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Huguette, la muchacha a la derecha; Por Milagros Socorro

 

—Soy yo, efectivamente —me dice por teléfono la señora Huguette Tauszik.

Como ha ocurrido con otras entregas de esta sección #UnaFotoUnTexto, luego de difundido el material recabamos información que nos lleva a una segunda publicación con los datos aportados por los lectores.

La semana pasada pusimos aquí la foto de Renny Ottolina rodeado de señoras de quienes sabíamos el nombre, pero nada más. Pese a nuestros esfuerzos, no logramos contactar a ninguna de ellas para que nos hablara del momento recogido en la fotografía. Pero cuando esta salió en Prodavinci, la poeta Jacqueline Goldberg nos contactó. Una tía suya era amiga de la muchacha del extremo derecho, ¡y podía darnos su teléfono!

Podría pensarse que, una vez publicada la nota, cualquier añadido es superfluo. No es así. Muy al contrario. Varias veces hemos vuelto sobre nuestros pasos para enmendar errores, aclarar nociones borrosas y arrojar nueva luz sobre la entrañable peripecia venezolana. Todas las contribuciones de los lectores son archivadas para una eventual segunda edición de estas notas; o, como en este caso, dan pie a una revisita de la fotografía.

La semana pasada dijimos que Renny Ottolina aparece aquí con (de izquierda a derecha), Ida Pagliarulo, Marita Blanco, María Luisa Aguirreurreta y Huguette Benzamoun. Los nombres están confirmados, pero el último estaba mal escrito. El apellido de soltera de Huguette se escribe con s (no con z, como está apuntado en el envés de la foto). Y esta no fue tomada en 1960, sino en 1969, cuando el famoso animador iba a cumplir 40 años.

Huguette Bensamoun trabajaba entonces en PAS Publicidad, propiedad del español republicano Santiago Blanco. Ella asegura que las cuatro mujeres de la foto eran empleadas de esa firma. “Creo”, dice Huguette, “que era la reunión de fin del año 69”. Pero también puede haberse tratado del Día de las Secretarias, como sugiere René Scull, cuyo primer empleo fue en PAS Publicidad. Una y otro afirman que todas las señoras eran del personal administrativo de la agencia. Huguette especifica que la segunda, Marita Blanco, era secretaria del presidente, Santiago Blanco, y que la primera de la fila era secretaria, “pero también diseñadora”.

—Es que todos éramos creativos y secretarios —explica René Scull—. Éramos muy pocos y la agencia era muy particular.

Huguette es la única que mira al techo o, en todo caso, hacia arriba. Esto puede explicarse porque este era un gran momento en su vida. Huguette había nacido el 5 de octubre de 1938 en Marruecos. Pocos años después, en los 40, parte de su familia emigró a Venezuela, unos primero, otros después. En los 50, su hermana Rosita, la más querida, se instaló en Maracaibo con su esposo. Ya en la capital zuliana estaba una tercera hermana Ninette, cuyo marido, Marcelo O´Hayon, había abierto Casa Marcelo, una tienda de telas en la calle Ciencias. Al salir de Marruecos, donde se había desempeñado como secretaria, Huguette se trasladó a Maracaibo donde la esperaba un empleo como encargada de la tienda. Allí aprendería español, mientras atendía la clientela y arreglaba cuentas en la caja.

Allí estaría siete años. En unas vacaciones fue con su familia a pasar unos días en el Macuto Sheraton y allí conoció a un joven francés, de padres húngaros, que veraneaba con su madre. Se apellidaba Tauszik. No tardó en renunciar a su puesto en Casa Marcelo y mudarse a Caracas, donde contraería matrimonio. Era el final de feliz de una historia de amor y francofonía empezada a orillas de Mar Caribe.

