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César Malavé: A la mujer venezolana

 

La historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran que su celebración está muy ligada a hechos similares a los que dieron origen al Día Internacional del Trabajador. Esta celebración fue propuesta en 1910 por dirigentes obreras norteamericanas y, apoyada por la dirigente  alemana Clara Zetkin, en un congreso internacional de Mujeres Socialistas celebrado en Copenhague, Dinamarca, y se escogió el 8 de marzo para rendir tributo a las obreras textiles de Nueva York que en 1857, durante una huelga por igualdad de salarios y jornada laboral de 10 horas al día, ocuparon la fábrica donde trabajaban y ésta fue incendiada, habiendo perecido calcinadas 129 mujeres huelguistas. El 8 de marzo de 1911, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer. No obstante es a partir de 1921, cuando la celebración se extiende a toda Europa y a las Américas, Asia, África y Oceanía. Con el transcurrir histórico la humanidad entera, salvo algunas excepciones, como las de los países musulmanes, se apropió de la celebración del 8 de marzo y la convirtió en una jornada universal de mujeres y hombres, que en algunos países ha sido consagrada legalmente como festejo oficial.  Finalmente, en 1977 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), convocó a todos los países miembros a que el 8 de marzo celebraran el Día Internacional de la Mujer.

Este ser a quien hoy rendimos tributo, desde 1999 en Venezuela, transita caminos llenos de abrojos y espinas. Pero por encima de las necesidades y temores, levanta su voz. Y una vez más la mujer venezolana escribe con su sangre, con su espíritu, con su sacrificio, la historia  buena de la Patria de Bolívar.

Esa historia que nos llega como un río generoso desde el lejano día en que el primer conquistador pisó la tierra venezolana, pasando por la magna guerra de Independencia, la lucha contra el oscurantismo barbárico. Y la conquista de la democracia en 1945, donde una pléyade de nombres gloriosos de mujeres, plasmó, en moldes de gloria, con el sacrificio de sus vidas, la más hermosa y valiente página de nuestra historia. Ya es tiempo de que las mujeres venezolanas realicen su balance. ¿Ha ganado o ha perdido la mujer con el ejercicio del llamado socialismo del siglo XXI?.  La respuesta es un NO rotundo.  Ellas sólo dejaron oír su voz en la defensa de los postulados de un partido que hace tiempo abandonó la causa popular, convirtiendo la cantera de esperanzas de 1998, en un panteón de promesas destrozadas

La Venezuela de hoy, que transita el camino de la  transición en el rescate de las libertades públicas y la democracia, exige de las mujeres su mejor  esfuerzo. Su firme voluntad y decidida participación en el rompimiento de las cadenas que  oprimen al bravo pueblo venezolano. Necesario es avanzar llevando en alto, como  estandarte glorioso,  la feminidad, porque la fuerza de la mujer venezolana reside en el sentido de haber sabido ser mujeres.  Mujeres en toda una amplia acepción del vocablo. Mujeres, fuente de ternura y de comprensión, Mujeres capacitadas en el sentir y en el sufrir; Mujeres educadoras, conscientes de misión; Mujeres valerosas ante la crudeza del destino. Complejas en la alegría y el dolor, con su infinita capacidad de sufrimiento!  Mujer-madre, mujer-esposa, mujer-hermana, mujer-hija, mujer-novia. Siempre y en todos los aspectos de su vida, compañeras del hombre, su complemento, su finalidad y su razón de ser.

@cesarmalave53

 

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