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Gustavo Coronel: Cuatro sub-generaciones de venezolanos destruidas por Chávez y Maduro

 

Aunque una generación es de 20 años puede decirse que el paso de estas dos últimas décadas  no ha afectado  a los venezolanos de diferentes edades de igual forma. Creo que es deseable comenzar a hablar del impacto que la etapa Chávez/Maduro ha tenido sobre cuatro grupos etarios de venezolanos, a saber: quienes nacieron en 1999 y hoy tienen 20 años; quienes tenían 20 años en 1999 y hoy están en los 40 años; quienes tenían 40 años en 1999 y hoy están en los 60 años y quienes tenían 60 años en 1999 y hoy están en los 80 años. El impacto  directo de la narco- satrapía de Chávez y Maduro sobre cada uno de estos grupos cronológicos y el impacto combinado sobre la Nación han sido devastadores. Creo que una cuidadosa evaluación de este impacto combinado deberá ser objeto de un detallado estudio de sociólogos y antropólogos e intuyo que el resultado comprobaría que ese impacto combinado es mucho más trágico de lo que se supone.

QUIENES NACIERON EN 1999 Y HOY TIENEN 20 AÑOS

El grueso de los venezolanos quienes hoy tienen 20 años llegaron  a la edad adulta sin haber nunca vivido en democracia. Cuando fueron capaces de entender en qué tipo de país estaban viviendo ya habían sido adoctrinados para pensar que Hugo Chávez era  la suma  de Simón Bolívar con Fidel Castro, el líder supremo a quien todo el pueblo debía adorar y tratar de imitar. Si pertenecían a una familia pobre, que son los más, oían hablar de Barrio Adentro y de cómo allí podían recibir medicinas gratis,  veían que sus padres recibían subsidios directos y comida barata en mercados del Estado o hasta regalada vía PDVAL. En  las escuelas estos niños coloreaban imágenes de Chávez, quien – según decían los “maestros chavistas” –  estaba terminando lo que el primer Libertador había dejado inconcluso. Veían al segundo libertador en la televisión gritando “Exprópiese”, a fin de que los bienes de los ricos fuesen a parar a manos del pueblo y lo escuchaban decir “Ser rico es malo”. Aprendían de él que las cabezas de los escuálidos debían ser freídas en aceite. Si estos niños y jóvenes eran de clase media sufrían en carne propia el progresivo antagonismo del régimen, un resentimiento en su contra que fue sembrado por Chávez primero, luego exacerbado por Maduro. Por ello muchas de esas familias de clase media se fueron al exilio, en búsqueda de una digna manera de vivir.  Si eran miembros de la clase rica, muchos de ellos crecieron viendo como sus padres prostituyeron sus principios para hacer más dinero o, si eran honestos, tuvieron que irse al exterior o, si se quedaron en Venezuela debieron en gran medida guardar silencio frente a la barbarie, para evitar represalias.

Debido al adoctrinamiento experimentado por muchos de estos jóvenes, ellos no representan la nueva generación que la Venezuela democrática requiere. Muchos de ellos han crecido acostumbrados a recibir dádivas del estado o a hacer lo necesario para tener dinero en el bolsillo para enriquecerse, tal como vieron actuar a sus padres. Afortunadamente una apreciable porción de esos niños y jóvenes fueron protegidos en su hogar y en la escuela y han mantenido intacta la tradición democrática de sus padres y abuelos. Son los integrantes de los cuadros estudiantiles que se han levantado en contra del régimen y han sufrido heroicamente sus crueles represiones. Ellos formarán la base de una mejor Venezuela futura. ¿Cuántos son? No es posible saberlo pero sí parece claro que representan una minoría de la población de esa edad (la masa no estudiantil o sin ocupación es mayor), por lo cual tendrán que cargar con el peso muerto de una significativa población parásita e ignorante de sus deberes ciudadanos.

QUIENES TENÍAN 20 AÑOS Y HOY TIENEN 40 AÑOS.

Cuando Chávez llegó al poder este grupo estaba listo para entrar a la universidad o al mercado de trabajo. Quienes entraron a la universidad experimentaron las frecuentes interrupciones de la actividad universitaria y la  caída en la calidad de la educación, así como la restricción de sus oportunidades de estudio superior, por lo cual muchos tuvieron que irse a estudiar al exterior.  De nuevo, la mayoría no pudo hacerlo y, quienes se quedaron y no pudieron ir a las universidades más prestigiosas, debieron ir a las nuevas universidades llamadas bolivarianas o a los institutos universitarios creados a toda prisa por el régimen, instituciones que han producido una clase de pseudo-profesionales mediocres. Quienes fueron a trabajar vivieron una primera década de gran bonanza económica, debida a los ingresos petroleros, pero luego una década de contracción económica que terminó con el sueño de muchos de lograr la consolidación de su situación económica, lo que si había sido posible para sus padres durante esta etapa de sus vidas. En lugar de progresar de clase trabajadora a clase media o de clase media a clase alta, estos venezolanos debieron aceptar una declinación en su capacidad de generar ingresos y, como resultado, su empobrecimiento y un bajón en la escala social. La excepción a esta tendencia fueron los llamados bolichicos, una minoría de “niños bien”, de familias ya adineradas, quienes se encargaron de asaltar al erario público junto con sus cómplices del régimen y hoy viven derrochando dinero en Europa o USA, donde tienen mansiones millonarias. Esta minoría de super- ladrones está plenamente identificada y muchos de sus integrantes irán a parar a las cárceles estadounidenses o europeas

