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Después del referendo en Cuba, solo reciben 7 de los 10 huevos que les tocan mensualmente

 

Colas para compra huevos en La Habana

Hasta el mes pasado los santiagueros recibían, por persona y de forma normada por la libreta de abastecimiento, dos ciclos de huevos: 5 a 15 centavos y otros 5 a 90 centavos, pero en los últimos días, y casualmente luego del referendo del pasado 24 de febrero, de 90 centavos solo están recibiendo 2 y no 5.

La medida, no informada por ningún medio de prensa u otra vía, ha causado malestar entre las personas quienes se preguntan el porqué de tal situación tan incómoda, y no encuentran respuestas, a la vez que señalan que empezó a aplicarse pocos días después del referendo del pasado 24 de febrero, ¿casualidad?

Hay quienes hasta llegan a hacer especulaciones: “claro que no lo informaron o aplicaron antes pues sino la votación no iba a tener las cifras que se obtuvieron, y solo confirma lo que se dice en la calle y es el regreso de un segundo período especial, los 90 vienen de nuevo, y ya no somos los mismos. Los niños de ahora lloran con el apagón, los de antes hacían una fiesta”, opina un santiaguero.

Si 10 huevos han resultado históricamente insuficientes en la dieta del cubano, carente por décadas de fuentes baratas, asequibles y estables de proteína animal, ahora siete es mucho peor y tensa aún más la ya difícil tarea de llevar alimentos a los platos del hogar, hecho que en los últimos meses se ha visto empeorado con el desabastecimiento del aceite y el pollo en las tiendas recaudadoras de divisas.

“Los cubanos siempre hemos resuelto la comida de la casa con los huevos, hemos sustituido la carne por huevos, sobre todo en las noches, y siempre los 10 huevos han sido poco. Comprábamos en la calle los cartones de huevo, pero es que ahora ni hay en la calle, y ya han subido hasta tres pesos por huevo si los encuentras, y los que te tocan por la libreta son menos. No sé a dónde iremos a parar”, comenta una mujer entrada en años.

El pasado primero de noviembre de 2018, se aplicó una rebaja de 20 a los huevos que se vendían a 1.10 pesos, medida que benefició a las personas que tienen en este alimento el mejor aliado alimenticio, y aunque con 20 centavos no se puede adquirir nada en la isla, salvo el pan normado y pagar transporte estatal en algunas localidades, sí fue bien recibida entre quienes compran grandes cantidades de unidades de esta fuente proteica, dígase cuentapropistas.

Esta nueva “sorpresa” solo confirma que el tema de la escasez de huevos en Santiago de Cuba se hace cada día más tensa, y lejos de resolverse, se adoptan medidas más extremas.

CiberCuba

Tumulto para comprar muslos de pollo en el departamento de cárnicos, Plaza Carlos III (foto del autor)

La posibilidad de otro Período Especial va tomando un cariz muy serio; el principal síntoma es que quienes tienen dinero no logran suplir sus necesidades

Cuba inició el año 2019 con falta de harina, huevos, pollo, leche y más recientemente, aceite vegetal y sal. Quienes a diario zapatean la ciudad a la caza de lo poco que hay, sin dudas se habrán dado cuenta de que apenas se estabiliza la venta de un producto, otro desaparece, y es lo de nunca acabar. La comercialización del pan se ha normalizado relativamente; pero las largas colas que abundan en establecimientos como Carlos III o La Época para adquirir muslos de pollo y bolsitas de aceite, son indicadores de que se avecinan tiempos difíciles, aunque los ministros se limiten a decir que existen “tensiones”.

Quienes acusan a la prensa independiente de generar falsas alarmas e inquietud en la población, jamás se han sentido preocupados por no tener qué comer o porque su hijo, a punto de cumplir siete años, ya no tendrá acceso a la cuota mensual de leche en polvo, un alimento que desde noviembre del año pasado desapareció a nivel nacional; al punto de que quienes vendían por la izquierda la bolsa normada de 1kg a 80 pesos, han inflado el precio hasta 120 pesos (5 CUC).

