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Alirio Pérez Lo Presti: Muchos hombres en un solo nombre

 

En un bar de Valparaíso me consigo con un viejo amigo. Le recuerdo que en un tiempo era tan peleón que hasta solía pelear consigo mismo. Lo veo sereno, disfrutando de una cerveza artesanal y contemplando el diario trajinar del muelle. Me obsequia, con dedicatoria, el último libro que publicó. Está experimentando desde el punto de vista literario con cuentos muy breves en donde la ironía es el eje de los relatos. Por mi parte le entrego las fotocopias de unos manuscritos sobre crónicas cotidianas que estoy compilando para armar un nuevo libro. Nos preguntamos cuál es la fórmula para terminar haciendo aquello que hemos querido. Coincidimos en que ambos siempre hemos tenido claro a dónde queremos llegar y con una sonrisa compartida brindamos por eso.

Jorge Luis Borges, en un acto público, presentó a Arturo Uslar Pietri con una frase que después se habría de convertir en el título de la entrevista que le hizo Margarita Eskenazi al reconocido hombre de pensamiento venezolano, la cual fue publicada como libro. “Muchos hombres en un solo nombre” es la síntesis de una manera de definir al hombre que se mueve desde varias facetas y llega a ser talentoso en cada una de las mismas. Es una condición inusual, en donde más de una habilidad hace su aparición en un solo ser.

Como si fuese un reflejo, la mente humana tiende a clasificar a los otros. Esa necesidad de clasificación, que es una manera de simplificar la percepción en torno a lo desconocido, suele ser un artificio que funciona como un protector. Al clasificar a las demás personas, nos sentimos reconfortados de haber limitado el campo sensible en relación a las demás personas. Es un infalible mecanismo de defensa que tiende a generar sosiego y sensación de certeza.

Cuando señalamos que fulano es tonto, mengano es malo y perencejo es loco, los estamos ubicando en un lugar negativo en el cual los confinamos para nuestra tranquilidad. Descalificar es un artificio mental que funciona como un sistema defensivo. Esta forma de tipificar también sirve en sentido positivo y señalamos que éste o aquél: “Es buena gente”, lo cual constituye una simplificación de la idea de bondad.

Si alguien no entra en este sistema de confinamiento, se nos hace dificultoso lidiar con él, porque pocas cosas son tan insoportables como la incertidumbre y de manera simultánea y paradójicamente, lo misterioso tiende a ser atractivo. De ahí que para poder vincularse con un par, se requiere por una parte pasar por una especie de filtro para poder ser aceptado y categorizado, pero por otro lado es imprescindible que la máscara con la cual nos presentamos, tenga un halo de impenetrabilidad que genere respeto.

Con los grandes talentos se da un vínculo afectivo y extraordinario en donde necesariamente la envidia hace su aparición en algunos, siendo ineludible minimizar la grandeza de la persona admirable. El hombre público será criticado públicamente y esa crítica se hace desde la minusvalía del apocado. Adler, discípulo de Freud, sostiene que el complejo de inferioridad es el motor de la historia. Con la minusvalía tenemos que lidiar, ya sea en aras de superarnos o para descalificar a lo que se halla por encima de nosotros.

En el infinito juego de máscaras con el cual los seres humanos construimos la convivencia, pocos hombres llegan a tener esta capacidad de ser talentosos en más de una dimensión, lo cual genera mucha dificultad cuando desde la medianía se trata de minimizar a la persona. Ser bueno en algo específico genera contrariedad en algunas almas. Ser bueno para varias cosas tiende a ser una descalificación potencial para quien lleva la mediocridad a cuestas. Recuerdo a un antiguo conocido, hoy en día caído en desgracia, que sufría cada vez que se enteraba del enorme potencial que tenía alguien de su entorno. Colapsaba con la grandeza ajena y se ponía verde con cierta facilidad.

En una trampa retórica que asumo como elemento para poner en su sitio a los otros, creo que hay dos tipos de personas: Las que les rinde la vida y las que no. Le rinde la vida a quien desde sus limitaciones logra tener resultados positivos en las cosas que se propone como metas y no le rinde la vida a quien en el balance de su existencia hay más elementos de carácter negativo que logros como tal.

Haciendo un regreso necesario a las bases de la civilización, siempre nos reencontramos con Platón. Platón fue soldado y crea la academia, lo cual habla de una condición humana infinitesimalmente improbable. Hace de lo filosófico el alma de occidente y trata de conquistar los aspectos posibles de lo humano. En su afán de ser político falla, no una sino dos veces y por poco pierde la vida. Tratar de llegar a un entendimiento con el Tirano de Siracusa de su tiempo fue un acto acrobático de audacia que nos recuerda que la isla de Sicilia es más importante en nuestras vidas de lo que pensamos, lo cual, viniendo de un siciliano es rematadamente redundante.

@perezlopresti

 

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