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José Manuel Rodríguez: La diplomacia del empujón

 

No hablo de aquello que tienen que aprender los que son enviados a representar a los Estados por el mundo. Hablo de la forma como los Estados manejan sus relaciones con los demás. Lo del oficio, está bien, tiene que ser “algo doblado en dos” como lo dice su raíz griega. Es el fingimiento que escuchamos con frecuencia: Representantes ilustrísimos, nos une el vínculo inmarcesible de las supremas virtudes democráticas… Tales florituras me tienen sin cuidado centrémonos en las relaciones entre los Estados.

Ahí también hay dos formas de expresarse, la de los Estados fuertes, imponiendo conductas gracias a su poder económico y militar, es decir, la diplomacia del nariceo. “Haces lo que digo o te jodo”. La otra, la de aquellos Estados que luchan para preservar la soberanía sin ninguna dualidad ante la diplomacia del arreo. Es lo que hizo Cuba en sus momento más difíciles.

No desconozco que esa preservación de la soberanía obliga, entre varias cosas, a lograr acuerdos con aquellos Estados de “la comunidad internacional” que defienden el no  intervencionismo y la multilpolaridad, y también con aquellos que sin ser aliados tienen razones coyunturales para ponerse del lado de una estrategia de paz internacional. Sobre eso no hay discusión.

El asunto es qué hacer con los Estados sigüices del imperio, los que siguiendo instrucciones de ellos se enfilaron al desconocimiento de nuestra constitución, leyes y autoridades nacionales. Nuestra respuesta debería ser advertirles sobre las consecuencias diplomáticas y económicas que eso acarrea y proceder, sin ninguna dilación, de no haber rectificación. Sin los “ya va”, “hay ser cuidadoso”, “pudiera ser inconveniente”.

La derecha internacional no duda, es agresiva e insolente por antonomasia, y mientras más insignificantes sean, peor actúan. No sólo reconocen a un aventurero estupidizado y aceptan a sus “representantes”, expulsan a nuestros embajadores oficiales y asaltan nuestras embajadas. Costa Rica y Ecuador lo hicieron. La monárquica España, con sus empresas aquí repletas de dinero, se atrevió a darnos ultimatos. Una antigua sentencia china dice: Si actúas resueltamente, incluso los dioses huirán…

 

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