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Mientras Maduro es un hueso duro de roer a Guaidó las cuentas no le cuadran

 

El pulso entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó sigue en el foco mundial. Pero ya no hay pulso musical, el que ganó Guaidó el viernes 22 con el concierto Aid Live para Venezuela. El nuevo pulso ha entrado en terrenos más complicados y escabrosos. Es el juego del poder definitivo para ambos líderes.

Juan Carlos Zapata (ALN)

Es un pulso que no esconde nada. La operación de la ayuda humanitaria promovida por Juan Guaidó pasa a otra fase. De hecho, el presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado de Venezuela señaló en un mensaje en Twitter que “Los acontecimientos de hoy me obligan a tomar una decisión: plantear a la Comunidad Internacional de manera formal que debemos tener abiertas todas las opciones para lograr la liberación de esta Patria que lucha y seguirá luchando”. Esta es la posición que compartió también el senador republicano, amigo y consejero de Donald Trump en lo que se refiere a Venezuela, Marco Rubio.

Lo de hoy, o lo de ayer sábado, a lo que se refiere Guaidó, apunta hacia el muro que colocó Nicolás Maduro para que no ingresara la ayuda humanitaria al país, y a la escalada de violencia que ello significó. ¿Entre las opciones se encuentra la intervención militar por una fuerza multinacional? Guaidó no la ha descartado otras veces, y es la misma opción que maneja Trump, que está en su mesa. Por su lado, Maduro y el régimen, y los militares que lo respaldan, se preparan para ello, y han dicho que el agresor correrá con altos costos militares y humanos. Maduro declaró al diario Rusia Today hace un par de semanas que una manera de asegurar la paz es“Preparándonos para hacer impagable desde el punto de vista de costos militares, humanos, una guerra, una invasión por parte del ejército de los Estados Unidos”.

Así, la jornada de este sábado 23 de febrero demuestra que:

-La ayuda humanitaria es la operación a la que el régimen de Maduro más teme. Ni siquiera a la intervención militar en sí misma. La ayuda humanitaria es una operación política que puede derrumbar el régimen sin mayores “costos” humanos y militares, dejando al régimen sin respaldo popular, y sin una épica que vender, sin un relato que construir hacia el presente y el futuro, como sí sería del caso de la intervención militar.

-La represión en las fronteras de Brasil y Colombia; la quema de los camiones en el puente de Ureña más la amenaza de fuego contra el buque que viajaba desde Puerto Rico hacia costas venezolanas, y la reacción en Caracas confirman los temores hacia la ayuda monetaria.

-Maduro sacó gente a la calle, lo cual es el libreto a seguir cuando los regímenes se sienten en riesgo. Lo hizo el presidente Rómulo Betancourt en los años 60 cuando la naciente democracia venezolana sufría intentonas golpistas desde la derecha y la izquierda; y lo hizo Hugo Chávez el 11 de abril de 2002 aunque no le funcionó porque ya se había dado el quiebre del alto mando militar. Pero lo ha hecho el chavismo desde entonces; y lo hace Maduro, que cada vez convoca una marcha paralela cuando la oposición llama a manifestarse. Maduro se cubrió con una concentración multitudinaria, convocada muy cerca del Palacio de Miraflores, el palacio de gobierno.

-El despliegue militar fue notorio en el oeste de Caracas. En las principales vías y en torno a las principales unidades militares de Caracas, cuanto y más, el Fuerte Tiuna, la más importante y estratégica de la capital. Maduro y el régimen crearon así una especie de zona infranqueable en los alrededores del Palacio de Miraflores.

-También fueron activados los grupos paramilitares, los llamados colectivos, siempre armados.

-En las fronteras, el saldo de muertos, heridos, detenidos, es el siguiente, según la Asamblea Nacional: En Santa Elena de Uairén, frontera con Brasil, 5 personas fallecidas, 29 heridos. En Ureña, Táchira, frontera con Colombia, 100 heridos, 28 detenidos. Se registraron también heridos y detenidos en los estados de Anzoátegui, Carabobo y Yaracuy.

-La escalada represiva era de esperarse. Maduro no estaba dispuesto a que entrara la ayuda humanitaria. Mientras Juan Guaidó decía que iba a entrar sí o sí, Maduro también afirmaba tajante que no entraría, y hasta desde Cuba se afirmaba que todo ello encubre una operación “siniestra”. “Basta de pretextos falsos para cubrir planes siniestros. Ayuda humanitaria necesitan los pueblos empobrecidos por tantas bases militares y tantas agresiones imperiales. Basta de cinismo”, escribió el presidente cubano Miguel Díaz- Canel en Twitter.

-El régimen de Maduro llegó inclusive a “sacrificar” buena parte de su discurso político al anunciar, por su lado, que llegaba ayuda de Rusia, de China, de la Unión Europea, lo cual indica que en este terreno Guaidó le estaba haciendo daño.

-Convencido el régimen y sus aliados de que el daño es real, y sería mayor si entraba, resultaba lógica la reacción. El discurso de ayer de Maduro también lo confirma. “Aquí estamos deseosos de defender a nuestra Patria y enfrentando al imperialismo”, dijo.

