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Rubén Contreras: Repensar a Vargas en su hora actual

 

El origen y la importancia de su nombre.

En los últimos tiempos, el Gobernador actual del estado Vargas y algunos de sus acolitos, por cierto no nacidos en este litoral guayreño han venido planteando un debate acerca de la necesidad de repensar en que el nombre de José María Vargas, no es el más adecuado para esta franja costera conocida como estado Vargas y aducen que con tanta carga histórica y con el nombre primigenio de La Guayra, este último debería ser el nombre de nuestra entidad territorial.

 En estos momentos en que Venezuela es un país con un federalismo en el cual una variedad de  regiones y  sus entidades tienen autonomía política administrativa, gracias a La Ley de Descentralización, Delimitación y Transferencias de Competencias del Poder Público, aprobada el año de 1989, con una reforma  el año 2003, y ratificada esta con el referéndum aprobatorio del año 2007, consideramos nosotros,  que entrar en una discusión acerca de si es conveniente o no el nombre de Vargas para nuestra región es caer ante una banalidad, en especial dado los problemas que confrontamos los varguenses, hay a los que se les debe dar respuesta.

Esto lo decimos apoyándonos en que todas las regiones tienen su carga histórica, su procerato civil y militar, su gentilicio y toponímica. Como hacer entonces para definir con un nombre que satisfaga la solución e inquietud a todas las propuestas en relación a la entidad local, municipal, regional o nacional, porque si nos basamos en esa propuesta del cronista actual de La Guayra, en relación al nombre del Estado Vargas, habrá que poner a repensar a todo el país y porque no a América también.

Recordemos que Cristóbal Colón, llegó en 1492 a esta tierra de gracia como la llamó Isaac Pardo, y se le puso el nombre de América en recordatorio a Américo Vespucio, que injusticia, toda América debería llevar el nombre de Colón, o en su defecto el de los primeros aborígenes. El estado venezolano mas regionalista es el Zulia y su icono o prócer independentista es Rafael Urdaneta, le cambiamos el nombre. O Falcón debería llamarse Josefa Camejo, ya que esta logró su incorporación a la causa patriota en 1820.

El Estado Bolívar está en otra encrucijada, recordemos que Manuel Piar logra vencer en la batalla en el Cerro el Gallo en 1817, e incorpora a La Guayana del Rey a la causa patriota, pero de allí son también Tomas de Heres y Dalla Costa.  Cuál es el nombre que le corresponde y cuál es su gentilicio. Y si hablamos del Estado Nueva Esparta, la situación se torna difícil de definir. Recordemos que el nombre de Nueva Esparta se debe al valor demostrado por los seguidores de Francisco Esteban Gómez, el héroe local que derrotó al General Morillo en la batalla de Matasiete, pero que hacemos entonces con los héroes nacionales, Santiago Mariño nacido en el Valle del Espíritu Santo o el General Juan Bautista Arismendi, nacido en la Asunción. Recordemos también que en el siglo XX nacieron en la isla dos hombres que se hicieron grandes por su aportes a la patria, como fueron el potoquito Luís Beltrán Prieto Figueroa y el tribuno Jóvito Villalba.  Vaya complicación, porque cuando la gente va para la isla dice: vamos para Margarita, no dice vamos para Nueva Esparta y entendemos nosotros que el gentilicio es margariteño, alguien la puede solucionar.

Consideramos que estos ejemplos ilustran la diversidad de nombres, hechos y situaciones en las distintas regiones del país, pero en lo personal pensamos que el debate debe ser de altura, de sinceración en cuanto a lo que tenemos y a lo que queremos  conseguir para  nuestras regiones y esa discusión acerca de nuestro gentilicio y pasado histórico lo entendemos, pero deberíamos pensar y discutir también en como abreviamos el presente y abrimos caminos para la discusión fecunda y creadora en cuanto a los que estamos viviendo, haciendo en la actualidad en nuestro estado Vargas y lo que proponemos para mejorar su situación actual.

Yo acepto el reto de repensar en Vargas y propongo   que repensemos en el Vargas actual, en sus problemas más críticos y como lograr una solución. Es la hora en que Vargas debe definir su futuro, su situación de cara al porvenir, empezando en la importancia de su reordenamiento territorial, con sus 160 Kms. de costa como lo señaló Levi Marrero en Venezuela y sus Recursos. Cuales son las tierras para el desarrollo agrícola y para el desarrollo urbano, igualmente para la actividad turística. También sugiero en realizar una declaratoria acerca de la potencialidad de la región y en la necesidad de encauzar la vocación de sus habitantes hacia el desarrollo de esa potencialidad, la cual no es otra que volcarnos hacia el mar y el turismo, basándonos principalmente en su geografía y en esa ciudad patrimonial, que se pierde con sus monumentos ante la desidia de quien la gobierna. Que hacemos con esta vialidad atrasada en el espacio y en el tiempo. Pensar es cosa seria.

Que mejor homenaje a Gual  y  España, a Guaicamacuto o a Paisana, a Maiquetía, Pariata o a la gran nación Tarmas y a nuestro gentilicio pudiera rendírsele,  si todos nos ponemos de acuerdo y trabajamos ordenadamente en la restauración del casco histórico de la Guayra, para recibir a los turistas ávidos de conocimiento de los hechos acaecidos en otros tiempos, o si lográramos que el puerto de La Guayra estuviese pleno de actividad en sus 28 puestos  de atraque, en carga y descarga de las operaciones portuarias, o que este gobierno indolente hubiese recuperado a los hoteles Macuto Sheraton o Meliá Caribe, con la carga laboral  de sus trabajadores que con su esfuerzo llevaban el pan para sus hijos, y en que las mujeres varguenses o guayreñas pudiesen parir sus hijos en la maternidad de Macuto, y también de la recuperación plena de La Ciudad Vacacional de Los Caracas, que carrizo hace allí una Academia de policía dirigida por cubanos.  De cuantos puestos de trabajo estamos hablando, y cuanto se alegrarían los Guayreños y varguenses por eso.

