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Ramón Hernández: Apuntes de una batalla por darse

 

El diario El País –de España, se aclara porque hay muchos con ese nombre en otras naciones– que desde su fundación en 1976 ha marcado pauta en el periodismo de lengua castellana y que todavía, pese a sus frecuentes desaguisados de diferente orden y calaña, mantiene cierto prestigio que le permite sostener una circulación y un tráfico en su página web que podemos llamar elegante, reportó como “disturbios” los hechos que protagonizaron los pemones en la frontera con Brasil cuando con arcos y flechas, sin curare, se enfrentaron con los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos armados con fusiles automáticos que impedían la entrada de ayuda humanitaria procedente de Brasil. ¿Disturbios?

Lo que ocurrió en la frontera con Colombia, que una gandola con medicinas y alimentos fuese incendiada por oficialistas y guardias nacionales, también fue titulado como disturbios. Nada épico, disturbios ajenos a acciones catalogables como crímenes de lesa humanidad. Aunque la reportera indica en el segundo párrafo que las armas y los gases lacrimógenos de los militares leales al chavismo y los grupos que aún respaldan a Nicolás Maduro impidieron que entrara la “avalancha humanitaria” por el puente Simón Bolívar, al diario español le importa poco lo que significaba ese violento recibimiento, que es casi una declaración de guerra a los países que enviaron medicinas y alimentos para que les fueran entregados a los venezolanos que perviven en situación de extrema y creciente penuria. Su tarea periodística la resuelve poniendo el foco en los disturbios y no en la violación de los acuerdos internacionales. Vaya.

En los sucesos ocurridos en la frontera con Brasil, el manejo editorial es más descarado y bordea la vulgar manipulación, pareciera que sus fuentes informativas o sus editores y redactores fuesen de Telesur, VTV o Radio Habana. La gravedad de lo ocurrido y los miles de testimonios de cómo las fuerzas armadas dispararon a mansalva al grupo de indígenas pemones que se dirigía a buscar alimentos y medicinas al puesto fronterizo con Brasil no aparece en la nota que publica el diario que dirige Soledad Gallego Díaz. Solo se indica que “las fuerzas de seguridad han reprimido duramente a la población”, los cinco muertos a balazos aparece como un asunto secundario y circunstancial, nunca como lo verdaderamente grave. Tampoco se dan cifras de los heridos, algunos muy graves, y la imposibilidad de prestarles atención médica en Santa Elena de Uairén por falta de insumos, ni de los presos. Mucho menos se informa que las “fuerzas de seguridad” impidieron el traslado de los heridos a Brasil y que los pemones tomaron como rehenes a varios guardias nacionales e hirieron de un flechazo en el pecho a un miembro de los colectivos que los asediaban. Su foco fue que Juan Guaidó había anunciado por Twitter la entrada de dos pequeños camiones con leche en polvo, frijoles y medicinas antes de que ocurriera.

Es un tipo de periodismo mediocre y malsano que se repite en el noticiero de TVE y que tiene la característica de que pretende encuadrar los hechos, las declaraciones y hasta las imágenes a la composición de lugar que los “periodistas” o los gerentes informativos se han inventado en sus salas situacionales. No es la fuerza de los hechos lo que se impone y se informa, sino lo que ellos tienen en la cabeza que debió haber ocurrido. A Juan Guaidó lo estuvieron llamando “presidente autoproclamado” hasta la noticia en la que el gobierno de España lo reconoció como el presidente interino de Venezuela.

Ningún noticiero o diario, sin vínculos con los intereses político-numismáticos de Podemos o con el oportunismo del PSOE de Rodríguez Zapatero, habría ocultado entre fárragos de tinta y blablabá un testimonio como el que recogió Naiara Galarraga Gortázar, la corresponsal de El País en Pacaraima, Brasil, de boca de la arquitecta municipal Vilma Vázquez: “Hay cinco muertos. La tanqueta de la GNB entró en el pueblo y empezó a disparar a mansalva”. Era para titular en primera página y cumplir el compromiso con la historia.

El presidente de Colombia, Iván Duque, recorrió dos puentes fronterizos “para constatar la barbarie”, pero El País consideró más periodístico escribir “para hacer un recuento de los daños tras la barbarie”, que no es lo mismo ni se escribe igual. La cuantificación de los daños no es la noticia, sino la conducta de un grupete capaz de todo para mantenerse en el poder. Delcy Rodríguez lo dijo: “Solo vieron un pedacito de los que estamos dispuestos a hacer”. Vendo brújula periodística.

 

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