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El día 27, Donald Trump lleva la crisis venezolana a la cuenca del Caribe

 

Donald  Trump y mamá de Óscar Pérez

El discurso de Donald Trump en la Universidad Internacional de Florida, tuvo como tema la crisis venezolana, pero su público destinatario no estaba aquí, salvo, por supuesto, en las apelaciones directas a la camarilla gobernante o en su homenaje a Óscar Pérez.

Su público objetivo estaba en Florida, en el sur de los Estados Unidos, y su intención era –y será- inclinar a favor de los republicanos una balanza que está en equilibrio extremo y que puede decidir las elecciones de 2020, incluso a su favor si en definitiva se lanzara a la reelección.

“Tear down this wall” (Derribar este muro)

Se dice que Trump se ve (y algunos de hecho lo ven) como un émulo histórico de Ronald Reagan. Ambos outsiders, en cierta forma, de la política; ambos venidos, por decirlo de algún modo, en los medios.

De Reagan, de su falta de finura política, se burlaron tanto como se burlan hoy de Trump, y la intelectualidad estadounidense hizo escarnio del exgobernador de California como lo hace hoy del multimillonario, y con los mismos argumentos: básicamente, o bruto o flojo (también a Reagan se le criticaban sus vacaciones en California).

Pero resulta que, para la Historia, Reagan acabó con el comunismo, junto con Margaret Thatcher y Karol Wojtila (Juan Pablo II). Y el histórico discurso de Reagan en Berlín, 1987 (Mr. Gorbachov, tear down this wall) puede ser directamente enlazado con el de hoy, ya no con Inglaterra y el Vaticano como socios, sino, a nivel regional, con los aliados de peso: Colombia y Brasil (además de Argentina, Canadá, Chile, Perú, etc.).

En su momento, el discurso de Reagan pareció una baladronada, pero apenas dos años después, el muro y el socialismo real yacían en ruinas. Y después de Reagan gobernó Bush padre. Es decir, 12 años republicanos.

El mensaje de Trump es igual de contundente que el de su antecesor del Great Old Party: “Este será el primer hemisferio completamente libre”.

Venezuela, por tanto, se convierte en el discurso de Trump no solo en el eje de un problema práctico, sino moral: El socialismo es malo, es empobrecedor, es esclavizante. Estados Unidos es un faro de libertad, dice, y ayudará a liberar al continente, por fin, del comunismo, 30 años después de la caída del Muro de Berlín.  Y nunca en la región hubo tantos gobiernos que pudieran considerarse comprometidos con la causa del liberalismo.

Además de en lo anterior, el peso del discurso de Trump en este día 27 de la crisis institucional de Venezuela se encuentra en el cambio del marco de referencia. Trump convirtió el problema de Venezuela desde hoy en un problema, también, de la cuenca del Caribe, y no solo de Suramérica.

Si se acaba el chavismo en Venezuela, se extingue el comunismo en Cuba (el nexo, lo dibujó muy claro, es económico), y el sandinismo se queda tan aislado en Nicaragua que su caída es cuestión de tiempo.

El momento, por tanto, es histórico, único. Para lograr un cambio geopolítico regional, y ya no solo en Venezuela, Estados Unidos pone su poder militar. Y su poder económico, y le ofrece a los militares que respalden a Guaidó una amnistía que, en la práctica, va a ser muy difícil de conceder, porque no hay perdón que justifique que nadie conserve sus riquezas mal habidas. Pero eso será un discurso para más adelante.

Por ahora, lo cierto es que Trump se encargó desde temprano de rebajar las expectativas sobre su conferencia en Florida. No hubo un ultimátum. Pero la presión sigue creciendo.

No es con uno y uno se asusta.

Sobre cohetes y motos

Mientras tanto, y al menos de cara al público, Maduro sigue en automático. Ayer se inventó un “Consejo Presidencial de Ciencia y Tecnología”. “Si no sabes qué hacer, crea una comisión”, es un axioma de la burocracia. Y allí dijo que Venezuela “tenía cohetes que podían ir sobre motos, y derribar aviones”.

