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José Manuel Rodríguez: Sorprende él sin prisa

 

Es lo más notorio en las actuaciones gubernamentales. Llaman a tener la paciencia de quien espera un prodigio. Y como el gobierno se lo cree da bandazos mientras se elabora un plan durante más de un año. Como si fuera una tesis doctoral en planificación. Mientras tanto, las políticas monetarias van por cuenta propia, el combustible se regala y los avatares de la guerra que nos montó la derecha internacional, nos desbarata la vida.

Bueno, ya tenemos ese densísimo plan. Un bulto de cuatrocientas catorce páginas. Es la exhaustividad plena de todo convencido tecnócrata, por eso, no tiene nada que ver con una “hoja de ruta”, que fue como lo llamó el ministro de la planificación. No me imagino que puede haber hecho la ANC con esa pesadez más allá de darle el visado requerido. Lo que sí hay en él, y con abundancia, son referencias para cualquier actuación puntual de la diversidad gubernamental.

Lo del combustible sigue en el misterio. No hay prisa, dijo una vez el Presidente. Que centenares de cisternas anden diariamente por calles y carreteras del país llenas con 35 mil litros de gasolina cuyo valor es menor al de un cafecito negro, guarda tanta relación con la vida como una rueda con la pierna… (Así se refería Apollinaire al surrealismo). Por cierto, qué será lo que lleva a los concesionarios de las gasolineras a operar un negocio donde cualquiera de sus empleados gana muchísimo más que ellos.

Pero donde la irracionalidad se convierte en tragedia, es con la violencia política. Es demasiado grave que, para no sensibilizar más a una opinión pública foránea manipulada por los medios de comunicación, el Estado deje al grupo insurrecto que antes trancaban nuestras calles con barricadas, interrumpiendo la producción, el estudio y la administración de los asuntos públicos, bombardear ahora el sistema eléctrico nacional y llamar a la invasión y bloqueo del país por fuerzas extranjeras. El suponer que con ellos tampoco hay que apurarse, no hace discrecional la ley ni divina la justicia; sólo muestra el atascamiento del país en la cultura del tutelaje milagroso. Porque esa es la verdadera hoja de ruta.

 

 

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