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Jonatan Alzuru: La paz como táctica de guerra

 

El régimen despótico está disminuido. Les quedan las fuerzas paramilitares, una cúpula militar que tiene el control de las armas, una militancia que a lo sumo llegaría al 10% de la población venezolana. En cualquier otro país, en cualquier otro momento, estuviese desplazado. Cuenta, sin embargo, con la asesoría y la presencia del personal cubano; grupos terroristas y apoyo del gobierno de Rusia.

Estando a pocos metros de su derrota definitiva, la situación bélica que lo desplazaría totalmente del poder, es la mejor alternativa que tiene el déspota. Transformar la situación en un conflicto regional (por el apoyo de Cuba y Nicaragua) e internacional por el apoyo de Rusia. Sería su mejor jugada. En principio porque la situación de guerra, de intervención, dividiría el concierto de naciones que apoyan actualmente a Guaidó, se neutralizarían algunos, otros se opondrían, otros apoyarían a distancia y muy pocos se involucrarían directamente.  Por lo tanto, el primer efecto sería una división de la coalición internacional.

En segundo lugar, dependiendo cómo maneje el conflicto el déspota, esto es los intereses económicos que ofrezca y garantice a Rusia, puede transformar el asunto en un conflicto internacional más allá de la región.

Pero, además, internamente, dividiría a la oposición, a todos los de izquierda que están con Guaidó o que se han mantenido neutrales e incluso, pensadores que han sido lúcidos oponiéndose al régimen, se distanciarían; ya en las redes sociales se leen sus destempladas posiciones. Los pacifistas por principio se rasgarían las vestiduras. Es decir, esa acción divide nacional e internacionalmente.

Esa sería su situación ideal, para el déspota, insisto, porque aún muerto se haría mártir histórico y toda la opresión a nuestro pueblo, quedaría a libre interpretación con tendencia minimizarse, frente al mártir…  Por lo tanto, al déspota le interesa el conflicto y la guerra. Por eso baila, mientras asesinan a nuestros indígenas. Por eso sus secuaces se colocan prendas terroristas para dar declaraciones; por eso las opiniones destempladas y verdaderamente vomitivas del arlequín que tiene el nombre de Jorge Rodríguez. Provocar… provocar la lucha armada es su finalidad.

En esta situación cuando está disminuido, su extraordinaria derrota que lo transformaría en un cadáver insepulto, tanto para las izquierdas como para las derechas, hoy y para siempre, latinoamericanas y del mundo, sería lograr que el cese a la usurpación y el gobierno de transición fuese con el mínimo costo de vidas, con el máximo consenso entre los nacionales y los internacionales; lo más pacífico posible. Es el camino más complejo, más difícil y no es por un asunto de miedo, de paz, simplemente, sino también, por táctica y estrategia en la confrontación contra un régimen delincuencial como el que se vive en Venezuela. Pero, además, es el camino que depende de quienes no tenemos armas y ha sido la opción de quienes nos dirigen desde la Asamblea Nacional.

Es verdad que para quien vive en Venezuela y sus familiares mueren sin medicamento o sus niños se desnutren, ese camino pacífico da una arrechera inmensa, decepción, frustración y desesperación. Es lógico que se sientan solos, abandonados porque para ellos, simplemente, el futuro se venció, la muerte la tienen en la espalda y no hay mañana. ¡Es una realidad inocultable! Dolorosísima e insoportable.

Pero hace tres meses en Venezuela, vivían exactamente igual, con ese futuro de muerte en la cabeza y sin ningún tipo de esperanza ni posibilidad, ni alternativa. La resignación era el único camino de los enfermos, morir de mengua, de los muertos por la delincuencia y de los que morían por hambre.

Estamos en una situación distinta. Hay un concierto internacional que debe consolidarse, amalgamarse, 50 naciones, y entre ellas están las más poderosas del mundo; una opinión pública nacional e internacional que está informada del holocausto que se vive en Venezuela y se tiene una dirigencia política que está actuando con prudencia, intentando generar el mayor consenso para derrotar al régimen, con un camino bien determinado.

Es la hora que la esperanza, la fe y la voluntad se transformen en acciones persuasivas, para quitarle apoyos al déspota, no importa que sea una persona, tendrá uno menos, no pierda tiempo insultar, gaste sus energías en ganar adeptos para la libertad…hasta dejarlo solo, se trata de persuadir a militares, a militantes… Se trata de luchar contra nuestra propia angustia y deseo de resolución desesperada y pensemos que lograr la transición pacífica sería la mayor venganza contra el despotismo.

 

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