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¿Hasta dónde es factible una intervención militar de EEUU en Venezuela?

 

El tema de una posible intervención militar extranjera en Venezuela tiene tres aspectos principales: 1) ¿Cuál sería el propósito, es decir, el fin político? 2) ¿De qué tipo de intervención estamos hablando, en función de ese fin? 3) ¿Es deseable la misma, y cuáles podrían ser sus consecuencias?

Aníbal Romero (ALN)

Para empezar conviene despejar un punto. Cuando se habla de una posible intervención militar “internacional” en Venezuela, en realidad estamos refiriéndonos a Estados UnidosWashington es el único actor con las capacidades y la voluntad efectiva de emprender una acción semejante, a gran escala o de naturaleza limitada o “quirúrgica”. Tal hipotética intervención estadounidense podría contar, en un escenario aún conjetural, con la cooperación -más simbólica que concreta- de algunos países del cercano vecindario, y desde luego acarrearía la inevitable condena verbal de los europeos y de buena parte de América Latina. Ni hablar de la ONU y la OEA, cuyos duelos retóricos estallan casi siempre como fuegos de artificio. Estos organismos sirven para los escarceos diplomáticos, pero no para las decisiones de fuerza.

Tal hipotética intervención estadounidense podría contar, en un escenario aún conjetural, con la cooperación -más simbólica que concreta- de algunos países del cercano vecindario, y desde luego acarrearía la inevitable condena verbal de los europeos y de buena parte de América Latina

A mi modo de ver Washington no desea por ahora intervenir militarmente en Venezuela. La idea de llevar a cabo un cambio de régimen (o regime change) mediante la fuerza militar, al estilo de lo ocurrido con la invasión a Irak, no despierta entusiasmo entre el electorado y las élites políticas, económicas y mediáticas norteamericanas. Importa destacar también que Washington no ha realizado hasta el momento los despliegues militares necesarios alrededor de Venezuela, que son factores preliminares indispensables para una intervención a gran escala. Semejantes actividades preparatorias toman por lo común unos meses. Venezuela es un país con un muy extenso y variado territorio, y es un país social y económicamente invertebrado y políticamente desarticulado, que ya no soporta más destrucción. Para Washington es poco atractivo contemplar un compromiso armado de grandes proporciones, que podría con relativa facilidad experimentar un éxito operativo inicial sólo para convertirse después en un dolor de cabeza de complicado alivio. Las lecciones de Irak han dejado huellas profundas sobre un electorado y unos gobernantes estadounidenses, que no quieren repetir ni de lejos experiencias que se le parezcan.

Es cierto que el presidente Donald Trump y su gobierno han adquirido un compromiso firme con la liberación de Venezuela, y es evidente que el fin político es lograr un cambio de régimen, pero eso sí, sin el empleo por ahora de la fuerza militar. Washington aspira alcanzar el fin político a través de una gradual pero persistente e implacable asfixia económico-financiera, unida a sanciones focalizadas y desmoralizadoras contra individuos clave, así como del aislamiento del régimen madurista en diversos órdenes diplomáticos y políticos. Presumo que se espera que tal asfixia genere una fractura dentro del componente militar venezolano, último y esencial sostén del régimen, sumándole el quiebre de la voluntad de resistencia de los grupos civiles y las élites del poder. Este agrietamiento definitivo del régimen se persigue también con las presiones dirigidas hacia los aliados estratégicos que le restan a Nicolás Maduro, es decir, Cuba, China y Rusia.

No es por tanto realista esperar, por ahora, una intervención militar estadounidense a gran escala en Venezuela, y percibo que Washington tampoco se plantea, por ahora, otras operaciones a menor escala. Pero las circunstancias son cambiantes y podrían variar con relativa rapidez. En este orden de ideas, aclaro que estoy asumiendo, únicamente en aras del argumento, que en caso de una operación militar estadounidense de algún calibre habría cierta resistencia, tal vez con unos focos de consideración, de parte de sectores de las Fuerzas Armadas, así como de los contingentes cubanos presentes en el país y de otros grupos entrenados para ejecutar algún tipo de lucha. No obstante, no podemos estar seguros de ello. Desconozco por completo el estado de apresto operacional del sector militar venezolano, aunque algunas personas que sugieren tener información al respecto, sostienen que nuestros militares están tan golpeados y deteriorados como el resto del país. ¿Se encuentran nuestros militares dispuestos a morir por Maduro y su régimen de oprobio y devastación? Cuando veo al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmarlo, con su característica arrogancia, no me transmite la más mínima credibilidad.
EEUU busca una fractura dentro de la Fuerza Armada de Venezuela / Foto: FANB
EEUU busca una fractura dentro de la Fuerza Armada de Venezuela / Foto: FANB

