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José Manuel Rodríguez: Fe y socialismo

 

Hace poco escribí algo sobre las verdades poseídas y me llegaron opiniones polémicas, así que trataré de profundizar en ello, cosa nada fácil. Alguien que no recuerdo, describió con claridad las verdades poseídas: un estado de la mente en el que un individuo tienen como verdadera la interpretación que hizo sobre un suceso o cosa… Pues bien, es a eso que me refería, al baipaseo de las áreas analíticas del cerebro. Lo llaman fe.

Evito cuestionar las convicciones religiosas cuando ellas tienen que ver con la íntima espiritualidad de cada quien. Pero, cuando se hacen análisis políticos no sobre hechos sucedidos sino sustentados en verdades poseídas, se pone en evidencia un claro desprecio por quienes escuchan o, es una irritante estupidez. Lo primero es repudiable, lo otro irremediable

Decía Nietzsche en su breve libro “La verdad y la mentira”, que hay gente que inventa irrealidades hasta hacerlas creíbles para lograr transformar la fe en realidades. Y nuestro Briceño Guerrero escribió: Sólo existe realidad y consciencia… Y lo complementaba de esta manera: la realidad es estructura, la consciencia no… Colocaba el conocimiento en la realidad, en tanto fuera verdadero… Entendamos con sencillez la palabra consciencia: la capacidad de reconocer y percibir la realidad…

El desprecio por la gente es propio de ideologías conservadoras y patriarcales. Se manifiesta, sobre todo, con la ausencia sistemática de evidencias que acompañe sus argumentos. Lo asumen como verdad de Perogrullo, aunque en realidad es la forma de disimular aquel “lo que sirva a mis intereses es bueno”. De ahí que conviertan en su amen la expresión de todos los gurús de derecha: la sociedad no existe, existen los individuos… Y tienen de su lado la hegemonía económica, política y cultural en buena parte del mundo para convertir la sinrazón en “razón instrumental”.

Peor aún es que tal baipaseo analítico ocurra también en la izquierda. Los que luchamos por el socialismo ya hemos vivido las terribles consecuencias de arrojar sombras sobre la voluntad colectiva. Ha sido totalmente intencional que la dirección en la construcción del Estado socialista, no sea, como decía Cabrujas, un asunto contingente, sino la excusa para convertir el protagonismo de la sociedad en florero.

 

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