Llegó a Caracas y antes de un año consiguió trabajo como contabilista en PAS Publicidad. “Había hecho”, recuerda, “un curso para manejar una máquina gigante, que ya no existe, donde se perforaban las fichas reservadas a la historia de cada cliente”. El día que se tomó esta foto, Huguette tenía los días contados en PAS Publicidad. Pronto pondría la renuncia para casarse, lo que le producía una gran ilusión. El casamiento tendría lugar tal como estaba planeado. Huguette sería feliz, pero la vida le reservaba un trago muy amargo.

Tal como anotamos en la nota anterior, el cigarrillo que fuma Renny con tanto charm es Viceroy. “Fue”, dice el publicista Alfredo Maldonado, “el primer cigarrillo lanzado en Venezuela con filtro, concepto novedoso a fines de los 50. La frase publicitaria era ‘el filtro de los 20.000 elementos’. El mercado de cigarrillos, que siempre ha tenido complejo de salud, reaccionó favorablemente y Viceroy parecía el rey de la creación”.

—Pero C.A. Tabacalera Nacional reaccionó rápidamente —sigue Maldonado— y sacó la versión con filtro de Fortuna. Viceroy nunca había sido rey de las ventas, pero su aparición con filtro era señal de un cambio en el gusto de los fumadores. En algún momento cambió su complicada, y poco creíble, campaña del filtro con miles de elementos por el excelente slogan “Clase aparte” y la contratación de Renny Ottolina, cuando todavía se fumaba en cámara.

“El filtro fue creciendo y a comienzos de los 60 aparece Astor (paquete rojo, escudo de Tabacalera Nacional) silueteado en blanco, imitación del viejísimo paquete estadounidense de Pall Mall, que presumía de ‘filtro de carbón’ y se anunciaba con largos y pesados avisos referidos a la presunta pureza del aire que el carbón filtraba en los submarinos nucleares estadounidenses, por entonces una novedad después que el Nautilus cruzara el Ártico por debajo del hielo”.

Pero, según explica Maldonado, el gran cigarrillo de aquellos tiempos fue Lido, también de Tabacalera Nacional, que nunca estuvo en manos de Renny ni de ningún animador en particular. “Su gran estrategia fue haber puesto una buena liga de tabacos rubios y un filtro standard de acetato, como cualquier cigarrillo importado de USA en aquellos tiempos (primera mitad de los 60), con un nombre no inglés y, esto fue lo más importante, a precio de cigarrillo venezolano. En esos tiempos, los americanos como ChesterfieldCamelLucky Strike, se vendían en paquetes tamaño 70 mm (standard) a Bs. 1,75, mientras los venezolanos (Fortuna, Alas) se vendían a un bolívar”. Lido se proyectó con una campaña que hizo historia: “Pido Lido. Lido, Lido, Lido. ¡Y es a bolívar!”. Se decía que fue el primer cigarrillo venezolano que entró al Country Club de Caracas.

A Huguette le gustaba Maracaibo. O, más bien, no le disgustaba. Encontraba que la gente era amable y el negocio marchaba bien allí, pero nunca pudo acostumbrarse al clima húmedo y caliente. Lo que más le costó de abandonar la ciudad lacustre fue separarse de su hermana Rosita, quien ya tenía muchos años de casada con el también marroquí Desiré Choukroun y no habían logrado tener hijos. Rosita se quedaría muy sola tras la marcha de Huguette, en 1968. Pero en 1972, Rosita tuvo su único hijo, Richard Choukroun Bensamoun.

Las dos hermanas se juraron que, aunque estarían arraigadas en distintas ciudades, nunca dejarían pasar muchos meses sin encontrarse. Rosita adquirió, pues, la costumbre de ir en autobús a Caracas, donde también residía Freja Bendayán, la madre de ambas.

El 11 de enero de 1978, tras pasarse unas semanas en Caracas, Rosita y su hijo Richard regresaban a Maracaibo en el carro de Desiré, quien se había tomado un fin de semana libre en Casa Marcelo, donde también trabajaba la pareja, para ir a recogerlos y llevarlos a casa. Iban por la Autopista Regional del Centro cuando un camión golpeó el Ford Ferlaine 500 donde viajaban. El carro volcó, dio vueltas y la pareja murió. Unos días más tarde, Huguette tuvo de regreso en casa un huérfano aterrado al que prohijó con gran ternura.

