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Alfredo Michelena: Abrams, el “aguafiesta”.

 

En Venezuela se adelantan dos juegos de guerra: uno por el rescate de la democracia y la prosperidad de un país arruinado, que está afectando negativamente la región; y otro de carácter geopolítico donde los EE.UU. está calibrando su acción frente a la penetración en su área de influencia de potencias extracontinentales. “Por ahora”, la opción militar está suspendida y quizás no sea el tema doméstico ni menos el artículo 187-11, el que la desencadene.

Para los cultores de la intervención humanitaria, esos que se soliviantan con aquello de “todas las opciones están sobre la mesa”, los que le han venido insistiendo a Guaidó que invoque el artículo 187, numeral 11 de la Constitución, que da potestad a la Asamblea Nacional a autorizar misiones militares en el país, Elliot Abrams les aguó la fiesta.

Cuando Guaidó les insistía que eso no era como tomar el teléfono y ordenar una pizza  lo tildaban de cobarde, de indeciso, de que en el fondo nos quería vender al mejor postor. Ninguno hasta ahora se ha disculpado. Es que no depende de él.

Por allí los de la corriente de “radicales libres”, muchos ligados a la llamada “diáspora tóxica”, esos que siempre andan diciendo lo que se debe o no se debe hacer, pontificando y juzgando a los que no los siguen, se fueron raudos a Twitter y montaron videos en Youtube dejando claro que no están de acuerdo con Abrams y que en últimas es culpa de Guaidó por no haber invocado el 187-11 a tiempo. Sin decirlo, lo acusan del sufrimiento de los venezolanos por haberse retrasado y se escudan diciendo que es que Abrams quien no entiende la urgencia.

Lo que ellos no entienden o no quieren entender es que primero la decisión de invadir o intervenir la tomarán los estadounidenses y luego se invocará en 187-11.  Y para eso, como lo dijo Abrams, primero los EE.UU., Europa, América Latina y Canadá deben convencerse de que es “momento de una reacción militar”. No es solo la gravedad de “una situación que está empeorando en Venezuela cada día”, es que hay un  problema geopolítico.

Nuestra urgencia no es la urgencia de los otros. Nuestro timing no es el timing de los otros.  ¿Cuándo coincidirán? O ¿cuándo la urgencia de los venezolanos estará en primer plano regional e incluso mundial?

Antes de responder esa pregunta hay que dejar claro que Abrams lo que dijo es que era “prematuro” invocar el artículo y segundo que todavía hay la disposición “…una carta de opciones y cosas que podemos hacer contra el régimen y que lo van a afectar muchísimo. Tenemos medidas muy fuertes preparadas”. Lo quirúrgico, como decía mi papá que era médico, es la última opción.

Venezuela se está volviendo un  problema geopolítico mundial. Independiente de que exista una crisis humanitaria, nuestro país se ha convertido en un problema no solo para los vecinos por la estampida migratoria que se ha producido sino que es pieza clave en el tablero de juego de las potencias mundiales. Rusia, que reciente haber perdido mucho con el derrumbe del Muro de Berlín y la incorporación de la mayoría de las “repúblicas soviéticas” a la Unión Europea, además de haber sido sancionada por la anexión de Crimea y la guerra en Ucrania, está jugando a “poner una pica en Flandes” en el patio trasero de los EE.UU. Por eso la aparición de militares rusos en Venezuela ha encendido una luz roja en Washington que demandó la salida de los rusos de Venezuela. El Secretario de Estado ha considerado el hecho como una escalada de la situación y ha ido más allá al plantear el asunto en la OTAN. Incluso Abrams habló de más sanciones contra Rusia por estas acciones

Como vemos aquí hay dos procesos: la búsqueda de la vuelta a la democracia en Venezuela y el impacto o efecto Venezuela en la región, pero también la confrontación geoestratégica de potencias por Venezuela.

Son planos de confrontación muy diferentes. Simplificando el asunto, en el primer plano el objetivo es sacar a Maduro y palear la crisis humanitaria; en el segundo, es sacar a los rusos, a los cubanos, a los iraníes e incluso a los chinos de la zona de influencia de EE.UU y en general de occidente, en términos militares y políticos. Claro que ambos planos se articulan, pero tienen diferentes motivaciones y reglas del juego. Por otra parte, la participación de los venezolanos y del presidente Guaidó es más importante en una que en otra.

Lo importante es tener claro que la decisión de una intervención militar humanitaria no necesariamente depende del agravamiento de la crisis humanitaria y política doméstica y su efecto en el vecindario sino que puede ser precipitada por el tema geopolítico global y esa decisión no pasa por Caracas.

 

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