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La opción militar en Venezuela también divide al gobierno de Bolsonaro

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el vicepresidente, Hamilton Mourao, chocan en sus declaraciones sobre una intervención militar en Venezuela. Bolsonaro no descarta esa opción. Algo que para los expertos consultados por ALnavío es una muestra más de “discurso populista” que pretende atraer a las bases en un momento en el que la popularidad del presidente está por los suelos. A lo que se suma la destitución de dos ministros en 100 días de gobierno.

María Rodríguez (ALN)

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el vicepresidente, Hamilton Mourao, protagonizaron este lunes una nueva muestra de que el Gobierno brasileño es una coalición enfrentada y abiertamente heterogénea. El motivo esta vez fue la posibilidad de una opción militar en Venezuela.

Bolsonaro aseguró que, en caso de que se produzca dicha intervención, consultará al Parlamento brasileño y al Consejo de Defensa Nacional la posibilidad de participar en ella o no. Es decir, que Bolsonaro a priori no descarta esa vía. Así lo dejó ver el presidente en una entrevista con la radio local Jovem Pan, aunque agregó que una acción militar en Venezuela puede llevar a acciones de guerrilla y tomar demasiado tiempo.

El vicepresidente Mourao contradijo a Bolsonaro, aunque sin citarlo directamente

Ese día, pero desde Washington, el vicepresidente Mourao contradijo a Bolsonaro, aunque sin citarlo directamente. Tras una reunión con el vicepresidente estadounidense Mike Pence, Mourao, general retirado del Ejército, afirmó que no es partidario de una intervención militar para solucionar la crisis en Venezuela.

“Ninguno de nuestros países (por Brasil y EEUU) irá a intervenir en Venezuela de manera militar. La intervención ya está siendo hecha y es política y económica”, subrayó Mourao en rueda de prensa tras la reunión con Pence.

Para Mourao, “es una tarea de las fuerzas armadas de Venezuela hacer un trabajo de neutralización” de los llamados colectivos que apoyan al chavismo para que entonces “se pueda llegar a una solución concertada para la salida” de Nicolás Maduro del poder.

Este choque indirecto de declaraciones es “el perfecto retrato de lo que es el Gobierno brasileño. Una coalición heterogénea y enfrentada. Y entre todos está Bolsonaro, que debía arbitrar entre las distintas posturas y tendencias, pero está demostrando falta de capacidad de arbitraje”. Así lo ve Rogelio Núñez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares.

Además, el sector militar del Gobierno está en contra de la intervención “porque como buenos pragmáticos que son, saben los costos, no sólo económicos, de una intervención en Venezuela”, apunta Núñez.

Para la politóloga Susanne Gratius, las declaraciones de Bolsonaro sobre intervención militar “son propaganda. Es un discurso populista. Es un poco como Donald Trump, que dice cualquier cosa, pero luego los que tienen el poder [de facto] son otros (el Congreso y otros factores). La única declaración oficial que tenemos es la del Grupo de Lima, donde dicen no específicamente a una solución militar. Lo dicen claramente. Y Brasil es miembro del Grupo de Lima”. Gratius es profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora senior del Centro de Información y Documentación Internacional de Barcelona (Cidob).

Núñez va más allá y considera que aparte de “populismo, que también”, la última declaración de Bolsonaro “es un intento de atraer o de mandar un discurso a sus bases, bastante debilitadas, entre otras cosas porque está perdiendo popularidad”.

Y es que Bolsonaro llega a los 100 días de gobierno con la popularidad por los suelos. Sólo 32% considera que está haciendo una gestión muy buena o buena por el país. 30% la califica de mala o muy mala, según una encuesta de Datafolha. Se trata del peor escenario si se compara con la popularidad que tenían luego de tres meses en el gobierno los expresidentes Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Cabe recordar que en los primeros meses de gobierno, Bolsonaro vivió varios episodios de desgaste político. Por un lado, las acusaciones al hijo del presidente, Flavio Bolsonaro (senador nacional), de supuestas transferencias de dinero sospechosas. Por otro, la inestabilidad del Ejecutivo. Bolsonaro ya removió al ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gustavo Bebianno Rocha, salpicado por un escándalo de financiación irregular de la campaña electoral. Además, el presidente destituyó este lunes al ministro de Educación, Ricardo Vélez, debilitado por disputas internas de poder. El segundo ministro de Bolsonaro que cae en 100 días de gobierno.

“El gran problema es que Bolsonaro no está siendo capaz de mediar y de ser el factor de equilibrio y de unidad del Gobierno, que es lo que tiene que hacer un presidente”, explica Núñez.

En este sentido, “Bolsonaro no está sabiendo mantener una coherencia en su Gobierno. A veces parece más otro ministro, opinando. La palabra del presidente tiene que ser la definitiva. Pero en la mayoría de las ocasiones, las palabras de Bolsonaro no acaban una polémica, sino que intervienen dentro de la polémica, sin encauzarla hacia una línea definitiva. Y eso no es ser presidente”, concluye Núñez.

 

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