, después del sofocante calor de marzo y abril. Todo ha sido consumado.

 

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