QUIENES TENÍAN 40 AÑOS Y HOY TIENEN 60 AÑOS

Quizás este es el grupo que ha tomado, en mayor proporción, el camino al auto-exilio. Estos son los años de mayor productividad para el individuo. Mientras los honestos de este grupo sufrieron grandes privaciones los ladrones se llenaron los bolsillos en complicidad con los civiles y militares corruptos del régimen. Muchos de los honestos optaron por irse del país y, lamentablemente, muchos de ellos nunca regresarán. Es probablemente en este grupo  que el país por construir ha sufrido su mayor pérdida permanente de talento y de buenos ciudadanos. Muchos de sus miembros han perdido la confianza en los lideres políticos tradicionales, pues los han visto plegarse al régimen, unos, y guardar sumiso silencio, otros. Hoy en día estos venezolanos están dispersos por todo el mundo, añoran a su país, sí, pero ya poseen la madurez necesaria para sentirse ciudadanos del mundo.

QUIENES TENÍAN 60 AÑOS Y HOY TIENEN 80 AÑOS

Pertenezco a este grupo, inclusive soy un tanto mayor, ya que salí de Venezuela a los 70 años y hoy tengo casi 86 años. No he regresado pero, en muchos sentidos, nunca me he ausentado.  He vivido y vivo directamente esta experiencia. Soy de los más afortunados porque mis hijos ya estaban en USA y ellos fueron quienes hicieron posible no solo nuestra salida de Venezuela sino la obtención de nuestra residencia y posterior ciudadanía. Durante nuestra estadía fuera de Venezuela ellos han sido nuestro principal apoyo en todos los órdenes. Pero soy parte de una minoría porque el grueso de quienes hoy están en esta etapa de sus vidas viven en la Venezuela de Chávez/Maduro y quienes tienen pensiones las han visto disolverse como la sal en el agua, están imposibilitados de viajar y han visto descender dramáticamente su calidad de vida en una etapa en la cual todos los seres humanos aspiran a tener una vejez tranquila y libre de las angustias de la pobreza. Profesionales quienes estaban acostumbrados a un alto  nivel de vida se encuentran hoy empobrecidos. No solo nos hemos empobrecido económicamente sino espiritualmente porque tenemos conciencia de que dejaremos un país en caos y que  nuestra capacidad de hacer aportes para revertir el desastre ha decrecido sustancialmente. La inmensa mayoría solo puede ser espectadora pasiva del desastre venezolano. Ha sido triste para nuestro grupo haber nacido en una Venezuela amable y cordial, actuado en democracia, pero tener que abandonarla hecha pedazos, en manos de criminales, narcotraficantes, mitómanos y analfabetas.

UNA SUMA TRÁGICA Y EL SÍNDROME DEL TUERTO ANDRADE

Cuando se agregan los impactos negativos que los dos grandes bandidos Chávez y Maduro y su pandilla cívico-militar han tenido sobre estos grupos etarios podemos advertir que lo que pensábamos era una sola tragedia no es uniforme sino que, en muchos sentidos, se potencia por las múltiples formas de agresión que la población venezolana en sus diferentes etapas cronológicas ha tenido que soportar. El efecto combinado de esta tragedia sobre la Venezuela futura será muy grande y retardará el surgimiento de una nueva Venezuela porque, en muchos aspectos, habrá que empezar desde cero o desde el subsuelo económico y espiritual. Más que nunca será necesario un liderazgo honesto, sacrificado e inspirador, programas masivos de educación ciudadana, políticas de estado que abran el país al mundo civilizado y la estructuración de nuevas actitudes colectivas que impidan el regreso de la horrible pesadilla del crimen, del narcotráfico y de la ignorancia en plan de gobierno.

El punto de partida para una nueva Venezuela tendrá que ser el más rotundo rechazo a esta marabunta criminal del chavismo/madurismo y la aplicación de la más severa justicia a quienes arruinaron material y espiritualmente al país. Darles amnistías, perdones, vías de salida y hasta ventajas electorales como pretenden algunos compatriotas sería barrer la basura debajo de la  alfombra y pretender que el país está limpio de la podredumbre. Ello condenaría  al país a permanecer indefinidamente en la mediocridad.

No permitamos que nos derrote lo que podríamos llamar el Síndrome del Tuerto Andrade, quien se roba mil millones de dólares, delata a sus cómplices, las autoridades le quitan $950 millones pero le dejan algunos millones y algunos caballos para que pase una vejez tranquila después que salga de la cárcel.

 

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