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¿Qué está en juego para Iván Duque y Colombia en la presión contra Maduro?

 

Colombia es clave en el entramado mundial que se teje ante la crisis venezolana. Pero el tono de su participación en el proceso subió la semana pasada con la reunión entre Iván Duque y Donald Trump. Ahora no sólo es el puente para el ingreso de la ayuda humanitaria internacional a Venezuela, sino que se perfila como el escenario para que EEUU exhiba su poderío militar al redoblar el cerco sobre el régimen de Nicolás Maduro. Son tiempos de decisiones históricas.

Zenaida Amador (ALN)

1- El vecino incómodo

Iván Duque, que en junio cumple el primer año como presidente, ha tenido que lidiar con lo mismo que todo mandatario: los problemas propios de un país, la resistencia a las estrategias para manejar la economía, los típicos juegos políticos internos, y la herencia del proceso de paz con la guerrilla tras más de 50 años de lucha armada. Esto ya es suficiente para hacer cuesta arriba cualquier gestión gubernamental, pero además a Duque le ha tocado convivir con el vecino incómodo que es Venezuela en el paso al autoritarismo del gobierno de Nicolás Maduro.

La crisis multifactorial venezolana lo afecta, hace ruido en la ciudadanía, entorpece los planes y, lo más grave, constituye un riesgo elevado para la estabilidad de Colombia. De allí que, más allá de la cercanía geográfica e histórica que obliga a Colombia a tener un rol activo frente a Venezuela, el gobierno de Duque se ha visto en la necesidad de actuar frontalmente para contener las implicaciones que el régimen de Maduro trae para su país.

La explosión ocurrida en Bogotá a mediados de enero con autoría del ELN ha permitido una cohesión de los colombianos y es precisamente de allí de donde ha podido asirse Duque para lanzar una línea dura y contundente contra la guerrilla y el régimen de Maduro

En los últimos seis años se ha experimentado una contracción de 86% en la actividad comercial con Venezuela. Eso pesa, pero no es lo más grave.

Al cierre de 2018 Colombia registró 1.174.743 venezolanos en su territorio, con todo lo que en general implica un fenómeno de esta naturaleza, pero especialmente en términos de gastos y de estrategias de seguridad para manejar el flujo constante de personas que, en las más recientes oleadas, llegan sin recursos ni documentos, y con problemas nutricionales y de salud que repercuten en las localidades donde se asientan. Esto ha golpeado con fuerza al gobierno de Duque, pero tampoco es lo peor.

El problema de fondo es la vocación antidemocrática del régimen de Nicolás Maduro y la actitud permisiva frente a los grupos irregulares, las redes de tráfico de drogas y de armas, entre otras prácticas ilícitas que usan el territorio venezolano como centro de operaciones y paso hacia otras naciones. Aunque los funcionarios de Maduro descartan estas actividades, hay múltiples indicios que muestran lo contrario.

Esta situación está en el radar de Washington. De allí el cerco que, de manera progresiva, ha venido tendiendo EEUU sobre figuras clave del chavismo vinculadas a estas actividades.

2- La estabilidad en riesgo

La presencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Venezuela es un tema del que todos hablan. Más recientemente se ha denunciado su participación en el proceso ilegal y abrasivo de explotación y extracción de minerales valiosos del sur de Venezuela. Una actividad que el propio régimen de Maduro ha estimulado para evadir las sanciones y el cerco internacional.

“Colombia se ha ofrecido y seguirá ofreciendo su territorio para la llegada de ayuda humanitaria. Impedir su acceso es un crimen de lesa humanidad por parte del dictador Nicolás Maduro”, señaló Duque

“No sólo la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN) está en el negocio del oro, también llegó el grupo terrorista Hezbolá que controla sus propias minas”, ha denunciado el diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela, Américo de Grazia.

La red de extracción, de la que no hay registros ni controles de ningún tipo, termina generando unos recursos a los que es difícil seguirles el paso, pero todo apunta a que sirven de motor financiero para todos los grupos involucrados, fortaleciéndolos y permitiéndoles reacomodarse para seguir adelante con sus prácticas de crimen organizado.