Todo esto permite especular en torno a un escenario de intervención distinto al que normalmente se comenta y discute. Refrendando lo dicho hasta este punto, considero que no es descartable una eventual acción militar de Washington contra el régimen madurista, pero la misma no tendría -repito- el carácter de una invasión a gran escala, sino que consistiría en una serie de operaciones “quirúrgicas” contra blancos específicos y limitados, procurando minimizar las bajas civiles. Cabe concebir, por ejemplo, y salvando las necesarias distancias, que ante la creciente ola represiva del régimen madurista Washington establezca una “línea roja”, y advierta a los militares venezolanos y a otros componentes armados que llevan sobre sus hombros el peso de la represión, que una matanza de civiles va a desatar, como pasó en Siria en 2017, ataques puntuales con misiles Crucero Tomahawk de extrema precisión, lanzados por ejemplo desde submarinos en el mar Caribe o desde bases aéreas en lugares circundantes a Venezuela, que den viabilidad a tales acciones.

La línea roja

Cuando el régimen sirio en Damasco, apoyado por sus socios rusos, cruzó la línea roja de los estadounidenses y lanzó ataques con armas químicas contra sus adversarios internos, Trump ordenó un ataque con dos centenares de misiles Tomahawk, disparados desde buques de guerra de superficie y quizá también desde submarinos navegando por el mar Mediterráneo, que aniquilaron la base aérea desde la cual habían despegado los aviones que violaron los límites de tolerancia de Washington.

A mi modo de ver Washington no desea por ahora intervenir militarmente en Venezuela. La idea de llevar a cabo un cambio de régimen mediante la fuerza militar, al estilo de lo ocurrido con la invasión a Irak, no despierta entusiasmo entre el electorado y las élites políticas, económicas y mediáticas norteamericanas

Los integrantes de grupos represivos especiales en Venezuela, así como también las policías del régimen y nuestros militares, deberían tomar en cuenta esta posibilidad, y no perder de vista que el hecho de que una intervención militar estadounidense, de cualquier magnitud, luzca por ahora poco probable, no impide que las cosas cambien súbitamente, si la fortaleza de la protesta ciudadana aumenta y el régimen decide masacrar en masa a la gente. Las bases, cuarteles, refugios e instalaciones de diverso tipo que alojan a individuos, grupos e instituciones vinculados con la violencia en contra de civiles desarmados, podrían ser objeto de ataques múltiples, simultáneos y demoledores de parte de Estados Unidos, ante los cuales no hay defensa posible en nuestro medio.

Toca finalmente abordar el tema de si una intervención militar extranjera en Venezuela es deseable o no lo es. En principio, desde luego, lo deseable es que el régimen se fracture desde dentro y se derrumbe (escenario Muro de Berlín), como consecuencia de la cada día más intensa presión que recibe y que le ha puesto a crujir, así como de su propia incompetencia y corrupción. El sector militar venezolano está hundiéndose en un pantano de oprobio casi irremediable, a menos que realice pronto un esfuerzo supremo y dé una respuesta adecuada frente al desafío en que 20 años de desatinos y entreguismo le han colocado. No pareciera restarles mucho tiempo a nuestros militares para evitar su definitiva inmolación moral y política.

Dudo sinceramente, sin ánimo de menospreciarle, que el sector militar venezolano esté en capacidad de resistir cualquier esfuerzo militar significativo por parte del coloso del Norte. Es posible que su voluntad de confrontar semejante panorama, de llegar a materializarse, sea mínima o inexistente. Lo que deberían estar planteándose los militares venezolanos, si en verdad les importa el país y su propio futuro, es deponer al régimen con la menor violencia posible, proteger a la población civil frente a la vocación suicida y nihilista de Maduro y sus cómplices y prepararse a restaurar el orden, doblegando a los diversos grupos irregulares nacionales y extranjeros irresponsablemente organizados por el chavismo, a objeto de amedrentar y oprimir a la ciudadanía y aferrarse al poder mediante la intimidación y la muerte. Ello le ahorraría sangre, sudor y lágrimas a la postrada y humillada Venezuela, abriría las puertas a un esfuerzo de reconstrucción de nuestro devastado país, y propiciaría una reforma a fondo, positiva y con sentido de futuro, de unas Fuerzas Armadas que por desgracia no acaban de cumplir aún con su deber constitucional y su misión patriótica.

 

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