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Enrique Meléndez: Ni para los lados

 

El país marcha hacia un cambio político; uno diría, sin necesidad de plantearse la intervención de una fuerza multinacional; como se ha venido presumiendo, y que es, en el fondo, lo que la actual clase gobernante quiere; para poder absolverse de su fracaso: fue el imperialismo norteamericano, aliado con la burguesía criolla, la que nos sacó del poder; muertos de la envidia, porque la Revolución Bolivariana se venía convirtiendo en una referencia en el mundo.

Que es lo que uno ve por los canales oficiales: el mar de la felicidad de Venezolana de Televisión. Alguien hacía ver que el secreto del triunfo político del chavismo-madurismo; que se traduce en el castrocomunismo, está en que dentro de su mediocridad, cualquier acción que haga, resulta un hecho hazañoso. Obsérvese el programa de las Cajas CLAP; que para otro gobierno y en otras condiciones resultaría un beneficio, que se otorgaría producto de una convención colectiva de trabajo, por ejemplo, tanto en una empresa pública, como en una privada. En las presentes circunstancias se trata de un paliativo, con motivo del cuadro de hambruna, que estamos padeciendo; a causa de una voraz hiperinflación; que se traga cualquier salario de un trabajador; sea alto ejecutivo, como empleado medio u obrero, y a la que ha tratado de neutralizar el gobierno; sólo que echándole más gasolina al fuego, a partir de los aumentos compulsivos de salarios, y que han terminado por llevar al cierre de numerosas empresas comerciales e industriales, además de acentuar el impacto hiperinflacionario.

Así como el gobierno negaba la ayuda humanitaria; debido a su ceguera política, y la que terminó por aceptar, a propósito del cerco internacional, que comienza a pesar sobre sus hombros; también negaba lo de la situación de hambruna, que estamos padeciendo, y la que se manifiesta, precisamente, a la mera aparición de una caja CLAP en barrios y urbanizaciones de todas las razas y colores de nuestro territorio; todo el mundo se anota allí; pues cualquier caja CLAP contiene artículos que, por sí solos, cuestan lo que equivale a un sueldo mínimo. Se trata de una humillación, en el fondo, sobre todo, hacer la cola en el camión; que ha traído el cargamento de cajas hasta el sector, donde uno vive; pues lo pone a uno de cara con su miseria; con independencia de títulos y trayectorias laborales y académicas de la persona; que es lo que persigue este gobierno y se ha dicho hasta el hartazgo: volvernos pobres e inútiles a todos por igual. Porque es verdad que hay una clase media, que vive de las remesas, que los hijos le mandan del exterior, y que con eso pueden llenar la despensa; pensando en la comida de la familia por un mes; pero hay de aquéllos, que no cuentan con este privilegio, y es el segmento de la clase media que pasa más trabajo; sobre todo, porque el orgullo la obliga a guardar las apariencias; así no coma nada, responde que está muy bien, cuando se le saluda y donde están comprendidos los trabajadores asalariados; que en otrora contaban con su carro; en su casa abundaban los aparatos de refrigeración, había pantallas de televisión por todas partes; hoy en día todo eso no se mueve o está apagado; porque no hay plata, para arreglarlo o para sustituirlos por unos aparatos nuevos.

La otra gran hazaña del gobierno de Maduro la constituyen los bonos del Carnet de la Patria, y que tienen tanta repercusión, desde el punto de vista hazañoso, como las cajas CLAP. En efecto, esto es lo que los economistas conocen como los subsidios directos, y que se han visto en economías como la de Irán; donde se acordó elevar los precios de la gasolina a nivel internacional; de modo que se decidió bancarizar a la población de más bajos recursos, y así se le deposita en sus respectivas cuentas un abono, correspondiente a determinado excedente; que resultaría de la comercialización del combustible. De hecho, el Bono Escolar, que fue parte de los programas sociales, que se aplicaron durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez también constituía una forma de subsidio directo. Sólo que son subsidios enmarcados en paquetes de ajuste económico, partiendo de un esquema racional de desarrollo, y no una dádiva llamada comprar voluntades. Aparte de que uno los podría calificar de bonos de cianuro. Sin respaldo monetario. Porque es verdad que le permiten al beneficiario tener unos recursos extras, y con los cuales puede darse el lujo de adquirir una tajada de queso más grande; que la miseria que compra todos los días; sin embargo, su efecto sobre la economía, supone una insatisfacción en el futuro, proporcionalmente, superior a ese placer momentáneo, que le produce la adquisición del queso; puesto que a mediano plazo ese queso le costará el doble, y ya ni siquiera podrá adquirir la miseria, que compraba  todos los días, sino de vez en cuando. Venezuela se muere de hambre; a causa de la ambición de una clase gobernante; que se escuda en la mentira; sin ningún escrúpulo de carácter patriótico; pregonando como filosofía de gobierno un populismo rastacuero.

Por supuesto, tampoco va a entregar el poder de buenas a primeras, en momentos en que ha echado todo su prestigio por la borda, y se ha encaminado por la vía de la delincuencia organizada, y con la que está comprometida hasta los tuétanos; pues, es verdad que se puede financiar con el comercio de la droga; porque por la vía del petróleo, ya nadie se lo quiere comprar, dada las sanciones comerciales, que le ha aplicado la OEA y la UE; así hay alguien que ha escrito que, mientras un barril de petróleo vale unos 60 dólares, un kilo de cocaína vale 25 mil dólares; el hecho es que no se puede vivir toda la vida en el delito; porque, por lo demás, el oro que extraen de la explotación del Arco Minero se comercia en forma ilegal; sin la aprobación de la Asamblea Nacional; de modo que contaría sólo con un reducido número de compradores. Está en un callejón sin salida.

 

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