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Maracuchos buscan agua a orillas de una cañada Andrea Salas

 

Tienen la piel tostada y no precisamente por estar disfrutando de un refrescante baño en la playa. Quizás eso desean, pero lo cierto es que con el cantar de los gallos alzaron sus decenas de envases para buscar lo más codiciado por los zulianos: ¡agua!

Medio día ha pasado y la ardua faena dominical todavía no termina. Hasta los más pequeños se integran al proceso que está marcado por un penetrante olor. Unas seis familias provenientes de diferentes zonas convergen a orillas de una cañada ubicada al lado de la División Vial de Polimaracaibo. Pese a su baja presión, una delgada manguera verde es para ellos  el oasis.

Estirada sobre un balde, media docena de pantalones recién lavados se seca a la velocidad del sol. En su casa, Esther Hernández, habitante del Barrio La Sonrisa Bicentenaria, acumula un ‘edificio’ de ropa sucia que amenaza con tocar el techo.

“Hacemos entre tres y seis viajes casi todos los días. Cuando aquí no hay nada, vamos a la cancha Luis Emilio Fuenmayor o a las tomas de Terrazas de Maracaibo y Sabaneta”, cuenta, al tiempo que ordena la ‘carga’.

La sensación de desesperación, rabia, impotencia y abandono en la ciudad es tan intensa como el calor. Hay algo común en  todas las calles: cientos de recipientes plásticos que deambulan con los afectados de La Macandona, Valle Claro, Amparo, el barrio Guaicaipuro, La Matancera, Cardonal Sur, Integración Comunal, 18 de Octubre, Santa Lucía, La Victoria, Valle Frío, Lago Azul, Panamericano, La Limpia, Haticos y una lista que parece no tener fin.

En carretillas, carros de supermercado, coches o en los hombros, la mayoría camina hacia su ‘fuente’. El dolor de brazos y de espalda le roba la tranquilidad a Marisol Ibarra, quien vive en el barrio La Misión y no para de carretear desde hace nueve meses. “No hay descanso”, expresa.

La urgencia por encontrar el líquido indispensable para vivir hace que los ciudadanos acudan a cualquier lugar para abastecerse. El parque Urdaneta, la plaza Día de la Raza y el centro comercial Paseo Ciencias se han convertido en puntos muy frecuentados en los últimos meses por quienes carecen del bombeo.

Otras tomas también se hallan en la entrada del barrio La Florida y en el sector Santa Clara, aunado a los pozos de los distribuidores locales. Al Jardín Botánico  asisten diversas comunidades no solo de Maracaibo, sino también de San Francisco.

Mientras que la iglesia La Milagrosa (avenida Los Haticos) ya no solo es un lugar sagrado para el encuentro con Dios, sino que, cual acto de misericordia, provee a los vecinos necesitados de agua, desde que amanece.

“Vamos a los centros comerciales a llenar las pimpinas en los baños para poder bañarnos y lavar los ‘corotos’. No tenemos para pagar BsS 1.500 o 2 mil por una pipa”. Así expresa su malestar Thebsil Hurtado.

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