La actitud de los grupos irregulares ante el proceso de paz en Colombia -que Juan Manuel Santos le legó a Duque-, más los recientes hechos terroristas, como la explosión ocurrida en Bogotá a mediados de enero con autoría del ELN, han permitido una cohesión de los colombianos y es precisamente de allí de donde ha podido asirse Duque para lanzar una línea dura y contundente contra la guerrilla y el régimen de Maduro.

Dentro de Colombia la estrategia ha tenido un rédito positivo para Duque en términos de aceptación popular y de capital político, mientras que en el plano externo le ha dado protagonismo entre los gobiernos de la región.

3- Alianza estratégica

Colombia se muestra internacionalmente como un aliado estratégico de EEUU en Suramérica, algo que se fortaleció en la medida en que el país pudo resistir al paso de la expansión socialista que tiñó de rojo el mapa de la región gracias al financiamiento de Venezuela durante la bonanza petrolera.

No en vano Colombia alcanzó el grado de socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, lo que le permite contribuir en las operaciones y misiones de la OTAN.

En esta alianza con EEUU, Colombia ha liderado acciones para cercar al régimen venezolano, es uno de los países que impulsó una causa contra Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional e hizo un reconocimiento inmediato a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.

Además, es el principal puente para el ingreso de la ayuda humanitaria internacional al territorio venezolano pese a la férrea oposición de Maduro, quien ha desplegado sus fuerzas militares en varios puntos fronterizos para mostrar su determinación de impedir el paso de alimentos y medicinas.

“Colombia se ha ofrecido y seguirá ofreciendo su territorio para la llegada de ayuda humanitaria. Impedir su acceso es un crimen de lesa humanidad por parte del dictador Nicolás Maduro”, señaló Duque.

4- La intervención militar

Pero de manifestar su oposición a Maduro a ser parte de una acción de intervención externa sobre Venezuela hay un trecho. Sin embargo, en la reunión que sostuvo Duque esta semana con Donald Trump en Washington hubo señalamientos que elevan la exposición de Colombia de cara a una eventual acción militar estadounidense.

“Nuestros militares (estadounidenses y colombianos) están muy concentrados y trabajando juntos, vamos a ver cómo funciona”, aseguró Trump, quien al ser interrogado sobre la posibilidad de movilizar 5.000 tropas a Colombia se limitó a responder “ya veremos”

“Nuestros militares (estadounidenses y colombianos) están muy concentrados y trabajando juntos, vamos a ver cómo funciona”, aseguró Trump, quien al ser interrogado por la prensa sobre la posibilidad de movilizar 5.000 tropas a Colombia se limitó a responder “ya veremos”, aunque explicó que “siempre” tiene un plan B, C y D en caso de que Maduro se resista a abandonar el poder.

La intervención militar a Venezuela es una parte del discurso de presión de EEUU sobre Maduro, que para muchos es una opción todavía lejana, pero que sí está sobre la mesa. Incluso Juan Guaidó, al ser consultado al respecto, dijo que este “es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario”.

Duque se apresuró a aclarar que no hay intenciones de una intervención militar, “lo que hay es un gran movimiento global por la liberación de Venezuela, lo que hay es un gran deseo de llevar ayuda humanitaria para que tantas personas que están padeciendo todos esos horrores de la dictadura y que están sufriendo hambre puedan salir de esa tragedia”. Según dijo, “Maduro siempre ha tratado de crear el fantasma de intervención militar para ganar legitimidad”.

Pero si la tensión sigue creciendo y finalmente el entramado global hace que EEUU decida mover sus fichas a Colombia le tocará asumir una posición teniendo claro el estigma que significa haber facilitado cualquier acción militar contra el Gobierno de otro país. La trascendencia histórica de los hechos que se suceden hoy es difícil de calibrar y no puede ser desestimado el precio que esto puede tener en la política que a futuro se ejecutará en el hemisferio.

 

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