Cosas de la vida. El mismo país que les había ofrecido trabajo, cobijo e incluso la posibilidad de departir con el hombre más popular y famoso, les daba un zarpazo en un camino mal cuidado.

En esta foto gravita la personalidad de un ausente. Se trata de Santiago Blanco, fundador y propietario PAS (Publicistas Asociados) Publicidad. Pocas figuras de este medio son recordadas con tan unánime respeto y simpatía. “PAS”, dice Alfredo Maldonado, “era reconocida porque su dueño, quien perteneció a esa generación de grandes fundadores de agencias, tenía mucho prestigio. Era muy buena persona y gran promotor de las organizaciones gremiales”.

René Scull tenía 19 años y estudiaba tercer año de Periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello cuando Santiago Blanco le pidió al director de la escuela, el padre Ancízar, que le recomendara un talento en formación. Scull había llegado de su natal Habana a los 14 años, pero ya hablaba inglés fluido y tenía el germen del periodismo porque su familia estaba vinculada al mítico Diario de La Marina. Un joven bilingüe y deseoso de aprender era justo lo que necesitaba Blanco.

—PAS —dice Scull— era una agencia muy pequeña. Tenía pocas cuentas grandes, la más importante era Firestone. Alrededor de Santiago Blanco giraba un tren pequeño de empleados con títulos rimbombantes. Yo, por ejemplo, era un bachiller imberbe, pero tenía el cargo de Jefe de Medios. En realidad, también era secretario cuando tocaba que lo fuera.

Él no coincidió con Huguette, porque estuvo en PAS antes que ella, en 1965 (Huguette llegó en 1968), pero sí con Marita Blanco (segunda de derecha a izquierda) también española, a quien recuerda “muy vivaz, muy activa y con mucha iniciativa. No solo era la secretaria de Santiago Blanco, también era subgerente. Una vez le fui a plantear de un problema, que me lancé a explicar con exceso de detalles. Ella me cortó  diciendo: ‘René, ¿a ti no se te ha ocurrido que yo soy inteligente?’. Lo era, y mucho”.

Scull cuenta que cuando le ofrecieron trabajo en Philip Morris Tabacalera Nacional, uno de los mayores anunciantes del país en la época, habló con Blanco para decirle que dejaría PAS. Tenía 20 años.  “Yo era el niño de la agencia. Santiago me dijo: ‘René, ahora vas a una empresa transnacional grande, importante, y te darás cuenta de que PAS no es una agencia sino una artesanía publicitaria… con la que yo he ganado más dinero que nadie, con excepción quizá de Carlos Eduardo Frías”.

—Santiago, quien tenía una inteligencia excepcional y una mente estratégica—sigue René Scull— me había preparado para que no mirara hacia abajo sino siempre hacia arriba.

Al preguntarle por qué cree que Renny está en la foto con las empleadas de PAS Publicidad, Scull aventura una explicación:

“Renny apoyaba una fundación para niños excepcionales, muchachos que por algún motivo que no recuerdo no podían hablar bien. El motor de esa asociación era el Chino Alcántara. Quizá Firestone también daba apoyo a esa fundación. O podía ser el día de la secretaria, que entonces se celebraba por lo alto. A Renny le gustaba mucho el Toni 65, que estaba en la Francisco de Miranda, donde está hoy el Centro Lido. Y a Santiago le gustaba ir al Enrique IV, que estaba en La Florida. Es posible que esta foto se hubiera tomado en uno de esos restoranes, de los tantos excelentes que entonces había en Caracas, y que Renny estuviera invitado o que simplemente hubieran coincidido allí. Lo que puedo asegurar es que en PSA, con la excepción del director de Arte, Walter Ceballos, todos éramos los secretarios del gran Santiago Blanco, quien todo lo decidía”.

 

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