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El País / Editorial: Escalada en Cachemira

 

Entierro en Pakistán de un civil muerto en Cachemira, el sábado.

Durante la Guerra Fría, existía un fundado temor a que una escaramuza degenerase en una guerra abierta entre las potencias nucleares sin que ninguna de las dos supiese muy bien cómo se había llegado hasta ese punto de no retorno. Son los sonámbulos que caminan inconscientes hacia el abismo de los que hablaba el historiador Christopher Clark para describir los orígenes de la Primera Guerra Mundial. Desde mediados de febrero, India y Pakistán están enzarzados en un peligroso enfrentamiento en Cachemira, el peor desde hace 30 años en un territorio que los dos países se disputan desde la partición de 1947. Se trata de dos potencias nucleares, con Gobiernos nacionalistas que explotan este conflicto en beneficio de sus propias agendas internas. Y están jugando con fuego.

La actual escalada empezó el 14 de febrero, cuando un terrorista suicida proveniente de Pakistán mató a 44 militares en Jammu Cachemira, la parte de la región administrada por India. El Gobierno de Nueva Delhi acusa a Islamabad de no querer controlar, e incluso directamente de apoyar, a los terroristas que realizan ataques a través de la frontera. India respondió con un bombardeo aéreo contra lo que identificó como “campos de entrenamiento” del grupo terrorista. La última vez que se produjeron ataques aéreos entre las dos potencias fue en 1971, cuando se enfrentaron en un conflicto abierto. Un piloto indio fue abatido, aunque Pakistán finalmente lo entregó a su país, en un intento por rebajar la tensión en una situación que comenzaba a estar fuera de control.

Sin embargo, las posibilidades de que la situación se arregle no son buenas, ni a corto ni a medio plazo. Solo la vigilancia constante de la comunidad internacional a través de la ONU y de los llamamientos a la calma por parte de los poderosos aliados con que cuenta cada parte —India se ha acercado mucho a Estados Unidos en los últimos tiempos, mientras que Pakistán cuenta con un apoyo cada vez más claro de China— pueden hacer que todo se quede como está, y que la tensión controlada se mantenga como un mal menor.

A corto plazo, es difícil ser optimistas, porque el primer ministro indio, Narendra Modi, se enfrenta a la reelección en abril y le interesa agitar el nacionalismo hindú. El presidente de Pakistán, Imran Khan, no es un político profesional y cuenta con el claro respaldo del Ejército, que siempre ha tenido su agenda propia. Tanto India como Pakistán llevan más de 70 años echando leña al fuego nacionalista utilizando Cachemira como combustible. A largo plazo, las perspectivas tampoco son buenas: Cachemira está en el Himalaya, y desde allí se controla parte del agua que fluye por el subcontinente indio. Con el calentamiento global y el deshielo, su importancia estratégica crecerá y, por tanto, también la tensión.

 

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