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César Malavé: El secuestro de Marrero

 

La detención arbitraria de Roberto Marrero, el hombre más cercano al presidente interino Juan Guidó, es clara manifestación del gobierno de facto, que encabeza Nicolás Maduro, de su capacidad de diálogo y entendimiento, de las que tanto se ufanan, y en las que muchos menguados políticos aún creen. Acorralado, nacional e internacionalmente, usa sólo lo que sabe hacer: reprimir, asesinar, torturar y meter miedo, empleando el circunstancial control de las fuerzas ´publicas portadoras de las armas de la Patria. Recurre nuevamente el “gobierno” a la tesis de un golpe y el magnicidio, una tesis desgastada ya pero que le permite a los usurpadores tomar acciones de cara a incidir en el clima de opinión pública en Venezuela. Desde nuestra perspectiva, con el secuestro de Marrero,  la “aprobación” de la ley anti odio de parte de la irrita ANC, y los gritos desaforados del Fiscal en contra de las redes sociales, tienen por finalidad crear la idea de que ya todo está perdido en Venezuela y de que no hay nada más que hacer. Persigue el “gobierno” transmitirle la imagen al país, mayoritario que le adversa, que esa minoría que tiene el poder de la fuerza de las armas, puede hacer lo que le plazca. No se trata sólo de un ejercicio autoritario del poder, sino de demostrarlo.

Todo ello, según, persigue la desmoralización de los sectores sociales y políticos que se identifican con el cambio que se ha iniciado y que apuestan a una ruta ya establecida (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres y absolutamente trasparentes) para la reconquista de los espacios institucionales, por ahora secuestrados. La notable pérdida de respaldo y credibilidad popular de Nicolás Maduro (que en su caída arrastra al propio PSUV) lo obliga a usar el miedo como inducción a la rabia y a la desesperanza, y en consecuencia,  debilitar la apuesta democrática.  La detención de Marrero, así como rechazar la existencia de otros tantos presos políticos en Venezuela, debe ser un asunto que reunifique las acciones de protesta y rechazo de la sociedad que apuesta por el cambio. Pero ello debe ir acompañado de estrategias que efectivamente canalicen el rechazo popular  Se trata de pensar que es ahora el momento de la unidad monolítica nacional, fortificada y granítica. La protesta en la calle, las acciones de incidencia en los sectores populares, la generación de nuevas redes de comunicación, todas son acciones válidas para que la voz de la sociedad descontenta se haga oír.  Son tiempos difíciles, duros sin duda, pero saturados de esperanza y no es hora de rendirse, la libertad está cerca. Habrá un día en que todos los venezolanos, al levantar la vista veremos una tierra patria purificada de barbarie, libre y de los venezolanos. Con nuestra presencia permanente en las calles, hagamos que los vientos de cambio que tomaron fuerza en Venezuela desde hace dos meses,  sigan soplando hasta alcanzar niveles de huracanes capaces de arrastrar todo vestigio de barbarie a su paso.

@cesarmalave53

 

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