Comprendo la importancia del gentilicio y la carga histórica que representan Gual y España, Guaicamacuto y Paisana, pero mejoramos la situación actual de los varguenses o Guayreños con el cambio de nombre solamente, o la mejoramos si ponemos todo empeño en cambiar el órden de cosas imperantes, para que los varguenses y guayreños pueden trabajar, estudiar y crecer en una región en que todos tengamos las mismas posibilidades. Ya observamos que en años pasados se le cambió en nombre a la parroquia Raúl Leoni por el de Urimare en homenaje a la cacica aborigen, y en que ha mejorado la zona, en los servicios públicos, en el pleno empleo, en la construcción de una infraestructura turística, no en nada, en una puntada de dedal por destruir lo conseguido, porque es muy fácil destruir, difícil es construir y hasta ahora está demostrado en los anales de la historia que los populistas al estilo imagen y semejanza del teniente coronel, y sus obsecuentes seguidores,  son los grandes perturbadores de la humanidad,  porque al igual que el caballo de Atila destruyen todo lo que encuentran a su paso.

Hasta ahora el pecado de José María Vargas según el gran deformador de la historia de Venezuela en la actualidad, el finado teniente coronel Hugo Chávez es que era un oligarca, y su padre ocupaba la profesión “indigna” de comerciante, al igual que el padre de Sebastián Francisco de Miranda. La diferencia es que Miranda tomó la carrera de las armas y Vargas la científica y eso choca con el primitivismo de los gobernantes actuales. Pero lo que no se le perdona a José María Vargas es que demostró en la época del oscurantismo militar cuando los gamonales se consideran ungidos por la fuerza de los sables como los predestinados por el destino para dirigir la patria, es que Venezuela tenía hombres aptos y probos, no salidos del estamento militar capaces de dirigir la patria.

Génesis de la región Vargas.

Ahora de quien es la culpa  que esta entidad territorial lleve el nombre de Vargas, pues nada más y nada menos que de los triunfadores de la mal llamada guerra federal, pues fue Juan Crisóstomo Falcón quien al promulgar la Constitución de corte federalista en el año de 1864,  la sexta de la historia de Venezuela, ante la urgencia de ubicar un espacio para que funcionasen los poderes públicos nacionales, demarcan territorialmente el ámbito geográfico conocido como el Distrito Federal, como asiento de la presidencia de la república y de los poderes nacionales y se les ocurre la brillante idea de dividir dicho espacio en dos departamentos, al cual pertenece Caracas, lo denominan Departamento Libertador en homenaje y recordatorio al genio de América, a Simón Bolívar, El Libertador;  y al otro Departamento, le colocan el nombre de la figura rutilante de la ciencia, del talento,  de la educación,  de José María Vargas.  Es así como el héroe militar y el héroe civil, van a compartir el mismo espacio, en reconocimiento a sus méritos, virtudes y dones civilizadores.

 Fue un apresuramiento de Falcón, una travesura institucional, un enamoramiento por el médico, no, un reconocimiento a sus cualidades de ciudadano, de profesional, de estudioso de los problemas del país, ya que cuando José Antonio Páez, El  Centauro, en su calidad de Intendente de la Provincia de Venezuela, al dejar Vargas el rectorado de la Universidad de Caracas en 1829, crea La Sociedad Económica de Amigos del País, organismo que debe dedicarse a estudiar las potencialidades de las regiones venezolanas, su crecimiento, desarrollo y encauzar la vocación de los ciudadanos hacia esas variables y a quien designa, nada menos que al hombre que modernizó los estudios universitarios, a quien integra la universidad a los problemas del país, a quien elimina las diferencias de clase  que privaban el ingreso de los estudiantes a la universidad, a quien la vuelve autónoma con rentas propias, al talento, la investigación, a José María Vargas, la figura más encumbrada de la intelectualidad venezolana de esos tiempos.

O que acaso, cuando Vargas desempeñó la Secretaria de Instrucción Pública en tiempos de Carlos Soublette, su propuesta de que la educación debía ser obligatoria, pública y gratuita para todos, la hace para que los godos conservadores mantengan su preponderancia para reprimir al pueblo llano; o para darle a éste, la oportunidad de insurgir y adquirir conocimientos a través de la educación popular como la llamó Simón Rodríguez en su obra “Luces y Virtudes”.

En fin son variados los argumentos para la discusión, pero está claro que al militarismo gorila y pretoriano le enfada y molesta que en tiempos de gamonales sobresalga con tanta reciedumbre, la fortaleza intelectual y de principios republicanos la figura de José María Vargas para lograr el equilibrio en el pensamiento democrático que nos rige a los venezolanos de buena voluntad.

 Ese es el reto, lo compartimos. Abramos la discusión con altura. Porque  los 155 años que esta región lleva llamándose Vargas, en sus distintas denominaciones político administrativas, sean estas Departamento, Municipio, Territorio Federal y Ahora Estado, lo que nos demuestra y ratifica es que el apellido del Sabio, está sembrado y arraigado en los genes de sus habitantes, que no ceden en la querencia de su historia por unos advenedizos que no saben  nada de administración y consideran que cambiándole el nombre a las entidades territoriales van a lograr cambiar el curso de su historia.

Entonces les pregunta yo, si se consideran demócratas, porque no le piden al pueblo su opinion.

 

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