Misteriosamente, los paquetes de pollo importados que se comercializaban a 3.60  CUC (2 kg) se han esfumado de las neveras. En su lugar han colocado los muslitos de factura nacional, amortajados en nailon, que esconden desde pegotes de grasa añadidos para aumentar su peso y robarle a los clientes, hasta unidades tan pequeñas que hay que comerse dos para quedar medianamente satisfecho.

Aun así, la gente hace colas extensas para comprarlos porque no hay nada más. El pollo sigue siendo la opción más sana en medio de neveras medio vacías o atiborradas de tubos de picadillo de pavo grasiento. En el mercado negro un cartón de huevos cuesta entre 5 y 7 CUC; y a pesar del fantasma del racionamiento, las botellas de aceite de soya “Cocinero” que se venden a dos por persona y en circunstancias normales cuestan 1.95 CUC, ya circulan a 3 CUC.

La posibilidad de que Cuba sufra otro Período Especial va tomando un cariz muy serio; el principal síntoma es que quienes tienen plata no logran suplir sus necesidades, ni siquiera moviéndose por la izquierda. La depresión se ha extendido a todos los rubros comerciales, aunque lo que más golpea a las familias cubanas es la alimentación.

Para disimular el desabastecimiento, los trabajadores de las TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas) llenan los estantes con la misma mercancía, sean pomos de Nescafé, vasitos de yogurt o productos enlatados que representan un lujo para los criollos, cuyo salario no excede, en el mejor de los casos, los 30 CUC mensuales.

Nadie sufre esta infausta situación más que los discapacitados y ancianos, físicamente imposibilitados de soportar mucho tiempo en las colas, o abrirse paso a empujones en un tumulto. Es inevitable pensar qué será de esas personas si, en efecto, cae sobre los cubanos una crisis similar a la de los años noventa. Pero si en La Habana las cosas van mal, en el interior del país es mucho peor.

En Holguín, por ejemplo, varios establecimientos comerciales han sido inaugurados, incluyendo una sucursal de la cadena de tiendas de aseo “Agua y Jabón”; tan bien provista en cuanto a variedad y calidad de productos, y con precios tan exorbitantes, que su emplazamiento luce absurdo en una provincia donde casi todo el mundo vive de su salario, o al menos lo intenta.

Al observar los contrastes entre la sucursal de “Agua y Jabón” y la sección de cárnicos de cualquier tienda, es lógico preguntarse cuál criterio de importación se maneja en las altas esferas si en el mercado negro holguinero un litro de aceite refinado cuesta 100 pesos, mientras los frigoríficos recién estrenados en las TRD solo contienen hamburguesas.

Está bien disponer de opciones para andar limpio y aseado como quería Martí; pero es absurdo que en un país donde las neveras están vacías y los productos agropecuarios se hallan por encima de la capacidad de compra del peso cubano, haya estantes repletos de artículos superfluos en comparación con miles de necesidades insatisfechas.

La situación socioeconómica que atraviesa la Isla parece tan irreversible que la gente ha dejado de preguntarse adónde iremos a parar. Solo pensarlo resulta pavoroso, pero considerando el actual estado de cosas la interrogante lógica sería: ¿hasta dónde vamos a retroceder?

Ana León Escasez de alimentos en Cuba: ¿hasta dónde vamos a retroceder?.

escasez cuba

Tumulto para comprar muslos de pollo en el departamento de cárnicos, Plaza Carlos III (foto del autor)

La posibilidad de otro Período Especial va tomando un cariz muy serio; el principal síntoma es que quienes tienen dinero no logran suplir sus necesidades

Cuba inició el año 2019 con falta de harina, huevos, pollo, leche y más recientemente, aceite vegetal y sal. Quienes a diario zapatean la ciudad a la caza de lo poco que hay, sin dudas se habrán dado cuenta de que apenas se estabiliza la venta de un producto, otro desaparece, y es lo de nunca acabar. La comercialización del pan se ha normalizado relativamente; pero las largas colas que abundan en establecimientos como Carlos III o La Época para adquirir muslos de pollo y bolsitas de aceite, son indicadores de que se avecinan tiempos difíciles, aunque los ministros se limiten a decir que existen “tensiones”.

