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José Manuel Rodríguez: De ahí salió Almagro

 

Recuerdo una reflexión de Simone de Beauvoir en la que se quejaba de esa vejez que reblandecía hasta el cerebro. Asumo que no se refería al suyo propio sino al de Sartre. Tal recuerdo me vino leyendo a Lucía Topolansky, la vieja pareja del viejo Mujica. Decía la hoy vicepresidenta de Uruguay que el dilema en Venezuela es entre guerra y paz, hay que encontrar una salida negociada… Llama así al simple “negocian o los jodemos”.

Y va más lejos, habla de convivencia entre capitalismo y socialismo. Un cuento que a los europeos les encanta sabiendo que es sólo humareda. Capitalismo y socialismo, en tanto sistemas políticos, son incompatibles. Los chinos se han encargado, y no me salgan con el cuento de su libre mercado, de recodarle a la ortodoxia marxista que tenía razón Marx cuando afirmó que liquidar el mercado no es el objetivo del socialismo. De ahí que Gramsci, al hablar de la hegemonía, la refería no como ejercicio coercitivo sino como dominio cultural y moral, que permita pasar de lo individual a lo colectivo. Ese es el verdadero socialismo.

Los centros de poder capitalistas ejercen la hegemonía coercitivamente en buena parte del mundo. Pero ojo, la del socialismo no puede ser sólo de voluntades, requiere tener el poder militar para disuadir al enemigo, y también necesita de poder económico para resistir bloqueos. Es decir, entre ambos regímenes no hay “salida negociada”, uno se impone al otro. A eso me refiero cuando digo que lo de la Topolansky es puro humo para ocultar el reblandecimiento.

Y más que reblandecerse está reculando abiertamente. Lo deja ver cuando, en consonancia con su marido, afirma que en Venezuela Hay que rehacer la convivencia… (rehacer significa volver a lo existía). Y no se detiene ahí, afirma con la misma pose sabia de Mujica, que deben haber elecciones libres y totales, supervisadas por Naciones Unidas porque es tan caribeño y tan estridente Maduro como Guaidó… A esta suprimida tupamara la vejéz   le extravió el origen de ese vocativo que representó la resistencia al sable y al latigazo con que una Europa no estridente controló America.

 

 

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