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Puñalada trapera al maicero venezolano

 

El fijarle al maíz nacional un “precio de gallina flaca”, nos indicaba que se planificaba un gran negocio por parte de las nuevas asociaciones de maletín conformadas principalmente por personal activo y en situación de retiro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

El pasado mes de noviembre, cuando ya finalizaba la cosecha de lo poco sembrado en el ciclo de invierno, los maiceros venezolanos recibían del ministro del poder popular para la agricultura productiva y tierras (Mppat), Wilmar Castro Soteldo, una trágica noticia, el precio acordado para el maíz blanco y amarillo húmedo era fijado en 16 BsS el kilogramo.

Esta arbitraria y no consultada medida, fue rechazada de forma enfática y por demás justa por parte de Fedeagro, argumentando que este monto sólo representaba el 33.3% del ingreso requerido por los agricultores. El fijar este precio irreal al maíz nacional fue considerado como una estocada al sistema maicero venezolano, condenándolo a la ruina, cuando ya cumplía una década en caída sostenida en superficie cosechada.

La irracionalidad de aquella fijación de 16 BsS por kilogramo de maíz arrimado por el productor a las plantas receptoras fue de tal magnitud que paralelamente el gobierno anunció también para ese momento el precio acordado con los agroindustriales de 151 BsS para el kilogramo de harina precocida de maíz. Contradictoriamente, el precio impuesto a los agricultores solo constituía el 10.5% del precio de la harina, cuando históricamente, siempre había representado alrededor del 40%.

Pero esta acción, solo vendría a ampliar las continuas arbitrariedades del Mppat en contra de las familias dedicadas al cultivo de este cereal. Oportuno es recordar el secuestro de los pocos agroinsumos traídos al país, asignados en un 73% a Agrofanb por parte de la estatal Agropatria, mientras a las asociaciones tradicionales se le entregaba tan sólo un 27%, obligando al productor privado a recurrir al mercado informal de semillas, agroquímicos y fertilizantes, para no tener que abandonar sus campos.

Según las justificaciones de Castro Soteldo, esta estrategia le permitiría al país, gracias a los nuevos actores, alcanzar las 750 mil hectáreas de maíz en el 2018. Sin embargo, la cruel realidad fue que en maíz blanco apenas se cosecharon menos de 160 mil toneladas, cuando requerimos 1.6 millones de toneladas, mientras que los insumos recibidos por estos grupos fueron desviados al mercado informal.

El fijarle al maíz nacional un precio de gallina flaca, nos indicaba que se planificaba un gran negocio por parte de las nuevas asociaciones de maletín conformadas principalmente por personal activo y en situación de retiro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, como lo denuncie oportunamente en mi artículo ¿Y el precio del maíz pa’ cuando? Era evidente que estos nuevos actores a los cuales el ministro les otorgó a su discreción los agroinsumos de Agropatria – Agrofanb, y que a cambio de venderlos al agricultor, lo obligaban a entregarles su cosecha, se dedicarían en un futuro cercano, a comercializar el grano recibido a un mayor precio con la agroindustria, bajo la complicidad del Mppat.

Hoy, la providencia administrativa N° 218/2019 de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos, en la cual se anuncia un nuevo precio máximo de venta al productor de maíz “correspondiente a la zafra norte-verano febrero 2019-abril 2019 en BsS 515,20”, termina de desnudar el premeditado atraco socialista a nuestros agricultores, que ya habíamos advertido.

Todos sabemos que en nuestro país, en maíz no existe zafra norte – verano. Esta nueva puñalada trapera al maicero venezolano, simplemente servirá para generarle jugosas ganancias a las mafias que recibieron el maíz al productor a 5 o 16 BsS, y luego de tenerlo almacenado en sus silos durante menos de tres meses, lo venderán a la agroindustria a 515,20 BsS.

