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Arturo Molina: Carnavales

 

Los venezolanos tenían formas distintas de disfrutar las fiestas de carnaval. En cada espacio regional, municipal, parroquial, barrio, urbanización, se compartía y avivaba la llama del juego de encostalados, el palo encebado, la vuelta al trompo, el runcho, el mejor disfraz (era de fabricación artesanal), la mayoría de los niños usaban el guayuco, máscara del zorro, llanero solitario. Con el tiempo los trajes dejaron de ser elaborados en casa y se compraban en las tiendas, todo a razón de los nuevos héroes que se asocian para la defensa de la justicia. La tecnología también arrastró cambios significativos para esas celebraciones. Sin embargo, en muchos lugares mantenían su tradición y daban entrada a los cambios sin desmejorar sus raíces.

Todo era alegría, preparación de viaje a la playa, rio, campo, visita a familiares. El desánimo se combatía con el que te pasa, únete al grupo, ponle ambiente a tu vida, y pum te lanzaban una bomba con agua. También había los perversos que hacían cosas dañinas contra las personas, pero a esa minoría se les cuestionaba y se dejaban por fuera de la celebración. Eso cambio, ahora la tristeza invade las caras de los niños. Los juegos desaparecieron, ya ni el disfraz se puede elaborar en casa. El hambre agobia, la enfermedad cobra su presa por falta de medicamento. La distancia aflige y llena de nostalgia a los hogares y sus comunidades.

El carnaval 2019 en Venezuela requiere la presencia ciudadana en la calle para la protesta. Es la angustia por conseguir alimento con salarios paupérrimos, el gas doméstico, medicina. Reclamo al oficialismo inepto para que frenen los cortes del fluido eléctrico por ausencia de mantenimiento en plantas; regreso del internet. Fecha para reclamar en contra del aislamiento, cerco y violación de derechos constitucionales. Lucha ferviente por abrir la cárcel en que el régimen ha convertido el país. Reclamo activo para exigir ser respetados como ciudadanos y no como la vacinilla de la poceta y el papel higiénico. Es fecha para seguir demandando se permita la entrada de la ayuda humanitaria, cese de la impunidad y asesinato de los hermanos Pemones.

Los 20 largos años que tiene el régimen al frente de la administración pública nacional han servido para razonar a plenitud que no se puede entregar el poder a personas de dudosa procedencia. A descubrir que aún con debilidades, el sistema de libertades permite mejorar la calidad de vida en lo individual y colectivo. Entender que la diferencia es necesaria y el debate es la vía para la construcción de país con base a la propuesta. A creer en el potencial de cada ciudadano, y luchar con fervor para restituir la democracia, y devolver a los niños, adultos y ancianos, la felicidad y prosperidad arrebatada por el tirano. La felicidad no la da un gobernante, pero la infelicidad permanente, sí.

@JARTUROMS1

jarturomolina@gmail.com

 

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