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Oscar Morales: Desapareció el valor del trabajo

 

Tal como se recompensa hoy, el trabajo no tendría valor. Cualquiera que viva de sus remuneraciones salariales, definitivamente no vive. Forzosamente, un trabajador debe buscar otro ingreso para solventar mínimamente sus necesidades básicas. En esa búsqueda de alguna renta, lo más común es que encuentre en la informalidad, el mercado negro y la corrupción, su salvavidas.

Como vemos, un Estado Fallido tampoco garantiza el valor del trabajo y sus habitantes subsisten con una miseria salarial. No hay incentivos para ejercer profesionalmente cuando el salario mínimo representa 5 dólares, aproximadamente. No hay mucho ánimo de permanecer en el mercado laboral formal cuando no existe ninguna protección compensatoria (buena jubilación, cobertura de salud o retribuciones familiares).

Se supone que la gratificación por el trabajo, daría la posibilidad de lograr satisfacer las necesidades primarias, elevar el bienestar -personal y familiar-  y alcanzar un nivel de vida digno. Por estos lados del planeta, evidentemente no es así. En Venezuela se recibe un salario en una moneda que pierde valor en mediodía. ¡Imagínese esperar 15 días! Desafortunadamente, un trabajador que no le compensen sus ingresos –aunque sea un poco- en moneda dura, está destinado a un sufrimiento superviviente.

Sin embargo, pese a todo el entorno desalentador, aún las Universidades permanecen proponiendo ideas para el día después del cese de la usurpación; los gremios tampoco dejan de sumar iniciativas; la sociedad civil persiste aportando ideas y la Academia en general coopera con las reflexiones necesarias en todo ámbito. Es un país en movimiento con la mira puesta en la libertad, es un hervidero de reclamos bien encaminados,  aunque quieran convencernos de que será mejor resignarse a vivir con lo que ofrece papá Estado.

Entiendo que son tantas las decepciones que no nos permiten –muchas veces- ganarle al virus de la resignación y  desesperanza. Es comprensible que no se visualice la posibilidad de recuperar el salario en el corto plazo, y con ello se esfuma –eventualmente- las ganas de resistir ante la destrucción nacional. No obstante, debemos considerar que el momento actual no nos ofrece prosperidad y bien vale la pena seguir plantándonos frente a la devastación salvaje.

Si existiera un camino más breve que garantizara gobernabilidad y recobrara el bienestar económico,  les aseguro que ya lo hubiese tomado la dirigencia encargada, y por supuesto, nos hubiésemos ahorrado tantas frustraciones. Pero la realidad no es así y ya nos lo han explicado.

Ya lo dijo Juan Guaidó, el proceso será más largo de lo que desearíamos y debemos estar en  continua organización y articulando fuerzas en todos los sectores. Esto es sin parar. Seguimos…

 

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