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Vladimir Villegas: ¿Llegó la paz porque no entraron los camiones?

 

Llegó el 23 de febrero, y como era de temerse, hubo un saldo lamentable de muertos y heridos en la frustrada entrega de ayuda humanitaria, sin aval de la Cruz Roja Internacional, a través de las fronteras de Colombia y Brasil. El forcejeo entre el “sí o sí” y ” el no pasarán” sirvió para mostrar que la situación política se agrava, que no ha cesado ni cesará la confrontación y que vamos en camino a un escalamiento que puede derivar en cualquier cosa, una intervención armada, mayores sanciones económicas, violencia, más muerte, más represión y, cuidado, si anarquía.

En mi artículo de la semana pasada incluía entre los escenarios más probables que el gobierno no iba a permitir el ingreso de los camiones. Eso fue lo que ocurrió. Y allí se desató la violencia de quienes lanzaron bombas molotov contra la custodia policial, y también, como ya es costumbre, la respuesta represiva desproporcionada que se ha traducido en grandes cantidades de heridos y un número aún indeterminado de víctimas fatales, incluidos los feroces ataques contra los indios pemones,al sur del Estado Bolívar.

Que si el camión cargado de alimentos o medicinas fue quemado del lado acá o del lado allá, eso es secundario con respecto a lo que se avecina.

El 23 de febrero quedó claro que estamos alejándonos cada vez más  de una solución pacífica o negociada a la actual crisis política. Que se haya frustrado el ingreso de alimentos y medicinas no quiere decir que el gobierno de Nicolás Maduro ya ha superado este amargo y complejo momento político que vive, agobiado no solo por las presiones internacionales sino por un descontento que ha crecido a ritmo de hiperinflación. Eso de que llegó la paz porque no entraron los camiones es tan falso como que la ayuda iba a entrar el sábado “sí o sí”. Mientras no se busque una solución política, electoral, democrática y constitucional la paz será precaria.

No veo factible que Maduro logre gobernabilidad en las actuales condiciones. Y ahora, luego de la  reacción desproporcionada de los organismos de seguridad y de presuntos civiles armados que hicieron frente a manifestantes, pues la condena internacional a su gobierno también irá en aumento. Así como se aleja la posibilidad de una solución nacida de una negociación, también se acerca el escenario de una intervención armada desde el exterior.  A diferencia de lo ocurrido en 2017, cuando bajó el nivel de las protestas, avizoro que vamos a vivir momentos mucho más complicados en lo político y en lo económico que tal vez nos hagan extrañar al terrible 2018.

¿Se va a mantener la decisión de cerrar las puertas a una salida política pacífica? ¿se sigue creyendo  que vale la pena y es la mejor alternativa hundir más a un país en el fango de la parálisis económica, la conflictividad política con tal de preservar el poder, aunque sea de espaldas al sentimiento de las grandes mayorías?

¿Están estacionados en la creencia de que la amenaza de una intervención extranjera es retórica y sirve para responderle con retórica? ¿O se le toma en serio y no se hace nada o se hace muy poco para evitarla, apoyándose en una visión épica de la política que puede llevarnos a un gran desastre como nación?

No quiero una intervención extranjera en mi país ni aplaudo a quien la promueva. De ningún signo. Tampoco quiero que se siga imponiendo una manera de gobernar que ya ha hecho demasiado daño, incluso al propio pueblo que llevó a Hugo Chávez al poder. Hablar de paz y cerrarle las puertas al cambio pacífico y democrático que reclama la sociedad es abrirle paso a la intervención e incluso provocar que esta opción gane apoyo en sectores de la sociedad.

La patria no es un hombre o un grupo en el poder, por muy poderoso que sea. La patria somos todos. Invocando la patria no se puede jugar a la guerra ni imponerle a todo un pueblo una narrativa supuestamente patriótica que ya es hueca, y que termina siendo una coartada para eludir las responsabilidades por el tremendo desastre en el cual han hundido al país,  es decir, a la patria que dicen defender. Así que, en un momento de soledad quienes hoy tienen el poder, empezando por el propio Nicolás Maduro, deténganse a reflexionar cual sería la mejor manera de servir o al menos de evitar mayores daños a Venezuela.

¿Y si no lo tienen claro, por qué no preguntarle al soberano  en cuyo nombre dicen actuar?

 

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