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Enrique Meléndez: La hora de la barbarie

 

Estamos en el momento en que todo el mundo dice: yo estaba en lo cierto; sólo que no se tomó en cuenta que el gobierno iba a salir con semejante salvajada. He allí los dos términos que tanto ocuparon el vilo de nuestros escritores del Siglo XIX: la civilización y la barbarie; cuando entonces los ánimos estaban caldeados, y había mucha ira por todas partes, y que es lo que esta gente ha traído a colación en su máxima expresión. Sobre todo por la soberbia, que le han puesto al empeño, y no se olvide que la soberbia es hermana de la brutalidad; de donde a todo el mundo los acontecimientos le dan la razón: uno no se puede meter con la bestia; porque la bestia reacciona de esta manera.

Por lo demás, días antes de esta tragedia ya por las redes llegaban las advertencias: el gobierno piensa sacar a los presos comunes, vestirlos de militar, y llevarlos para la frontera, para que le hagan resistencia a la entrada de la ayuda humanitaria. De allí que el término que se ha venido utilizando, para calificar el carácter autoritario de este régimen, es el del pranato: lo que nos gobierna es un pranato. El tipo de gobernante que dice, como José Tadeo Monagas: la Constitución sirve para todo.

Que es lo que lleva a esta gente a aferrarse más al poder. Nosotros estamos ante una Nomenclatura; es decir, ante a una burocracia estatal muy rica, frente un pueblo muy pobre, y lo que la diferencia del tipo de régimen, como los que existían en la órbita de la antigua Unión Soviética, es que esta Nomenclatura por su afán codicioso ha tenido que pactar con tres fuerzas de ocupación: el G-2 cubano; que le da el rango policial; con el ELN, que la garantiza la seguridad en las minas de oro del Arco Minero y con el narcotráfico; manejado por el famoso Cártel de los Soles; que, según algunos militares de alto rango de EEUU, se trata del cártel más poderoso, que haya tenido el narcotráfico, en virtud de que cuenta con la soberanía de un Estado.

Aparte de que se maneja la tesis de que existe una célula del Hezbolá en Margarita, y de allí la fama de terrorista, que tiene el régimen de Maduro, y que es lo que se ha venido a demostrar en la presente oportunidad. Como reza el dicho: no tienen perdón de Dios. Aquella Nomenclatura de la órbita soviética era de carácter ideológico; aun cuando también la que detenta el poder hoy en Venezuela ha asumido esa misma ideología, y lo que viene a constituir un ropaje, en especial, desde que se llevó a cabo el matrimonio Venezuela-Cuba; un ropaje para engañar al llamado sector de izquierda de la opinión pública mundial.

Que es lo que explica el hecho de que Nicolás Maduro hubiera podido respetar los lapsos establecidos por la Constitución, para la realización de las elecciones presidenciales, que adelantó en forma arbitraria para el 20 de mayo pasado; con un árbitro electoral equilibrado desde el punto de vista del color partidista de su cuerpo rectoral y bajo la observación internacional. Lo más probable era que perdía este evento; pero pasaba a ser la principal fuerza de la oposición, con una representación parlamentaria muy importante; además de representación en el resto de poderes; cuya composición terminaría negociando con el nuevo gobierno, que sustituiría al suyo, y paz a los vencidos y honor a los vencedores. La circunstancia es que ninguna de esas fuerzas de ocupación podía convivir con el nuevo gobierno: el puro Cártel de los Soles perdería de inmediato la soberanía del Estado, y por eso es que la cuestión estatal para esta gente es de vida o muerte.

Porque el problema suyo la constituye la diáspora venezolana, que anda por todas partes del mundo, reflejando la verdadera cara de la situación, que se vive en el país, signada por el hambre y la falta de medicinas; que es lo que los señores, que nos gobiernan, se niegan a admitir, y que es la otra razón, por la cual se empeñan en no dejar que entre la ayuda humanitaria; pues permitir, que el pueblo la recibiera, es admitir su mal gobierno, y aquí radica el error, que se cometió, al tratar de ingresar los camiones con la carga de la misma sin la debida protección de los llamados cascos azules; tanto más que se manejaba la tesis, de que definitivamente las fuerzas armadas no estaban ganadas, para oponer resistencia, y que fue lo que llevó al G-2 cubano, como se viene denunciando, a valerse de los grupos violentos, y de hecho por las redes llegan las fotos del comandante cubano del G-2, que condujo a estos grupos a la acción vandálica de pegarle fuego a los camiones.

Por supuesto, esto lleva a una radicalización de las acciones, y este lunes se presentará Juan Guaidó en la reunión del Grupo de Lima, que está pautada para la ciudad de Bogotá, y lo más probable es que se decida insistir en la entrada de la ayuda humanitaria; esta vez protegida por los cascos azules; siendo lo más sensato por el momento; sin tomar en cuenta las amenazas, que se lanzan en medio de las declaraciones de los altos funcionarios del gobierno de los EEUU, y quienes han asomado la posibilidad de una intervención tipo operación quirúrgica, como la que le hicieron a Manuel Noriega en Panamá.

En ese sentido, el liderazgo de Guaidó ha adquirido un carácter épico; hazañoso. El hecho mismo como salió del país y apareció en Cúcuta le dio un rasgo de espectacularidad a sus acciones, y con lo cual se catapulta mucho más; mientras el gobierno de Maduro recibe el repudio del mundo entero; tomando en cuenta que ha destruido un material demasiado sensible, aparte de que se ha vuelto a ensangrentar las manos, a partir de la cifra de 40 muertos y más 300 heridos, como resultado de la vileza, con la que ha actuado en esta oportunidad. ¿Está esta gente dispuesta a inmolarse? Una cuestión de vida o muerte; de otro modo lo que les espera es la cárcel.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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