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Antonio Sánchez García: Cuba, Venezuela, EEUU y la guerra fría

 

El resonante éxito de la visita de Jair Bolsonaro a Chile, aclamado públicamente por un pueblo que bebió de la cicuta y fuera salvado in extremis por la acción libertadora de sus ejércitos, cuyo ejemplo ve reflejada en la grandeza del presidente del Brasil, expresa que esa intervención humanitaria está en el corazón de los pueblos americanos, liberados por acción de la intervención humanitaria del General Simón Bolívar y el Mariscal Francisco José de Sucre. Es la hora de volver a nuestros orígenes: es la hora de la intervención humanitaria.

“No es la guerra fría, es Venezuela”, titulaba un reportaje del periódico El País, de España. Se refería a un conflicto que ha saltado del “patio trasero” al centro del escenario mundial. Y ya involucra como principales protagonistas de un ajedrez del que Venezuela es el principal motivo, factor y pretexto en juego, a las principales potencias mundiales: Los Estados Unidos, Rusia y China. Que se ven, como en los tempranos años sesenta, devueltos a los siniestros aires de la Guerra Fría. Cuando John F. Kennedy y Nikita Jrushov estuvieran a un tris de trenzarse en un conflicto de dimensiones apocalípticas en la disputa por los misiles nucleares estacionados a pocas millas de Florida, precisamente para provocar esa guerra contra la democracia americana, sueño personal de Fidel Castro y del castro comunismo cubano. El mismo que tras sesenta años y la muerte de su principal impulsor continúa siendo el alma y el motor de la existencia de Cuba y la izquierda socialista latinoamericana, que sobrevive a pesar de la muerte del Che Guevara, Salvador Allende, Néstor Kirchner, la prisión de Lula da Silva y la derrota del más amplio y fructuoso ciclo de ataque del marxismo leninismo en América Latina.

Es un signo indiscutible de la derrota de los sectores liberales y democráticos de la región ante la porfía de lo que bien puede considerarse una inveterada pandemia regional: el socialismo. Que a pesar del brutal fracaso del castro comunismo cubano en lograr lo que algunos de sus archienemigos, como el liberalismo chileno, han logrado precisamente sobre la derrota de Fidel Castro en todos los terrenos de la praxis política – el electoral, el bélico y el diplomático – y de sus versiones más edulcoradas, como las de la socialista chilena Michelle Bachelet, los petistas brasileños Lula da Silva y Dilma Rousseff y los peronistas de extrema izquierda argentina Néstor y Cristina Kirchner, con todos sus fracasos presidenciales a sus espaldas, y fundamentalmente gracias a la acción determinante del principal enemigo del castrismo, el de las fuerzas tradicionales representadas por las derechas, el general Pinochet y las fuerzas armadas chilenas, argentinas, uruguayas y brasileñas – un hecho de dimensiones histórico regionales que la civilidad, en un acto de sorprendente ceguera política, no alcanza a reconocer – : echar a andar un poderoso movimiento de progreso y recuperación socio económica, como nunca visto en la historia precedente de la región.

Como lo señalara en un artículo escrito hace algunos años y reeditado en julio de 2018 en mi blog de Noticiero Digital,La dictadura: Cuba y Chile, análisis comparativo ) la ventaja de los regímenes democráticos, incluso dictatoriales, basados en el respeto al sistema capitalista y la economía de libre mercado, frente al socialismo dictatorial y autocrático y su economía cerrada de planificación estatal, es indiscutible: todos los países del Cono Sur experimentaron notables índices de crecimiento bajo regímenes de fuerza, mientras la Cuba castro comunista se hundía en el peor pantanal de la miseria experimentado por país alguno en la región. Lo que en el caso venezolano riza el rizo del absurdo: el país potencialmente más rico de América Latina ha caído bajo la implementación del modelo cubano a una crisis humanitaria, material, económica y espiritual incluso más devastadora que la sufrida por Cuba

Grave no es que las fuerzas socialistas, enceguecidas por el fanatismo ideológico y la pasión política, aún a redropelo de los intereses de sus propios pueblos, continúen seducidas, encandiladas y enceguecidas por una estafa que promete el paraíso y arrastra a los infiernos; lo verdaderamente grave es que las fuerzas y los gobiernos liberales, democráticos e inclusivo conservadores de la región se nieguen a comprender el cáncer virtual que las amenaza: que el castro comunismo continúe su cruzada contra el progreso y la libertad, la convivencia pacífica y la prosperidad mediante la guerra asimétrica de la estafa, el engaño, el quinta columnismo, la violencia y la devastación, el uso de ejércitos cubanos invasores, mafias y pandillas criminales, el narcotráfico y el terrorismo global. Grave es que los sectores democráticos se nieguen a ver de frente al enemigo y decidan combatirlo con sus propios medios: las armas. Y aún más grave es que asistan pasivamente al exterminio del pueblo venezolano y en nombre de principios absolutamente extemporáneos, periclitados y contraproducentes, como el de la no injerencia aún en tiempos de guerra, le nieguen a Los Estados Unidos el derecho a intervenir, convalidado política, diplomática y jurídicamente por las Naciones Unidas – el ya establecido y reconocido Right to Protect – capturando a las pandillas asesinas y expulsando a los invasores cubanos, cuya injerencia permitieran. Una política que maniató a los demócratas norteamericanos y permitió el establecimiento de una base de exterminio soviético que lleva sesenta años torturando y masacrando al pueblo cubano y ha constituido desde el asalto al poder por el castro comunismo el principal factor de inestabilidad y conflictos, muchos de ellos con miles de víctimas, en muchos países de América Latina. Incluso de África. Putin es la máscara de Nikita Kjruchov, como Díaz Canel y Nicolás Maduro son las de Fidel Castro. Nihil Novum Sub Sole.

El resonante éxito de la visita de Jair Bolsonaro a Chile, aclamado públicamente por un pueblo que bebió de la cicuta y fuera salvado in extremis por la acción libertadora de sus ejércitos, cuyo ejemplo ve reflejada en la grandeza del presidente del Brasil, expresa que esa intervención humanitaria está en el corazón de los pueblos americanos, liberados por acción de la intervención humanitaria del General Simón Bolívar y el Mariscal Francisco José de Sucre. Es la hora de volver a nuestros orígenes: es la hora de la intervención humanitaria.

 

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