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Laureano Márquez: Maduromodor

 

Como en el Holodomor ucraniano, la historia discutirá si el intento de aniquilamiento por hambre del pueblo venezolano fue algo realizado intencionalmente, de forma planificada por el régimen, o si fue consecuencia de la aplicación de absurdas políticas económicas absolutamente erráticas, en conjunción con el robo sistemático de fondos públicos más grande de la historia universal. Aunque para muchos, la verdad estaría en el primera teoría, que no excluye a la segunda, lo cierto es que los procesos de aniquilación de un pueblo por odio racial, suele realizarlos otro pueblo, como en el caso del Holodomor, en el que encontramos a los rusos (soviéticos) tratando de aniquilar a los ucranianos.

Otro punto de vista para explicar la catástrofe, podría ser el del intento de sometimiento de un pueblo por hambre, que se le escapó de de las manos a sus promotores. En tal sentido, se habrían aplicado políticas destructivas de la producción y los servicios con toda la intención de acabar al sector privado, haciendo depender a la población de un sistema de suministro de bienes y servicios absolutamente controlado por el Estado, emulando lo que hacían muchas veces los emperadores romanos, quienes escondían durante algún tiempo los granos, generando hambre y escasez, para ganarse luego el favor popular con su distribución y dominando por hambre a las masas.

Quizá justamente se fue de las manos porque fue desarrollado por mentes criminales formadas fundamentalmente en el robo, pero además con el añadido de una profunda incompetencia administrativa y gerencial. Lo que sí exhibió el proceso descrito, es una extraordinaria capacidad para la destrucción y para el cinismo: “No hay nada de importancia que reportar”, por ejemplo, llegó a decir una autoridad, en medio del apagón más catastrófico recordado en el continente, que para el momento de la frase había dejado más de una veintena de muertes.

Existiendo pruebas y denuncias contundentes y reiteradas sobre la corrupción en el sector eléctrico que acabó con uno de los mejores sistemas generación y distribución de energía eléctrica del planeta, se atribuyó el apagón a un periodista, dos tuits, como antes había sido atribuido a una iguana, detrás de todos ellos -naturalmente- el imperialismo yankee siempre.

Lo que sí está claro es que al régimen nunca le importó la cantidad de vidas de que tuvo que llevarse por delante para su consolidación, bien ocasionadas por daños colaterales producto del colapso de los requerimientos más elementales para la subsistencia (alimentos, agua, electricidad, salud), bien por aniquilación directa en represión a la protesta, ejecuciones extrajudiciales o mediante el uso de hampa común, siempre aliada del régimen en la aniquilación de ciudadanos, a veces motorizada y siempre armada para aterrorizar, controlar, secuestrar, torturar y asesinar a la población civil.

Como en todo proceso de estas características, millones huyen desesperados tratando de salvar sus vidas intentan su reconstrucción sin temor y en libertad. Recuerdos imborrables de dolorosas despedidas, de familias separadas, de penurias y calamidades allende las fronteras. Quedarán otros recuerdos, más duros, que también se anidaron en el alma con su carga de dolor: seres humanos hurgando la basura para sobrevivir, otros tomando agua del contaminado río Guiare, con un control militar del Estado para que nadie saque más de dos tobos de excremento, cumpliendo así la profecía del Supremo de de ver al pueblo bañándose en sus aguas.

Cosas que quedarán en la memoria como imborrable recuerdo de un horror que nunca debe volver a repetirse.

 

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