-Lo habían manifestado antes Diosdado Cabello, el segundo en el poder, y Freddy Bernal, un siniestro personaje del chavismo, designado por Maduro protector del estado fronterizo del Táchira. Y esa es la misma posición del Alto Mando Militar, liderado por el general Vladimir Padrino López. Se había anunciado que cualquier vehículo que entrara sería blanco militar. Pero el régimen prefirió apelar a la fuerza de los paramilitares o colectivos, evitando, por ahora, el uso de la fuerza militar para no darle pretexto al enemigo.

-Ya están echadas las cartas. No hay marcha atrás. Maduro sabe que se juega el poder. Y por tanto, vuelve a enviar el mensaje de que venderá cara la derrota. Dice que cuenta con el respaldo de la Fuerza Armada. Lo que se vio ayer en ambas fronteras, donde se registraron al menos 50 deserciones, apunta a que en la base militar hay desmotivación y vergüenza. Sin embargo, el número no es suficiente para indicar que la cadena de mando se ha roto por completo, por más que Guaidó haya emplazado una vez más a la Fuerza Armada, advirtiéndoles sobre la responsabilidad en cualquier acto de violencia. Pero resulta indicativo que Padrino López celebrara una reunión el llamado consejo de seguridad social de la Fuerza Armada justo para discutir sobre beneficios para el estamento militar. “Reunido con el Consejo de Seguridad Social, trabajando por la seguridad y el bienestar social de los integrantes de la FANB. Gracias a la Revolución Bolivariana tenemos la Ley Negro Primero para seguir avanzando”.

-Mientras, desde la Casa Blanca, se afirmaba que a los militares los estaban observando todos los ojos del mundo, según dijo Sarah Banders. Y Guaidó ahora espera, dijo ayer, una respuesta en bloque de la Fuerza Armada. “El pronunciamiento debe ser en bloque: cese de la usurpación, el gobierno de transición y elecciones libres”.

-Maduro tuvo de su lado que a Guaidó no le salieron las cuentas bien. La gente no se movilizó en masa como en otras ocasiones, la gente no rodeó, salvo excepciones, los comandos militares. Tampoco los habitantes delTáchira se desplazaron hasta los puentes de Cúcuta y Ureña, tal como se estimaba que lo iban a hacer: Por decenas de miles.

-Fuentes militares esperaban movilizaciones masivas. Y que fueran los volúmenes de ciudadanos en la calle los que inclinaran la balanza militar, obligando a los oficiales a romper con Maduro. Mientras ello no ocurra, Maduro puede seguir repitiendo que cuenta con la lealtad de la Fuerza Armada, y así se lo ha hecho saber el Alto Mando Militar.

-Curioso que hasta la frontera apenas se desplazaron tres mandatarios del llamado Grupo de Lima, cuando todos -o casi- han debido arropar a Guaidó en este día, inclusive el anterior. Este lunes, habrá reunión del Grupo de Lima en Bogotá, a la que asistirá Guaidó.

-Hoy vale la pena preguntarse si el viaje de Guaidó a la frontera ha sido la decisión más acertada. Lo que algunos interpretaron como una jugada política y de coraje también puede ser interpretada como una señal de ponerse a buen resguardo en Colombia con la consecuencia de que la gente pudo ayer, puede hoy, sentirse huérfana de liderazgo. El 11 de abril de 2002, cuando Chávez reculó y decidió irse a Cuba ante la evidente derrota y salida del poder, los suyos terminaron en estampida, y hasta se sintieron traicionados por el líder, que fue este el caso del propio Nicolás Maduro, según lo expresaría años después. ¿Es lo que pasó este sábado con Guaidó? Tal vez otra hubiese sido la respuesta de haber visto al líder dirigiendo una manifestación desde un punto de Caracas. No es tiempo de que la moral de la victoria decaiga.

-Maduro dijo ayer que: “Es hora de que nuestro pueblo le diga a Trump que saque sus manos de Venezuela. ¿Ayuda humanitaria? ¿A quién ha ayudado a Trump en su vida? ¿Acaso él ama al pueblo de Venezuela? ¿Por qué la derecha se arrastra ante él?”. “Yo no le temo a nada, no me tiembla el pulso, cuando hay que echar pa’lante allí voy de primero. Detrás de esa comida podrida que llaman ayuda humanitaria tratan de tapar la intervención militar de EEUU”. “No es tiempo de traidores, de traición, es tiempo de lealtad a la Patria y a los ideales supremos de Venezuela”. “Jamás he sido un títere del imperialismo, no he sido ni seré nunca parte de ninguna oligarquía, ni élite”. “Cuenten con Maduro que será leal hoy y por siempre con esta batalla, estoy más duro que nunca, de pie, gobernando nuestra patria por ahora y por muchos años”. Hemos derrotado el golpe de Estado, señaló.

-Pero Guaidó, sabiendo que en la ayuda humanitaria tiene un arma letal contra Maduro, dijo ayer desde Cúcuta: “Mi responsabilidad como Presidente encargado es seguir buscando que ingrese esta ayuda. Nuestra misión siempre será resistir e insistir para quitarle la careta a quien usurpa el Palacio de Miraflores. Los que estamos por la paz no nos detendremos. Vamos a seguir movilizándonos para dar fin a una tiranía”.

 

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