Quienes acusan a la prensa independiente de generar falsas alarmas e inquietud en la población, jamás se han sentido preocupados por no tener qué comer o porque su hijo, a punto de cumplir siete años, ya no tendrá acceso a la cuota mensual de leche en polvo, un alimento que desde noviembre del año pasado desapareció a nivel nacional; al punto de que quienes vendían por la izquierda la bolsa normada de 1kg a 80 pesos, han inflado el precio hasta 120 pesos (5 CUC).

Misteriosamente, los paquetes de pollo importados que se comercializaban a 3.60  CUC (2 kg) se han esfumado de las neveras. En su lugar han colocado los muslitos de factura nacional, amortajados en nailon, que esconden desde pegotes de grasa añadidos para aumentar su peso y robarle a los clientes, hasta unidades tan pequeñas que hay que comerse dos para quedar medianamente satisfecho.

Aun así, la gente hace colas extensas para comprarlos porque no hay nada más. El pollo sigue siendo la opción más sana en medio de neveras medio vacías o atiborradas de tubos de picadillo de pavo grasiento. En el mercado negro un cartón de huevos cuesta entre 5 y 7 CUC; y a pesar del fantasma del racionamiento, las botellas de aceite de soya “Cocinero” que se venden a dos por persona y en circunstancias normales cuestan 1.95 CUC, ya circulan a 3 CUC.

La posibilidad de que Cuba sufra otro Período Especial va tomando un cariz muy serio; el principal síntoma es que quienes tienen plata no logran suplir sus necesidades, ni siquiera moviéndose por la izquierda. La depresión se ha extendido a todos los rubros comerciales, aunque lo que más golpea a las familias cubanas es la alimentación.

Para disimular el desabastecimiento, los trabajadores de las TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas) llenan los estantes con la misma mercancía, sean pomos de Nescafé, vasitos de yogurt o productos enlatados que representan un lujo para los criollos, cuyo salario no excede, en el mejor de los casos, los 30 CUC mensuales.

Nadie sufre esta infausta situación más que los discapacitados y ancianos, físicamente imposibilitados de soportar mucho tiempo en las colas, o abrirse paso a empujones en un tumulto. Es inevitable pensar qué será de esas personas si, en efecto, cae sobre los cubanos una crisis similar a la de los años noventa. Pero si en La Habana las cosas van mal, en el interior del país es mucho peor.

En Holguín, por ejemplo, varios establecimientos comerciales han sido inaugurados, incluyendo una sucursal de la cadena de tiendas de aseo “Agua y Jabón”; tan bien provista en cuanto a variedad y calidad de productos, y con precios tan exorbitantes, que su emplazamiento luce absurdo en una provincia donde casi todo el mundo vive de su salario, o al menos lo intenta.

Al observar los contrastes entre la sucursal de “Agua y Jabón” y la sección de cárnicos de cualquier tienda, es lógico preguntarse cuál criterio de importación se maneja en las altas esferas si en el mercado negro holguinero un litro de aceite refinado cuesta 100 pesos, mientras los frigoríficos recién estrenados en las TRD solo contienen hamburguesas.

Está bien disponer de opciones para andar limpio y aseado como quería Martí; pero es absurdo que en un país donde las neveras están vacías y los productos agropecuarios se hallan por encima de la capacidad de compra del peso cubano, haya estantes repletos de artículos superfluos en comparación con miles de necesidades insatisfechas.

La situación socioeconómica que atraviesa la Isla parece tan irreversible que la gente ha dejado de preguntarse adónde iremos a parar. Solo pensarlo resulta pavoroso, pero considerando el actual estado de cosas la interrogante lógica sería: ¿hasta dónde vamos a retroceder?

Cubanet y Cibercuba

 

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