Como las amenazas de Omar Prieto, como las de Freddy Bernal, las de Maduro no van dirigidas a EEUU, sino a los venezolanos. En eso se equipara a Trump: utilizar un subject, un tema, para hablarle a un público objetivo totalmente diferente. Pero salvo la nueva amenaza contra un pueblo al que han matado de tantas diferentes maneras que ya tiene poco que temer, nada nuevo bajo el Sol.

El primer artículo de esta serie, en el ya lejano 22 de enero, se llamaba El día en que el chavismo se quedó sin argumentos, y nunca creí que fuera tan cierto. Dijo Maduro que el discurso de Trump había sido “casi nazi”. “Quiere prohibir las ideologías, imponer un pensamiento único de los supremacistas blancos”.

Eso sí, las ojeras le llegan a las rodillas, cada vez hace actos más pequeños, más cortos y en salones más cerrados y sigue conjugando verbos en futuro; pero su cara (y la de todos a su alrededor), habla de cuánto agotamiento hay. Todos tienen caras de asustados. Aún así, Maduro es como un maratonista que quiere llegar gateando a la meta…

Pero para la meta faltan 40 kilómetros.

Mundo, 20 años de historia os contemplan…

Si lo de Maduro es agotamiento, lo de Jorge Rodríguez es sencillamente burn-out. Vaya racha lleva: Inventor del “Guaido Challenge”, luego puso a la hermana a decir que la comida de la ayuda humanitaria “está envenenada” y ahora combate un concierto con otro concierto, luego de que el chavismo hiciera burla de una invasión que comenzaba con Miguel Bose en la tarima.

Pero como tienen personalidad psicopática, a Rodríguez no se le ocurre nada mejor que ofrecer 20 mil cajas CLAP… a los colombianos. Médicos y pediatras… a los colombianos. Es decir, el problema no es Venezuela, es Colombia. La crisis humanitaria no es en Venezuela, es en Colombia.

Rodríguez quiere aplicar a nivel internacional la que han aplicado durante 20 años en Venezuela. Negación total de los problemas; acusar a los demás de las propias responsabilidades; montar eventos paralelos para inhabilitar, o amenazar, las actividades de la oposición.

El mundo los está mirando, pero nosotros llevamos dos décadas lidiando con ellos. Esas actitudes fueron, justamente, las que nos trajeron hasta aquí. Esa negación de la realidad y ese desconocimiento del disenso.

Mención aparte para los “artistas invitados”, que, según el ministro de Comunicación, “han confirmado su participación”: Roque Valero, Omar Enrique o Serenata Guayanesa, que bien merecía un final más digno para tanta y tan rica historia musical. No necesitan confirmar nada quienes son empleados del régimen…

Oyendo a Rodríguez, uno necesita releer a Vaclav Havel. Porque estos comunistas, los del siglo XXI, actúan como si Havel, y Orwell antes que él, no hubieran existido y no los hubieran desenmascarado magistralmente.

Buscando cajas

Por último, en este día 27, y de buena fuente, se sabe que desde Fuerte Tiuna convocaron a los dueños (sí, dueños, no encargados) de supermercados. Necesitan conseguir 20 mil cajas CLAP, es decir, 20 mil harinas pan, 20 mil aceites, 20 mil lentejas, etc. No parecen cifras demasiado altas ni en esta crisis, pero ya ustedes ven cuál es el nivel de desesperación y depauperación del Ejecutivo.

Y por otro lado, al cierre de la jornada se sabe que el “mecanismo de Montevideo” (?) enviará “una misión a Caracas”. ¿De qué lado se pondrá Uruguay esta vez? “El comunicado de la reunión de Montevideo (del GIC), con la Unión Europea, y el Mecanismo de Montevideo, en acuerdo con México, son cosas complementarias, no contradictorias”, dijo Tabaré Vázquez.

Es decir, se puede estar en desacuerdo y de acuerdo con las elecciones en Venezuela al mismo tiempo. Por eso es que en Uruguay se habla mucho de que el Frente Amplio está perdido para las próximas elecciones.

Y desde Europa no cancelan el Grupo de Contacto ni después del desplante de Maduro a los eurodiputados, con lo cual, hay una Europa cada vez más dividida en relación con el tema Venezuela.

Todo esto lleva agua al molino de Maduro… pero también al de Trump.

Vaya día.

Y se pondrá más interesante.

Pedro García Otero / 18 feb 2019 / ND

 

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