Conozco el caso de asociaciones y agroindustrias serias que ya habrían compensado parcialmente al productor por el diferencial de precio. Lo deseable, es que todas las receptoras del sector privado, ofrezcan al maicero nacional una justa compensación. Los nuevos actores le han negado completamente ese derecho al agricultor. Incluso, quienes se han atrevido a levantar su voz, manifestando inconformidad por el trato recibido, han sido conminados, bajo amenaza de grupos fuertemente armados que representan a estas organizaciones, amparadas y protegidas desde el Mppat, a guardar silencio.

Pero el negocio no termina allí. Parte del maíz almacenado en los silos bajo el control de estos delincuentes, también lo están comercializando irregularmente con el Estado venezolano, como maíz importado, recibiendo 180 dólares por tonelada, mientras ellos lo habían pagado al agricultor venezolano, a un equivalente de 23 dólares la tonelada.

Si queremos salvar nuestro maíz, primero debemos recuperar nuestro país. Es indudable que las verdaderas intenciones del malandraje y vandalismo que se ha enquistado en el Mppat siempre ha sido la obtención de infinitas riquezas, dejando detrás solo rastrojos, de lo que llegó a ser una agricultura modelo para el mundo. Indispensable es por tanto, en libertad y democracia, el conquistar nuevos paisajes.

Y llega otro suceso a punto de convertirse en tragedia. El 5 de agosto de 1955, a las 2:30 de la madrugada, pasa un vehículo frente a la quinta Punto Fijo, en la 2da avenida de la urbanización Las Delicias de Sabana Grande y lanza un explosivo a través de la ventana de la casa, que cae en la habitación donde duermen Rafael Caldera, con su esposa Alicia Pietri y un hijo de meses, Andrés. Son unos cuantos petardos, o fulminantes, que rompen vidrios y causan otros daños, pero ninguno de la familia sale herido.

―¿Cómo se le ocurre a usted eso, poner una bomba el mismo día en que llega el presidente Odría? ―le recrimina Pérez Jiménez a Estrada.

Estrada le ha dicho al biógrafo Agustín Blanco Muñoz que la acción fue obra de un subalterno suyo, sin su consentimiento, y que el atentado no fue con granadas, como acusó la oposición en el exterior.

Al fin, los novios se casaron. ¿Morigeró Alicia la inclinación represiva de su marido? Diversos testimonios hablan en favor de tal posibilidad. Por ejemplo, ante el ruego de unos amigos, personas cercanas a Alicia dicen que ella obtuvo la promesa de liberar a los presos Jaime Lusinchi y Octavio Lepage, pero con la condición de que salieran al extranjero y nunca regresaran, y que sirviera de caución la palabra del cuñado de Alicia, José Enrique Parés Urdaneta. Y dicen que Estrada le dijo a José Enrique:

―Y no pienses tomar a broma esa responsabilidad por ser tú mi cuñado. ¿Sabes lo que hizo Benito Mussolini con su yerno, el conde Ciano?

A las dos hijas de Alicia habidas en su primer matrimonio, y que adoptaron a Estrada como su verdadero padre, se une luego la nueva hija, Carolina Estrada Parés. Su nacimiento se produce en el torbellino originado por los acontecimientos que desembocan en el 23 de enero de 1958. Estrada, después de su destitución, acaecida el 10 de enero, pide asilo en la Embajada de la República Dominicana, con toda su familia. A los días, muere su padre, de un infarto, refugiado en Trinidad. Y cuando sospecha, ya en Santo Domingo, que el dictador Trujillo lo puede entregar a las nuevas autoridades venezolanas a causa de una intriga que ha armado Jorge Maldonado Parilli, coge sus maletas y llega a Miami. Aquí, un policía amigo le confiesa que hay gestiones muy serias ante el gobierno estadounidense para extraditarlo a Venezuela. Con mayor rapidez, vuelve a hacer maletas y toma un avión a Europa y deja a Alicia en Miami, en avanzado estado de gravidez, tanto que casi de inmediato da a luz a Carolina.

El matrimonio Estrada-Parés se residencia en París. Va a ser un exilio larguísimo el de él, que concluye con su muerte, 24 años después, a la edad de 82 años.

@WernerGutierrez

 

 

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