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Enrique Contreras Ramírez: La universidad que tenemos

 

Tiene en sus entrañas un caballo de Troya.

La universidad latinoamericana no puede seguir rindiéndole culto a ese caballo de Troya del eurocentrismo, no podemos seguir desconectados de la realidad histórica de nuestra propia cultura, de nuestros saberes originarios. No se puede seguir ofreciendo una visión fragmentada, además de ciega y mutilada.

Siempre he pensado, al igual que muchos otros, que nuestras universidades vienen graduando analfabetas funcionales, porque nuestras universidades son funcionalistas, además del complejo de inferioridad que arrastramos desde la colonia, donde desde ese colonialismo alienante se ha creído que la cultura eurocentrista es “superior” a nuestra cultura latinoamericana. Hasta el presente, no nos hemos podido desprender de ese colonialismo y desde ese colonialismo pretendemos ver nuestra realidad con categorías ajenas que impiden ver las trampas y engaños de un racionalismo que opera desde el positivismo, pasando por el funcionalismo, el estructuralismo, como del propio marxismo.

Es éste escenario el que nos ha impedido pensar como nosotros y copiar lo de ellos, entendiendo que es una copia inducida e impuesta. Se que atreverse a decir  y afirmar estos juicios de valoración choca y enfrenta a los que siguen creyendo que nuestras universidades alberga, sobre todo en sus docentes, el privilegio del conocimiento, de la intelectualidad, de la sabiduría, sin darse cuenta que al no admitir esta realidad “el intelectual queda reducido a un especialista, un profesional que toma su trabajo como un simple modus vivendi, replegándose hacia el estrecho ámbito de lo académico, a la paz de los claustros. No asumirá riesgos de ningún tipo, y sus escritos no serán libres actos del pensamiento, sino un artesanal ensamblaje de textos ajenos, de citas muy bien especificadas para que nadie piense que las hace suyas. Sólo se preocupara por la hipótesis de su investigación, las que siempre terminaran comprobándose, pues cuando se navega  por un mar tan calmo se llega sin problemas a buen puerto.” (COLOMBRES, Adolfo. América como civilización emergente. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2004. PP. 190).

De allí que nuestras universidades, no puedan dar a sus estudiantes un saber propio y reflexivo y menos al colectivo social, capaz de ofrecer a nuestra gente los instrumentos o herramientas para que pueda operar sobre si misma con sentido transformador. El eurocentrismo nos ha impedido el pensar como nosotros y nos ha puesto al servicio –en el ayer y en el hoy- a favor de sus intereses, subordinados a su poder.

La ausencia de una pedagogía transformadora y donde ya no hay debates serios, nos esta señalando cierta complicidad de los llamados “intelectuales” con la lógica del vacio, con la retorica del que dice y dice y no dice nada.

Justificar lo injustificable

Pero ¿cómo puede nuestra universidad asumir el destino de encontrar un camino propio, con una “intelectualidad” colonizada, alienada y además acomplejada, que ve en el eurocentrismo el  “verdadero conocimiento” y que desconoce y minimiza el pensamiento producido  en nuestro espacio latinoamericano? En esa mente colonizada y alienada esta o se encuentra el caballo de Troya que entra a la universidad a reproducir el modelo de dominación que hoy el paradigma globalizador ejecuta, sin otro objetivo que dominar y doblegar a nuestros pueblos, con el sólo propósito y fin de explotar los recursos naturales que guardan nuestros suelos y mantener en la ignorancia a cientos y miles de latinoamericanos que actúan como zombis, para que no se percaten de la perversidad que desarrollan en nuestros suelos los dueños del gran capital, con el silencio cómplice de nuestros gobiernos que actúan como vulgares celestinos de los grandes conglomerados  recolonizadores de nuestro continente.

Decir y señalar estas cosas, tiene que llamarnos a la reflexión, es colocar en el centro de la mesa la discusión necesaria, porque cualquiera sea las circunstancias académicas en las que nos desenvolvemos, la simple acotación del pensamiento ajeno, no puede establecer nunca un pensamiento propio. De seguir en esta situación de justificar lo injustificable, de justificar siempre el pensamiento propio con la referencia del pensamiento anglo-americano es y esta predeterminado ese “saber” por la gran influencia inherente al colonialismo presente en la universidad que tenemos.

La universidad nuestra no puede seguir rindiéndole culto a ese caballo de Troya, no podemos seguir desconectados de la realidad histórica de nuestra propia cultura, de nuestros saberes originarios. No se puede seguir ofreciendo una visión fragmentada, conocimiento fragmentado, en última instancia abstracta. No cumple con las necesidades humanas de la vida, ​ni​​ las necesidades del mundo contemporáneo. Hoy en día, la universidad  no enseña ​a comprender  el mundo o de cómo hacer frente a las inseguridades, el resultado de esta situación es un conocimiento ciego y mutilado.

Nuestra universidad no quiere saber y si sabe se convierte en cómplice, como el paradigma globalizador esta destruyendo de un modo implacable la memoria histórica de los pueblos, su ética, su idiosincrasia, su pensamiento y frente a esto no hay un critica dura y responsable – salvo algunas excepciones- de allí que nuestra universidad debe buscar un camino propio si quiere sacar el caballo de Troya de sus recintos y para tales fines se hace necesario, insertarse en el proceso histórico de éste nuestro continente Abya Yala, en escenario económico, político y social propiamente dicho, con una posición abierta, de apertura hacia las transformaciones necesarias y viables frente a un mundo globalizado, que impide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos y de esta manera estaría cumpliendo con su verdadero papel histórico, donde sus aportes estarían señalando parte del camino que debemos recorrer.

 

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