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César Malavé: No lo queremos

 

El viernes 19 celebramos un año más de una acción patria, política y eminentemente civilista. El triunfo de una iniciativa unitaria y  de la más hábil diplomacia criolla. El éxito de la unidad sobre la  inconsciencia, la idea sobre la tradición, la democracia sobre la tiranía. Hace 209 años, el Ayuntamiento de Caracas desconoció la autoridad del Capitán General Vicente Emparan, iniciándose así nuestra gloriosa gesta emancipadora. Revoloteaba en las mentes de los venezolanos la necesidad de la independencia, la idea del cambio. Desde enero de 1810 se propusieron y meditaron distintos planes para la acción, todos arriesgados e inciertos. Las gestiones se iniciaron en las clases mantuanas. Hubo delaciones y fracasos. Muchos “golpistas” fueron confinados a Maracaibo, Margarita y otros lugares de la provincia. Pasó un tiempo en que fueron propicias para la insurrección. Subió de pronto la inquietud, que se apoderó luego de todos los estratos sociales. Los españoles se tornaron temerosos. Los criollos, revivieron pretensiones y ganaron partidarios con facilidad. La ocasión era alentadora. Los independentistas se reunieron en la noche del 18 de abril. El Cabildo, compuesto casi en partes iguales, de españoles y americanos, debía dar el primer paso provocando una discusión con Emparan. Lo demás  saldría por sí sólo. Ese era el momento y he aquí una de las primeras lecciones que debemos extraer de esta gesta: De nada vale en política tener la razón, si esa razón no se  tiene en el momento justo, y sobre todo si esa razón no se tiene en el momento, con el mayor número de voluntades.  Para que un proyecto de cambio significativo  triunfe, realmente,  tiene que dejar de ser una conjura de iluminados para hacerse idea, acción y la vida misma de la inmensa mayoría. Y la inmensa mayoría no llega a ella siempre, o casi nunca por el camino real, sino como dice la Biblia por el camino estrecho. Y ese camino nunca está abierto de par en par en la conciencia de los hombres. Hay que buscarlo, hay que construirlo. Si nuestros libertadores, se hubiesen quedado en los frescos patios de sus casas añosas, discutiendo del destino del mundo frente a tazas hirvientes de sabroso cacao, hoy no tendríamos nación. No seriamos hoy venezolanos, ni tampoco tendríamos en nuestra historia un ejemplo que traer a la memoria, hoy, cuando las circunstancias históricas nos emplazan al paso definitivo de nuestra liberación. Cuando nos convoca a quitar mordazas y romper cadenas, para culminar lo que comenzamos hace más de doscientos años: Nuestra liberación, nuestra independencia.  Nuestra verdadera revolución no mono color, sino del Amarillo, Azul y Rojo, del Pabellón Nacional.

Es el momento de comenzar a construir la sociedad justa,  la Venezuela Nueva,  una Venezuela libre y de los venezolanos. Estamos seguros y plenamente persuadidos de que es posible la existencia de un gobierno progresista, revolucionario y de justicia social en Venezuela. Pero, revolucionario de verdad no de charlatanería. Con democracia plena y Estado de derecho, sin Régulos imperiosos, sin jefes jaquetones, megalómanos o caudillos, ni de ayer ni de hoy. Es hora de pensar con la cabeza fría y no dejarse llevar por las emociones. La presión internacional se mantendrá, pero dicha presión es insuficiente sin nuestra participación. Hay que subirle los costos al “gobierno” de mantenerse en el poder con la presión interna y exigir restablecer el hilo constitucional. El paradigma del 19 de abril nos convoca al rescate pleno de la soberanía nacional. Por eso la convocatoria es hacer del ejemplo de los hombres del 19 de abril de 1810, un patrón de desprendimiento absoluto, para unir a todos los venezolanos en un liderazgo unitario, colectivo y compartido que sea capaz de acabar con este  gigante entuerto que nos agobia. Para este fin, nos hemos convocados a cabildo y, como hace 209 años, digamos con fuerza: No lo queremos

@cesarmalave53

 

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