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La revolución chavista ha hecho de Venezuela el Haití del siglo XXI

 

Ya no se puede comparar al régimen de Maduro con la dictadura castrista. Después de todo ha llevado al país a un nivel más bajo: al del Haití de los Duvalier.

Pedro Benítez (ALN)

Probablemente el régimen más catastrófico que ha padecido Latinoamérica fue el de la familia Duvalier en Haití, hasta que el ascenso del chavismo al poder en Venezuela lo superó.

Cuando el medico François Duvalier accedió a la Presidencia de Haití en 1957, este era un país pobre pero no miserable. De hecho, la década que le precedió fue de una modesta prosperidad para los haitianos gracias a la llegada de inversiones extranjeras, al turismo internacional y a cierto desarrollo de sus infraestructuras.

Duvalier (o Papa Doc como también se le conocía) era un reconocido especialista en epidemiología antes de iniciar su carrera política y fue elegido democráticamente presidente en 1957. Pero una vez en el ejercicio del poder comenzó a aplicar tácticas típicamente populistas con la intención de más nunca abandonarlo.

Pese a los abusos, el gobierno de Papa Doc gozó por varios años de respaldo popular gracias a su hábil explotación política de los resentimientos sociales y a sus gestos populistas. Pero en noviembre de 1985, luego de años de corrupción generalizada, pillaje y colapso del Estado, el pueblo haitiano se sublevó

Así, por ejemplo, comenzó a promover la confrontación de la mayoría negra contra la élite mulata del país. Renovó la religión vudú para afianzar su influencia sobre la población. Depuró al Ejército, y creó una milicia de voluntarios conocidos como los Tonton-Macoutes. Estos eran sus brigadas de choque, que usó primero en contra de la oposición política y posteriormente de manera generalizada contra el resto de la población cuando su gobierno se hizo más brutal y represivo.

Los Tonton-Macoutes llegaron a tener 40.000 hombres armados frente a los 7.500 efectivos del Ejército; y para pagar su lealtad se les permitió financiarse mediante el contrabando, la extorsión y otras actividades criminales.

Paralelamente a todo esto François Duvalier hizo aprobar una nueva Constitución, introdujo en la misma (no podía ser de otra manera) la reelección presidencial indefinida y concentró todos los poderes en su persona. Sin embargo, no conforme con esto se proclamó presidente vitalicio con derecho a designar a su sucesor, que cuando falleció en 1971 terminó siendo su hijo Jean Claude Duvalier.

Este gobernaría al frente del Estado criminal y de terror que impuso su padre hasta 1986. En total 28 años y cinco meses de poder absoluto en los cuales la familia Duvalier (y sus socios) monopolizaron todos los sectores de la economía en provecho propio, llevando a cabo un sistemático saqueo de Haití hasta dejarlo en la más absoluta ruina.

 

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