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Earle Herrera: La guaidonada implosiona

 

Patético autogol. Todas las opciones estaban sobre la mesa para Trump, excepto la implosión de lo que las ciencias políticas conocerán como “Experimento Guaidó” (algún día, cuando se estudie el fallido fenómeno en profundidad, se sabrá qué cosa fue).

El último naufragio ocurrió en el fútbol, allá en Madrid, cuando antes del encuentro en que la Vinotinto demolió 3 a 1 a la Albiceleste de Messi, el emisario del autoproclamado embarró el césped. A estos pavosos heraldos del susodicho ni siquiera los gobiernos reaccionarios y proyanquis los llaman “embajadores”, sino “representantes personales”. ¡Foul!

Ni la brutal arremetida de la mediática mundial contra la revolución bolivariana, ni todos los bloqueos inhumanos e ilegales del imperio, pueden ocultar la implosión de la opción injerencista encarnada en el autointerino, a quien muchos sicólogos obstetras, en lugar de “cachorro del imperio”, llaman “El bebé de Rosemary”, vaya usted a saber por qué.

Más que el fracaso interno de un “gobierno” que no gobierna, sin territorio, gabinete, programa ni ideas, lo que está pulverizando al autoproclamado es el ridículo internacional que algún cronista especializado llamó “diplomiasma”. Cuando el emisario Antonio Ecarri encharcaba la grama del estadio Metropolitano de Madrid, la gran China le decía a su “colega” ante el BID, Ricardo Haussmann, que solo aceptaba a los diplomáticos del gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro. ¡Tarjeta roja!

Antes, la emisaria personal en Costa Rica asaltó la embajada de Venezuela en ese país y el gobierno del mismo, pro imperialista y todo, la echó de la sede diplomática. En Brasil, no hubo recibimiento oficial al autointerino y, en su lugar, lo protestaron movimientos sociales cantándole “Patria, patria, patria querida”. Y Borrel, el pitiyanqui canciller español, dice que busca la manera de tratar al “representante” del interfecto sin violar el derecho internacional. ¿Cómo?

La opción injerencista de Trump implosiona con su autointerino, como un balón que se desinfla en el punto de penalty. El naufragio más reciente fue con la Vinotinto. Y nada más patético que el rostro del futbolista que mete gol en su arco. Eso está descubriendo la crónica deportiva, que el autoproclamado tiene cara de autogol. Míralo bien.

earlejh@hotmail.com

 

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