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El País / Editorial: Ataque a Guaidó

 

El intento del régimen de Nicolás Maduro de apartar de la política al presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, constituye un nuevo paso en la dirección equivocada a la hora de encontrar una salida viable a la crisis institucional y política —y a la catástrofe económica— que vive el país sudamericano.

La inhabilitación emitida por la Contraloría General de Venezuela —organismo dirigido por el chavismo encargado de fiscalizar las instituciones públicas— no es más que una burda maniobra sin ninguna credibilidad cuya finalidad es preparar una futura acción pseudolegal contra Guaidó, lo que sin duda empeorará aún más —si es que ello es posible— la situación.

En primer lugar, Guaidó es el presidente legítimo de la Asamblea Nacional. Ha sido elegido de manera absolutamente legal por el órgano que encarna la soberanía nacional venezolana. Una institución que —en flagrante incumplimiento de la Constitución— Maduro lleva largo tiempo intentando menoscabar y despojar tanto de su representación como de sus competencias. Pero además Guaidó es el presidente encargado de Venezuela tal y como le han reconocido tanto un importante sector de la sociedad venezolana como los Gobiernos más importantes de la comunidad democrática internacional. Es la persona legitimada para pilotar la transición de Venezuela a la democracia, su vuelta a la comunidad internacional y a la normalidad en la vida de sus ciudadanos.

Mientras Maduro y las instituciones chavistas siguen perdiendo el tiempo en argucias legales que disfracen su nula voluntad de diálogo para poner fin a una peligrosa situación político-social, Venezuela sigue hundiéndose en la pobreza material, la inseguridad ciudadana y el desprestigio internacional. Ante esta situación es importante que el presidente encargado y sus colaboradores mantengan la cabeza fría y continúen insistiendo en las vías pacíficas para revertir la situación que vive su país. No cabe duda de que una de las estrategias del chavismo consiste en forzar a la oposición a reclamar medidas drásticas —como una inaceptable intervención militar extranjera— que los presente como agresores de su propio país que únicamente persiguen el poder. No puede ser así. Guaidó goza de un amplio respaldo en el mundo democrático y es importante tanto hacérselo sentir como que él mismo sea consciente de ello.

Maduro está causando un gravísimo daño a Venezuela y cualquier nuevo paso contra Guaidó no haría sino empeorarlo. En su mano está todavía hacer un servicio a su país apartándose de su cargo y permitiendo la transición hacia una verdadera democracia.

 

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